De Uri al urólogo

(Hoy descanso un poco de temática oriental y esto será una especie de «suizochano», espero me disculpen)

Los que me conocen saben que una de mis pasiones en esta vida es viajar, un placer del que este año hemos sido privados casi todos a causa de la pandemoniada. En marzo cancelé un viaje a Bulgaria, pospuse otro a España (que tuve que volver a posponer en junio) y en más de cuatro meses apenas me he movido del pueblo francés en el que vivo, salvando alguna que otra incursión a Ginebra.

Llegó la desescalada y el mundo parecía abrirse lentamente, así que la semana pasada decidí hacer una pequeña excursión, una tímida salida para ir perdiendo el miedo al mundo exterior. Armado con mascarilla, me fui al cantón de Uri, uno de los más «remotos» de Suiza, ideal para practicar el distanciamiento social, pero ese viaje casi que de prueba terminó de la peor manera posible, en urgencias del hospital, aunque no por coronavirus precisamente. Luego os lo cuento.

Cuando digo que Uri es un cantón remoto, exagero un poco, porque toda Suiza está muy bien comunicada, aunque quizá ese lugar sea uno de los menos conocidos, por aquello de que no tiene grandes ciudades (diré, por ejemplo, que hasta llegar allí nunca había visto matrículas de coches de ese cantón, cuando sí es fácil encontrar de casi todos los demás). Se encuentra en el centro del país, donde hay muchos cantones pequeñitos y el mapa de divisiones administrativas se lía un poco. En su parte noroeste linda con el Lago de Lucerna, llamado también el «lago de los cuatro cantones», porque sus serpenteantes orillas las comparten los cantones de Uri, Schwyz, Nidwalden y Lucerna.

Uri podrá ser poco conocido fuera de Suiza, pero para el país es un lugar históricamente muy importante, y por eso fui a visitarlo. Para empezar, en un pueblecito llamado Bürglen, al lado de la capital cantonal, Altdorf, se cree que nació Guillermo Tell, el héroe legendario (no se sabe si existió realmente) de la nación suiza.

Plaza principal de Altdorf, donde pudo ocurrir el célebre episodio de la ballesta y la manzana.

La leyenda cuenta que Tell paseaba junto a su hijo por la vecina Altdorf cuando la zona era gobernada por los Habsburgo (familia de origen suizo también, y que siglos más tarde tendríamos como reyes en España). Las autoridades le ordenaron que les mostrara respeto haciendo una reverencia junto a un sombrero colgado en un palo que representaba al gobernador local. Tell se negó, y ese gobernador, al enterarse, le ordenó la famosa prueba de dispararle a una manzana colocada sobre la cabeza de su hijo. La historia continúa con otros episodios, y finaliza con Tell matando al malvado gobernador, generando así en la zona llamadas a la rebelión y el orgullo patriotero que acabarían desembocando en el nacimiento de Suiza.

No hay ninguna prueba material de que Tell existiera, pero lo que sí es seguro que ocurrió por aquellas épocas medievales en Uri fue el juramento por el que ese territorio, el vecino de Schwyz (que acabó inspirando el nombre del resto del país) y el de Unterwalden (hoy dividido en los cantones de Nidwalden y Obwalden) fundaron en 1291 la confederación suiza. Todos esos lugares se ven también en el anterior trozo de mapa que os he puesto.

Uno de los muchos cuadros (quizá el más horrible de todos) que reflejan ese juramento.

El lugar donde se hizo este juramento es conocido como las praderas de Rütli, y está en el noroeste de Uri, en el lugar donde el Lago de Lucerna gira 90 grados hacia el oeste.

Fui a visitar el lugar, y me sorprendió su austeridad: salvo una placa indicadora no hay apenas nada que recuerde su histórico papel, ni siquiera una mala estatua que fotografiar (aunque tal y como están las cosas este año casi mejor que no haya estatuas).

El sitio en cuestión.

Donde si está destacado este sitio es en el parlamento suizo, donde el hemiciclo está presidido por un cuadro llamado «La Cuna de la Confederación» que muestra una versión idealizada de los campos de Rütli pintada por el artista ginebrino Charles Giron en 1902.

¿Veis parecido con mi foto?

La breve visita a Uri me animó a escarbar un poco en la historia de Suiza, un país que quizá por su pequeño tamaño no tiene quizá hechos históricos realmente memorables, si exceptuamos que ganaron de churro en el Mundial de 2010 a los que a la postre serían los campeones, léase España. Influye en esa «aburrida» historia sobre todo la feliz circunstancia de que los suizos apenas han tenido guerras, ya conocemos todos su famosa neutralidad.

Sin embargo, en sus primeros dos o tres siglos de existencia los suizos guerrearon mucho con pueblos vecinos, incluso se les llegó a considerar la mejor infantería de Europa y ganaron fama de vencer en todas las batallas que libraban (en aquel entonces fue cuando la famosa Guardia Suiza se ganó el prestigio que les llevaría a ser contratados para proteger al Papa). Curiosamente, después de perder en 1515 por primera vez una batalla, contra los franceses en Marignano (norte de Italia), acabaron con siglos de aguerrido belicismo y adoptaron de la noche a la mañana su ahora famoso pacifismo, se ve que las amarguras de la derrota no les gustaron nada.

