El año protestón

Como cada fin de año, me enfrento a la tarea de resumir lo más importante que sucedió en China en los últimos 12 meses, aunque esta vez con el hándicap de que éste es el primer año de este siglo en el que no he pasado ni un sólo día en tierras chinas. Todo lo que supe de ellas en los últimos 12 meses lo vi o lo leí desde la distancia, así que quizá mi punto de vista no sea el mejor, yo soy el primero que piensa que las cosas deben contarse desde el sitio en el que ocurren. Quizá sea por eso que en esta ocasión mi lista de noticias va a ser mucho menor que en ocasiones anteriores, aunque también influyó que una de ellas monopolizó la atención todo el año e impidió a los periodistas centrarse en otros asuntos.

De todas maneras, el haber vivido tantos años allí, unido al hecho de tener esta web, me ha servido para seguir vinculado a China, por lo que creo que no se me han escapado los grandes acontecimientos que ocurrieron en ella en 2019. De muchos de ellos hablé y discutí en esta web, y si alguno se me escapó, la sección de comentarios está abierta para que me refresquéis la memoria.

Sin más preámbulos, paso a hacer un resumen sobre lo que China dio de sí en 2019.


INSURRECIONG EN HONG KONG: Sin ninguna duda la gran noticia del año, eclipsando el resto, fueron las masivas protestas en Hong Kong, que comenzaron en marzo (aunque se hicieron masivas en junio) y continúan a día de hoy, sin visos de que finalicen a corto plazo. Iniciadas por una ley de extradición que los hongkoneses vieron como la última gota que colmaba el vaso de las injerencias chinas en la excolonia, y espoleadas por un año en el que la protesta callejera se ha convertido en el gran vehículo del descontento en los cinco continentes, acabaron derivando en una rebelión total, constante semana tras semana y en muchos casos acompañada de violencia, con agresiones de policías a manifestantes pero también entre partidarios y contrarios a las protestas, así como constantes actos de vandalismo e intentos de tomar a la brava desde aeropuertos a campus universitarios. Alimentadas por la desesperanza de muchos jóvenes hongkoneses que no encuentran un trabajo con el que pagar las carísimas viviendas de la ciudad (pero que al mismo tiempo se niegan a buscar curro o casa en la China que tienen al lado) las protestas se han enquistado y han hecho de una ciudad hasta ahora conocida por ser segura y tranquila pese a su enorme tamaño y densidad de población en una especie de Palestina de Extremo Oriente (o peor, que yo este año estuve en Ramallah y la vi tranquilísima). Desde Hong Kong llegaron constantemente por las televisiones y redes sociales episodios de violencia horribles y escenas de vandalismo que uno jamás hubiera imaginado en un lugar que de forma tan modélica y pacífica tuvo en 2014 su 15-M particular, aquella hoy añorada Revolución de los Paraguas. En mi opinión, los hongkoneses tienen todo el derecho del mundo a estar descontentos y temer a China, pero han errado de forma creciente sus métodos para expresar la protesta (violencia, ataque a negocios supuestamente pro-chinos, peticiones de intervención a Trump) y con ello también han conseguido unos efectos funestos: sólo han empeorado la imagen de su ciudad (no la de China, que al optar por no intervenir ha conseguido que todas las críticas se centren en la policía hongkonesa y en la gobernadora local, Carrie Lam). Encima, para el régimen chino el caos en Hong Kong les sirve para legitimarse ante el resto de chinos: «mirad lo que pasa en la parte del territorio donde no tenemos poder pleno, la catástrofe», les vienen a decir, por lo que irónicamente en China este año ha habido menos conflictividad social que en otros anteriores. En cuanto a los jóvenes hongkoneses que siguen rebelados porque no ven un futuro, no sé cómo ese futuro puede mejorar en una ciudad que tenga que pagar millones mensuales para reparar sus desperfectos y que está perdiendo turistas y comercio. Desde mi visión personal y lejana, subjetiva, lo que siento es cada día más tristeza por la violencia que veo en las imágenes que nos llegan, y desolación por ver que una ciudad hasta ahora tan especial, tan vibrante y única, está mandando su porvenir al carajo. Desde que comenzaran las protestas violentas he sentido muy poca simpatía por los manifestantes, y ellos no han ayudado mucho vistiéndose como yihadistas y portando banderas estadounidenses o esteladas.


