De un Nuevo Berlín a un Nuevo Pekín

En septiembre del pasado año falleció el alemán Albert Speer, que heredó de su padre y de su abuelo tanto el nombre como el oficio de arquitecto y urbanista. Albert Speer III, por aclararnos, era hijo de Albert Speer II, arquitecto oficial de la Alemania de Hitler que también fue ministro de Armamento del régimen nazi. La muerte de Albert Speer nieto fue muy poco recogida por la prensa del pasado año, y eso que algunos titulares de prensa le confundieron con su mucho más famoso padre.

El Speer de la Alemania nazi es un personaje que los aficionados a la Historia conocerán bien. Fue uno de los hombres más cercanos a Hitler, pero al mismo tiempo fue uno de los pocos que se arrepintió de los crímenes cometidos por los nazis durante los Juicios de Nuremberg, evitando con ello la horca (incluso donó secretamente la mayor parte de su patrimonio a organizaciones benéficas judías) y después de cumplir 20 años de prisión por haber sido parte del régimen hitleriano aún vivió muchos años, por lo que fue una figura pública hasta los años 80, a los que llegó vivo.

Este Speer no retomó la arquitectura tras cumplir su condena, por lo que sus trabajos más famosos son los que condujo durante la época nazi (por ejemplo el estadio olímpico de Berlín 36), y en particular su proyecto más conocido, aunque nunca materializado debido a la guerra, fue el de reinventar Berlín con una nueva planificación urbanística de esa ciudad que hubiera incluido cambiarle el nombre por el de “Germania” y convertirla en la gran capital del III Reich ese que iba a durar mil años, una nueva ciudad que superara en gloria a París, Londres o la Antigua Roma. Hace unas semanas, cuando estuve en Berlín, ya me pareció una ciudad muy imperial (su casco histórico está lleno de edificios neoclásicos del siglo XIX, de cuando la boyante Prusia y el naciente Imperio alemán), pero al parecer a Hitler y Speer no les bastaba y querían una capital aún más espectacular, marmórea y grandiosa.

De esa Germania proyectada sólo quedan planos y maquetas, pero se sabe que estaría basada en un gran eje norte-sur (actualmente, creo, el Berlín histórico tiene más bien una disposición este-oeste). Habría arcos de triunfo e imponentes edificios de grandes columnatas y enormes bóvedas.

Maqueta de Germania. Lo de abajo sería una gran estación de tren, y la cúpula de arriba hubiera sido la sede del gobierno del Führer.

Mi relato ha ido del tercer Speer al segundo porque curiosamente el más joven de éstos, el que falleció en 2017, acometió un proyecto muy similar al que su padre soñaba para Berlín en una ciudad muy lejana: Pekín. Sí, lectores, Albert Speer III diseñó una “nueva Pekín” con un gran eje norte-sur que quizá heredó alguna de las ideas que su padre, Albert Speer II, tuvo para la “nueva Berlín” que hubiera surgido en caso de que los nazis hubieran ganado la II Guerra Mundial.

Albert Speer III (los números romanos los estoy poniendo para aclarar un poco el texto, pero no los he visto usados fuera de aquí, que quede claro) fue contratado por las autoridades de Pekín para asesorarles urbanísticamente poco después de que la ciudad fuera elegida como sede de los Juegos Olímpicos de 2008. Speer había ganado ya entonces algo de fama por varios trabajos de modernización de Fráncfort para convertirla en el “Manhattan alemán” y había sido el principal urbanista de la Exposición Universal de Hánover 2000.

Speer III no cambió de arriba abajo Pekín, a la vista está, pero sí que influyó en que la ciudad ahora tenga un eje norte-sur que rivaliza en importancia estratégica al más antiguo y quizá más claro de ver eje este-oeste (el que pasa por la avenida Chang An, una zona de ministerios y enormes calzadas que os describí detalladamente en dos artículos, por si os interesa repasarlos). El eje norte-sur es más simbólico que real, no hay una enorme avenida que lo recorra como sí la hay entre este y oeste, pero sí que hay muchos puntos importantes de la ciudad dignos de recordar, que serían, de norte a sur, los siguientes:

  • El parque olímpico, una enorme extensión arbolada y con lagunas que hay en el extremo norte de la ciudad, no muy conocido pero muy apreciado por runners y amantes de la tranquilidad.
  • La torre olímpica, un alto mirador desde el que se puede admirar una de las mejores vistas de la capital, si el smog lo permite.
  • La zona olímpica, con sus estadios. Allí sí que se puede ver una gran avenida norte-sur, que pasa entre los dos grandes iconos de Pekín 2008, el Nido y el Cubo.

  • El casco antiguo mejor conservado de Pekín, alrededor de la Torre del Tambor y la Torre de la Campana. En los años previos a las Olimpiadas, en los que hubo una especulación inmobiliaria abrumadora en Pekín y se destruyeron hutongs -callejones tradicionales- por doquier, se crearon leyes específicas para proteger esa zona, seguramente como parte del plan para tener un gran eje norte-sur que compaginara pasado histórico con modernidad.
  • La Ciudad Prohibida, el antiguo Palacio Imperial, y al sur la Plaza de Tiananmen, donde el cuerpo embalsamado de Mao Zedong, en el Maosoleo del centro de la plaza, también estaría atravesadito por ese simbólico eje norte-sur
  • La calle Qianmen, antigua avenida comercial en épocas antiguas que quedó algo olvidada a partir del maoísmo y ha intentado recuperarse dándole un aspecto decimonónico pero llenándola de Starbucks y otras tiendas para turistas. No ha tenido mucho éxito entre pequineses y visitantes, pero en China hay un porrón de gente y hasta los lugares menos populares tienen muchas visitas.

En el mismo eje hay tres imponentes torres antiguas de la desaparecida muralla de Pekín (Qianmen, Yongdingmen y Zhengyangmen). Y en el extremo sur de este eje, ya prácticamente en las afueras de la capital (aunque es difícil discernir dónde acaba la enorme y siempre creciente Pekín) se encuentra la nueva Estación Sur para los trenes bala que van a la otra gran ciudad china, Shanghái. Esta estación está un poco escorada hacia el oeste del eje, pero bueno, la consideraré parte de él, porque además en eso se parece al proyecto de Albert Speer II, que también concebía una estación de trenes en el extremo sur de Germania. Ah, en el futuro Pekín tendrá al sur de todo esto su principal aeropuerto, ahora en construcción.

Sería injusto simplificar y decir que Pekín heredó un proyecto de la Alemania nazi. Los chinos también han construido durante siglos pensando en grandes ejes norte-sur y este-oeste para sus ciudades, incluso debe haber algo de milenario feng shui en este tipo de urbanismo. Albert Speer nieto no tiene por qué haber heredado o copiado las ideas de Albert Speer padre, quien tampoco debe olvidarse que fue uno de los pocos exlíderes nazis arrepentidos y redimidos, lo que incluso le valió el apodo de “el nazi bueno”. En todo caso, al menos hay coincidencias, quizá serendípicas, quizá no, que conviene tener en cuenta para que historiadores y arquitectos con más formación que la mía las analicen un día.

Pekín y otras ciudades de China, por otro lado, siguen hoy día emprendiendo proyectos colosales y ambiciosos, a veces fallidos y otras no, que harían la delicias de los arquitectos más egomaníacos y faraónicos de ayer y hoy.

2 Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.