Destrucción y escarmiento

Allá por los años 90, mucho antes de ir a trabajar a China, oí hablar de que en ese país muchas ejecuciones de criminales se hacían públicamente, incluso en estadios. En las décadas siguientes, cuando ya estaba yo allí, no se volvió a informar del asunto: seguramente los chinos ya habían abandonado por la pésima imagen que les daba esta práctica, que no obstante también fue en su momento propia de Occidente, desde las quemas de presuntas brujas en plazas por parte de la Inquisición a las ejecuciones por guillotina en la Concorde durante la Revolución Francesa.

Como si de una evolución políticamente correcta de esta práctica de escarmiento público se tratara, lo que sí persiste en China son los actos de destrucción pública de determinados productos, ya sea porque son falsos, porque han llegado de forma ilegal al país, o por otras razones que el Gobierno quiere dejar claras a sus ciudadanos con esta serie de actos ejemplarizantes.

El más habitual de estos actos de destrucción pública implica DVDs, CDs u otros productos audiovisuales piratas. En diversas partes del país, sobre todo cada 8 de junio (Día Internacional contra la Falsificación y la Piratería), la policía coloca en explanadas montañas de objetos de este tipo decomisados y los hace añicos de distintas formas, tanto para intentar mostrar a la ciudadanía que comprar eso no esta bien como para enseñar a la comunidad internacional su compromiso contra el mercado ilegal de la copia, pese a que otros países le acusen de protegerlo.

Estuve una vez en uno de estos actos, en los que se dispusieron una especie de picadoras gigantes, y los policías iban introduciendo en ellas los artículos pirata, que salían hechos astillas. Me dejaron echar a mí algunos de estos artículos, aunque cuando no me veían me metí unos cuantos en la mochila (no los usé mucho pues estaban rayados).

A veces la policía china considera que estos actos no son lo suficientemente espectaculares y vistosos y recurre a acciones más drásticas, como pasar los discos bajo una apisonadora.

Con el paso de los años y la llegada de muchos avances tecnológicos, desde el MP3 a Netflix, la venta de DVDs y CDs pirata está de capa caída tanto en China como en el resto del mundo, así que estos actos de destrucción al aire libre van perdiéndose, pero las autoridades del país asiático siempre están dispuestas a romper cosas a la vista de todos con el fin de que se extraigan lecciones morales. Hace unos años, por ejemplo, para mostrar tanto dentro como fuera del país que no quería que la gente comerciara con marfil y objetos derivados (China es el principal importador), destruyó cientos de colmillos de elefante en la plaza pública.

A veces lo que China quiere con estos actos es quejarse de que algunos productos del exterior no tienen la suficiente calidad, que otros países no tienen cuidado a la hora de mandarle exportaciones, y curiosamente en dos ocasiones de este tipo España ha sido la “víctima”. Hace años, por ejemplo, la ciudad de Zhengzhou colocó una piscina hinchable en una de sus plazas y vació en ella 13.000 botellas de vino español porque al parecer estaba algo avinagrado. Allí se quedó, ni le pusieron melocotón ni nada.

Años después, en 2016, se destruyeron 20 toneladas de naranjas y limones en Tianjin que habían llegado mal refrigeradas, por temor a que con ellas llegara algún brote de mosca de la fruta. Los cítricos se enterraron en un agujero en la tierra hecho por la ocasión, en una operación en la que trabajaron empleados vestidos casi como si estuvieran limpiando un reactor en Fukushima. Ocurrió en el puerto de Tianjin, un año después de que el mismo lugar sufriera un accidente químico con decenas de muertos del que, cosas que pasan, no hubo tanta imagen pública “ejemplarizante”.

Las destrucciones públicas abarcan muchas otras cosas. Hace cosa de un año, si no recuerdo mal, lo que las autoridades de la provincia de Jiangxi decidieron cargarse a la vista de todos fueron miles de ataúdes (sin cuerpos dentro, tranquilos). La idea era combatir la práctica local de enterrar a los muertos sin incinerar, ya que en China, por lo menos en zonas muy pobladas, es obligatorio que los fallecidos pasen por el crematorio debido a la falta de espacio en los cementerios. Si algo es malo según las autoridades y viene en grandes cantidades, ojo, que puede acabar mal en la plaza pública china.

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