Dos sábados de dolor

El sábado suele ser para muchos el día más relajante de la semana, pero en China los dos últimos han sido más bien de enorme tristeza. El de la semana pasada, 1 de marzo, nos dejaba horribles y ensangrentadas imágenes de viajeros acuchillados en la estación de tren de Kunming. Una ciudad hasta entonces famosa sobre todo por su buen clima y por ser capital de una de las provincias más bellas de China, pero que ahora, al menos durante unos meses o quizá incluso unos años, estará asociada a una tragedia.

De la cobertura de la noticia me ha dolido especialmente una cosa: lo poco que se ha hablado de las víctimas, en los medios chinos también pero sobre todo en los grandes medios internacionales. Quiénes eran (seguramente inmigrantes rurales pobres que viajaban a sus casas), cómo han sufrido sus familiares, cómo van los más de un centenar de heridos que también hubo… Me duele especialmente al ver que, por ejemplo, estos días la prensa española está recordando intensamente el 11-M en su décimo aniversario (otra tragedia que tuvo a estaciones de tren como escenario) y se está volcando en el recuerdo de las víctimas. Entiendo hasta cierto punto lo de que la lejanía geográfica disminuye el interés, o que en China el tema de la muerte es aún más tabú que en Occidente y pocos quieren hablar aquí de los difuntos, pero el anonimato casi total de las víctimas en tragedias como las que ocurren en este lugar es a veces un tanto descorazonador.

En cambio, se ha hablado mucho estos días de Xinjiang (región de la que son originarios los sospechosos del ataque), de la brecha étnica o religiosa allí, del temor de sus habitantes uigures a que les miren peor tras el suceso. Correcto, pero… ¿y los protagonistas de la desgracia, los inocentes que nada tienen que ver con todo eso? Es como si en el 11-M o en el 11-S sólo hubiéramos leído noticias sobre la nacionalidad de los autores de los atentados, para después escuchar un análisis sobre la mala situación que se vivía y vive en sus países… Vale, pero, ¿y la gente inocente que ha muerto? Tampoco es que quiera que sólo se hable de ellos, eso podría significar caer en el amarillismo, pero por lo menos unas palabras de recuerdo deberían merecer…

No siempre es el momento para ciertos tipos de periodismo.

El siguiente sábado, es decir, ayer, dejó una noticia igual de triste y además llena de interrogantes que vaya usted a saber cuánto durarán, la desaparición de un vuelo entre Kuala Lumpur y Pekín con 239 pasajeros y tripulantes a bordo, (unos 150 chinos, entre ellos una veintena de artistas que viajaron a una exposición en Malasia). Ya lo habréis visto todos en las noticias, así que no creo que tenga que explayarme mucho en el suceso.

La angustia se multiplica por el hecho de que el avión, dos días después de su desaparición, no ha sido aún encontrado. La posibilidad más probable, desgraciadamente, es que se haya estrellado en el mar, pero no está confirmado porque los restos de momento no aparecen, y la búsqueda puede ser muy larga (el avión de Air France que cayó al mar en 2009, después de despegar de Brasil, tardó dos años en ser encontrado).

Para colmo, se sabe que algunos de los viajeros en el avión utilizaron pasaportes falsos al embarcar, lo que hace temer que el aparato haya sido víctima de un ataque terrorista, pero, una vez más, esto es sólo una probabilidad aún no confirmada. Esperemos que pronto haya más información para poder pensar, hablar y obrar en consecuencia.

De momento, lo único que relaciona ambas noticias es lo terribles que son y los dos fines de semana tan tristes que han dejado, especialmente en China. La de Kunming, por lo que hemos visto en las fotos. La del avión que partió de Kuala Lumpur, por lo que no podemos ver ni saber todavía, aunque en nuestras mentes bulllan muy negros pensamientos.

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