Desescalada en las aulas chinas

En España y otros países ya no se habla de otra cosa que de la «desescalada», el gradual proceso de retorno a la normalidad después de dos meses de confinamientos masivos y estados de alarma. Un retorno a la normalidad que, ya hemos escarmentado, tendrá que ser muy lento, porque sigue habiendo riesgo de contagio, y, nunca me cansaré de decirlo, habrá de ser una fase en la que usaremos mascarillas y no podremos aún ser muy efusivos con el prójimo: ni besos, ni estrechamientos de manos, ni tocarnos. Quién nos lo iba a decir a principios de año, pero así es, los humanos tenemos que estar distanciados unos de otros durante una buena temporada.

Los países de Asia, China incluida, son hoy por hoy un espejo de esperanza: ellos sufrieron la epidemia primero, también vieron bajar la curva de contagios antes, y más o menos los vemos como nuestro futuro próximo, esperamos pronto estar como ellos.

En el caso chino, desde hace unos días, no sé exactamente cuántos pero creo que una o dos semanas, se han reabierto muchas escuelas del país y los niños se han reincorporado a las clases, pero ojo, que no han vuelto igual que antes: están en esa famosa «nueva normalidad» de la que tanto se habla, tanto como de la «desescalada». Por supuesto, todos los niños van enmascarados.

Pero en algunos colegios han pensado que la mascarilla no basta para prevenir al maldito coronavirus, y han añadido aún más equipamientos de protección, como en esta aula en las que les han puesto viseras médicas, al menos para la foto del periódico:

Otras aulas del país han optado por convertir los pupitres en cubículos que me recuerdan a mi corta época de teleoperador. Frenan las enfermedades, y de paso el copieteo.

Pero mi aula china favorita estos días es una de Hangzhou que a las mascarillas de rigor ha añadido en los niños unos curiosos sombreros que les ayudan a medir la distancia de seguridad de un metro que necesitan tener con sus compañeros:

Estos sombreros además suponen un retorno a las tradiciones chinas, pues imitan los que los funcionarios del imperio llevaban hace más de mil años, durante la dinastía Song, y que no debían ser nada cómodos a la hora de franquear puertas.

Los niños chinos, en fin, han regresado mal que bien a las clases, después de muchos meses en casa, en los que han pasado un tiempo muy raro, como tantos otros chicos de todo el planeta. A estos niños de China se les pidió en los meses de más dificultad que hicieran dibujos de apoyo a Wuhan, la ciudad más golpeada del país por el coronavirus, con el eslogan ya famoso de este año, «Wuhan jiayou!» («¡ánimo Wuhan!», aunque literalmente traducido sería «¡dale gasolina, Wuhan!»).

De los muchos dibujos infantiles de ánimo a Wuhan que hay circulando por internet estos días me ha gustado mucho uno en el que distintas provincias o ciudades chinas son representadas por cuencos de fideos típicos de esos lugares, mientras que Wuhan queda simbolizada por unos «reganmian», los «fideos secos y calientes» típicos de esa ciudad, que no recuerdo haber probado pero que seguro son muy picantes, como toda la gastronomía de esa zona.

Atentos también al coronavirus detenido con un paraguas…

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