Dos plácidos pueblos
y mi febril ciudad

Ya estoy de vuelta en China, con su mierdosa conexión de internet, que ya me debe haber hecho perder un tiempo acumulado de tres años de vida. En fin, antes de despedirme con un «hasta luego» de Corea del Sur, le dedicaré un último post. Hablaré hoy en concreto de dos de sus pueblos más famosos, Yangdong y Hahoe, y sobre todo pondré una buena colección de fotos que tomé en ellos.

Hahoe y Yangdong son Patrimonio de la Humanidad desde 2010, y para los coreanos son los dos pueblos que mejor conservan y resguardan la cultura tradicional del país. Formados por no más de un centenar de casas cada uno (unas con techo de paja, otras con cubiertas de teja muy parecidas a las de los templos de China), surcados por caminos de tierra, huertecillos y arrozales, dan una sensación de paz y tranquilidad rural muy alejada del bullicio y los Hyundais a toda pastilla que dominan Seúl o Busan. Y eso que los visité en un puente festivo coreano, así que se supone que tenían más turistas de lo normal.

Lo bueno de ambos lugares es que, y de esto deberían aprender los chinos, no se han convertido en disneylandias. Sí, tienen alguna tienda de souvenirs, pero no hay montado un negociete en cada casa. La gente de estos pueblos vive como lo ha hecho toda la vida, van en tractor por el camino y tratan al viajero con normalidad. Los pueblos siguen vivos, y no son museos ni parques temáticos. Está claro que hay cierto esfuerzo por no cambiar su aspecto y dejarlo bonito para el que lo visite, pero no se advierte excesiva falsedad o teatralidad en ello. De hecho, en los viajes en autobús por el sur de Corea vi que no sólo en esos pueblos hay casas rurales con arquitectura tradicional, es un tipo de construcción que se mantiene en otros lugares (quizá no tanto las viviendas de tejado de paja, pero sí las de aspecto más «chino»).

De los dos pueblos me gustó más Yangdong, que se encuentra en las afueras de Gyeongju (la ciudad nombrada en el anterior post). Hahoe, que se jacta de haber sido visitado hace más de una década por la reina Isabel II cuando en su viaje oficial al país dijo que quería ir «al lugar más coreano de Corea», me pareció más secarral (pese a que la rodea el meandro de un río), menos verde y un poco más comercializado, aunque aún lejos de los niveles de los pueblos famosos de China.

Y eso que Hahoe tenía un as en la manga para ganarse mi afecto, y es que se encuentra en el término municipal cuyo centro es la ciudad de Andong (en caracteres coreanos es 안동, pero en Corea todos los topónimos conservan también su variante tradicional en chino, que en su caso es 安東). 安東, o 安东 en caracteres chinos simplificados, es mi nombre en chino, así que la ciudad y yo somos tocayos.

Viajé ilusionado por ello a Andong (incluso di mi tarjeta de visita china a varios coreanos de la zona para hacerles ver la casualidad e intentar que me nombrasen alcalde o algo). Pero la Andong coreana, mi Andong querida, me gastó una mala pasada, y es que estando allí me sentó mal la comida, el sol, el frío nocturno o qué se yo el qué, pero lo cierto que me pasé buena parte de la estancia en la cama del hotel, con fiebre y delirios. En fin, se ve que dos Andong en un mismo lugar son demasiado.

Así me quedé (la foto ha sido ligeramente retocada para mejorar mi enfermizo semblante).

Sobreviví, en todo caso, y con Andong y los pueblos tradicionales coreanos finalicé el viaje a Corea del Sur del Sur. Una escapada que os recomiendo para los que vivís en Pekín, por bajo precio de vuelos, cercanía geográfica, presencia de playa y posibilidad de desconectar (desconectar del intolerable servicio de internet chino para disfrutar del surcoreano, quiero decir). Ah, un atractivo adicional es que Japón está a dos o tres horas en barco desde Busan, así que se pueden ver dos países por el precio de uno. Pero en fin, eso lo haremos en otra ocasión.

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