De Huesca a China gracias a Roldán

Creo que por fin lo he conseguido: hay una forma de unir histórica y culturalmente Huesca, el lugar donde nací, Francia, el país en el que vivo (aunque lo haga muy cerca de Suiza) y China, el país donde viví. Aunque para ello me va a tener que ayudar Italia, que no tiene tanto que ver conmigo pero siempre se agradece su presencia.

Huesca es una ciudad pequeña que está al pie de la Sierra de Guara, una de las cadenas de montañas que separan las tierras bajas y llanas de Aragón del Pirineo. En esa sierra hay un lugar muy conocido por los oscenses, que se puede ver desde la ciudad, llamado el Salto de Roldán.

Escríbase «Salto de Roldán» pero léase «Saltolroldán» si se quiere ser buen oscense.

El nombre del lugar se basa en una leyenda según la cual Roldán (Roland para los franceses), legendario caballero de la corte del rey franco Carlomagno, saltó desde una peña a la otra en una de sus huidas de los moros. Aunque en la historia real parece que quienes más guerra le dieron fueron los vascones, que le vencieron y mataron en la Batalla de Roncesvalles.

¿Qué hacía un caballero franco al sur de los Pirineos? En esa época, zonas del norte de Aragón, de Cataluña y de Navarra estaban parcialmente controladas por Carlomagno bajo la llamada «Marca Hispánica», una serie de territorios vasallos con los que Carlomagno buscaba hacer tapón frente al avance musulmán. Los condados que allí ayudó a crear en la época serían el germen de la futura Corona de Aragón.

El mes pasado, cuando iba en coche de Huesca a Ginebra, paré en Rocamadour, un pueblo muy chulo del interior de Francia, que está construido en un acantilado rocoso, junto a un santuario muy famoso. En ese santuario hay clavada en la piedra una espada que la leyenda dice que es Durandarte, la espada de Roldán. Parece ser que en otra de sus aventuras legendarias acabó tirándola y se clavó allí, en plan Excálibur.

Otras leyendas dicen que la verdadera Durandarte está en el fondo de un lago, pero bueno, leyendas son.

Las hazañas de este caballero, exageradas imagino con el paso del tiempo, se recopilaron en el llamado Cantar de Roldán, uno de los primeros poemas épicos europeos en lenguas derivadas del latín, y que seguramente influyó en el Cantar del Mío Cid. Por ponernos en perspectiva, Roldán vivió en el siglo VIII, su cantar se escribió hacia el siglo XII, y el del Mío Cid surgió a principios del XIII.

Roldán más tarde inspiraría los poemas épicos italianos Orlando Enamorado y Orlando Furioso, de los siglos XV y XVI (Orlando es la forma italiana de Roldán). En la primera de estas obras, Roldán, como bien indica el título, se enamora, pero sus gustos son bien exóticos porque queda prendado de una princesa del Catay llamada Angélica. Catay es la forma en la que entonces se llamaba a China (incluso ahora los rusos llaman a ese país Китай, es decir, «Kitai»).

Angélica, en una versión de Orlando Enamorado moderna y para niños.

Angélica, que la verdad es que no tiene un nombre muy oriental que digamos, había visitado la corte de Carlomagno, en la que Roldán quedó coladito por ella, hasta el punto de seguirla hasta Oriente y batirse en duelo con el emperador mongol Agri Khan para conseguir su mano.

En Italia, el poema de Orlando Enamorado se representa por ejemplo con títeres, sobre todo en Sicilia, donde estos muñecos tienen muchísima tradición (y Sicilia tiene mucha relación histórica con Aragón, por cierto).

Es por eso que cuando el presidente chino, Xi Jinping, visitó en 2019 la isla siciliana fue obsequiado con dos títeres: uno de Angélica y otro de Orlando, el caballero que saltaba montes en Huesca. Et voilà, todos mis mundos unidos.

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