Conviene señalar que en ese pacifismo hubo al menos un notable paréntesis, ya que los suizos tuvieron en el siglo XIX una guerra civil entre protestantes y católicos. Duró nada más que 26 días, murieron menos de cien personas, pero para evitar que se repitiera hasta un conflicto tan pequeño como ése se reformó el país con una constitución que al país le duró 120 años (para que digan luego que la española de 1978 está ya desfasada).

La excursión a Uri fue interesante y me ayudó a animarme a leer un poco sobre todas estas cosas, pero como os decía al principio el viaje acabó mal, porque en el tren de regreso me dio un cólico de riñón, que si algunos habéis tenido de eso ya sabréis lo doloroso que es (dicen que el dolor supera en intensidad al de un parto o hasta al de un impacto de bala). Pasé el peor viaje en tren de mi vida, y tuve que ir derechito desde la estación hasta el ala de urgencias del Hospital Universitario de Ginebra.

El hospital (en realidad el nombre oficial es Hospitales Universitarios de Ginebra, porque nació de la fusión de varias clínicas y tiene diferentes edificios según especialidades) también tiene cierta relación con la historia suiza, aunque no sé si casual o no, porque está muy cerca de donde uno de mis paisanos más famosos, el médico y pensador oscense Miguel Servet, fue quemado vivo por orden de Calvino, el hombre que impuso el protestantismo en Ginebra. Al lado del hospital hay una estatua en el sitio donde se produjo esa ejecución, junto al que siglos después, no sé si en compensación, se construyó al hospital más importante de la ciudad.

En la placa pone «Villanueva de Aragón» en vez de «Villanueva de Sijena», pero qué le vamos a hacer.

Cabe mencionar que costó bastante poner esta estatua en Ginebra, donde no querían recordar aquel incidente algo controvertido para uno de sus próceres (en España tenemos a Calvino por un fanático religioso y dictatorial, pero en Ginebra es uno de sus principales personajes históricos y hasta hay cervezas con su efigie).

Digo que costó poner la estatua porque una que se había hecho a principios del siglo XX en honor a Servet la rechazaron las autoridades de Ginebra y se tuvo que colocar en la localidad francesa de Annemasse, en las afueras transfronterizas de la ciudad suiza. Sólo décadas después se autorizó a poner la estatua que ahora está al lado del hospital ginebrino, y que es una copia de la de Annemasse. Azarosa vida la de estas estatuas: la original que está en la localidad francesa fue destruida por los nazis durante la Francia de Vichy, y la que hay ahora allí tampoco es la original, sino una reconstrucción de los años 60.

Los Hospitales Universitarios de Ginebra aparecen alguna que otra vez en las noticias porque tienen una sección VIP (no en la que yo estuve, pero también fui excelentemente tratado) a la que suelen acudir por ejemplo controvertidos líderes de países africanos. El año pasado fue ingresado allí, sin ir más lejos, el presidente argelino Abdelaziz Buteflika, antes de dimitir tras 20 años en el poder, y también se hizo una revisión Paul Biya, que lleva casi 40 años de presidente de Camerún. En ambos casos la oposición de su país protagonizó protestas en Ginebra aprovechando que estaban allí.

Bueno, me estoy alargando mucho para contaros lo visto, aprendido y sufrido en tres días, pero es que ha sido mucho tiempo confinado, y encima la primera salida como veis fue muy intensa sobre todo al final. He de aclarar que durante mis horas en el hospital no estuve en la zona donde se tratan pacientes con COVID, si es que queda todavía alguno en Ginebra, que no estoy seguro. Y en todo caso estuve con mascarilla todo el tiempo que pasé ingresado.

Leve, levísimo detalle para enlazar todo este texto con China: para bajar en los primeros momentos de cólico renal el lacerante dolor que sufría me administraron fentanil, un derivado de la morfina que en los últimos años ha sido objeto de las interminables peleas entre Trump y China. En Estados Unidos el fentanil no sólo se usa por motivos médicos, sino que algunos lo utilizan como droga estupefaciente, y ha habido bastantes casos de sobredosis, algunas mortales. Trump, en uno de sus momentos «sujétame el cubata», dijo un día que China estaba inundando el mercado estadounidense de fentanil, que eran poco menos que unos asesinos, y que cortaran ese comercio por lo sano o haría cosas muy malas contra los chinos. Vamos, la canción de siempre, aunque cada semana Donald le cambie la letra.

Vaca con anillaco en la nariz, símbolo de Uri.

4 Comentarios

  1. Lamento la mala suerte de que la primera «escapada» tras el confinamiento fueras a dar a un hospital por un cólico de riñón, una enfermedad de las pocas (mejor ninguna) que pueden ser diagnosticadas por teléfono por el gran dolor que provoca. Deseo que ya estés bien. No es de extrañar que tuvieran que darte fentanilo …

    • Pues sí, es tan fácil de diagnosticar que yo mismo me di cuenta de lo que estaba pasando, pues pese a que nunca lo había sufrido ya imaginé de qué se trataba por lo que había oído de gente que sí había tenido cólicos. Estoy bien, ahora la cuestión es no volver a recaer…

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