Disney y el problema de los gatos siameses

De sobra sabréis que el pasado año el caso George Floyd y el resurgimiento del movimiento Black Lives Matter trajeron muchas consecuencias sociales y culturales, por ejemplo el revisionismo de estatuas, nombres de calles, o de muchas películas: HBO, por ejemplo, quitó temporalmente de su parrilla Lo que el viento se llevó, porque algunos consideraron que el film promovía valores hoy intolerables.

Siempre he sido muy enemigo de la censura, venga del lado político que venga, y soy mucho más enemigo de los intentos de eliminar lo moralmente incorrecto de películas, libros u otros productos culturales, precisamente porque todos, incluso los más pequeños, deben conocer cara a cara el mal y lo que está mal hecho para poder enfrentarlo y corregirlo. En resumen: defiendo que hay que seguir contando el cuento de Caperucita para que niños y niñas sean precavidos cuando caminen solos por la calle.

Por eso, para mí quien más acertado ha estado en el difícil debate que se planteó el año pasado con supuestos racismos cinematográficos fue la factoría Disney. Con casi cien años de películas a sus espaldas, es natural que muchas de ellas contengan escenas que hoy nos pueden causar un poco de cringe, pero en vez de retirarlas o cortar escenas como si de un censor chino se tratara, lo que Disney ha hecho en algunas de sus producciones ha sido colocar este mensaje al inicio:

Este disclaimer aparece antes del comienzo de películas tan míticas como El libro de la selva, Dumbo o Peter Pan, en las que se muestran personajes que algunos juzgan hoy políticamente incorrectos, aunque para mí algunos sigan siendo míticos (el Rey Louie, los cuervos que toman el pelo a Dumbo, los indios de Nunca Jamás…). En general estos personajes ahora polémicos chocan con los defensores de dos minorías que han tenido durante décadas muchos problemas de convivencia con la sociedad blanca dominante en Estados Unidos: los negros y los indios (o si preferís, afroamericanos y nativos, aunque en español creo que aún no consideramos los dos anteriores términos como peyorativos).

Sin embargo, hay dos casos en los que la minoría a la que se busca dar explicaciones con el mensaje de Disney es la asioamericana, o los asiáticos del mundo en general, teniendo en cuenta el alcance global de la factoría de los sueños, y en ambos casos hay gatos siameses de por medio.

Así ocurre, por ejemplo, en La Dama y el Vagabundo, película de 1955 en la que sale una pareja de gatos siameses que da bastante mal rollito, hay algún instante en el que hasta me dan miedo. Tienen acento raro, los ojos almendrados que tanto molestan a las comunidades asiáticas en los países anglosajones, y maldad fumanchunesca, así que no es de extrañar que hoy día den un poco de cosica.

Quince años después, en Los Aristogatos (1970), aparecía de nuevo un siamés que tocaba un piano con palillos, se ponía un platillo como sombrero cónico, decía «Hong Kong y Shanghai» con acento extraño… Disney también ha querido disculparse por él con su disclaimer inicial.

Por si tenéis dudas, en las películas de Mulan (la de dibujos animados de 1998 y la de personas cárnicas de 2020) Disney no ha considerado necesario ningún mensaje de disculpas, ni para los asiáticos, ni para los gatos, ni para los gatos asiáticos, y eso que había mucho más minutaje para poder cometer «errores» con minorías. En fin, seguro que los abogados de Disney tienen que estar actualmente siempre ojo avizor con estas cosas.

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