¿GUERRA COMERCIAL, O TURRA COMERCIAL?: Me niego a explayarme mucho sobre un tema que tiene ya tres años de antigüedad, pues se inició con la llegada de Donald Trump a la presidencia estadounidense en 2017 y continúa cual Día de la Marmota inagotable. Un año más, quintales de noticias calcadas a las del mes anterior: EEUU amenaza hoy con aranceles a China, mañana es lo contrario, pasado dicen que hay un posible acuerdo, al otro reculan… y así hasta que Trump o Xi decidan acabar con este tormento interminable, que no hace más que añadir más incertidumbre a la economía mundial y aumentar los temores a que otra gran recesión se aproxime, aunque quizá los economistas se equivoquen, que no sería la primera vez que pasara. Sí hay que reconocer que este año la guerra tomó un importante giro de tintes tecnológicos cuando Donald Trump intentó hundir a una de las mayores empresas de móviles de China y del mundo, presionando a Google para que cortara toda vinculación con esos populares smartphones chinos. A ojos de unos, un justo castigo para una industria tecnológica china que ha copiado mucho del exterior y podría ser usada como herramienta de espionaje de Pekín. A ojos de otros, una sucia jugada de Estados Unidos por su temor a ser pronto superada en el poderoso sector tecnológico por China, porque ese liberalismo económico que tanto defienden los norteamericanos se acaba cuando a ellos ya no les beneficia.


XINJIANG, ARMA POLÍTICA: Ya en años anteriores se denunció que China estaba recluyendo en auténticos campos de reeducación a cientos de miles de uigures y otros musulmanes del noroeste de su país como gran terapia de choque. Un peligroso experimento social para contestar al avance del yihadismo en la región de Xinjiang, próxima a polvorines como el norte de Pakistán o Afganistán desde los que según Pekín estaban entrando fuerzas peligrosamente desestabilizadoras, y más en un momento en el que el régimen comunista quiere que por esa zona pasen trenes de alta velocidad, autopistas, redes de fibra óptica, oleoductos y otras conexiones con el resto de Asia en su proyecto de las Nuevas Rutas de la Seda. Lo que ha cambiado este año es la ofensiva que Occidente ha lanzado en respuesta: ha llevado el asunto a diversas instancias de las Naciones Unidas (en Ginebra lo he podido comprobar), se ha concedido el Premio Sajarov al famoso intelectual uigur Ilham Tohti (condenado a cadena perpetua desde 2014), Estados Unidos prepara sanciones contra China por su trato a Xinjiang… la publicación a cinco columnas y sincronizada en diversos medios mundiales de supuestos documentos que denunciaban las prácticas chinas, a lo Wikileaks, también ha sido una muestra de la ofensiva occidental ante un asunto que, hay que reconocerlo, constituye una grave violación de los derechos humanos de todo un pueblo, pero no sé si eso es lo que más importa a Occidente. Mi demonio interior me dicta que algunas fuerzas lo que quieren es que el yihadismo deje de mirar a ciudades como París o Londres y vaya a por Pekín o Shanghái, o que el mundo musulmán se solidarice con sus creyentes uigures y corte lazos con China. Si es así, cometen el error de pensar que el mundo musulmán está unido: sólo Turquía, por su parentesco étnico con los uigures, está por ahora dispuesta a levantar la voz por ellos internacionalmente, pero los turcos a su vez son vistos por recelo por otras potencias regionales como Irán, mientras Arabia Saudí no parece muy por la labor de meterse en otro laberinto de amistades y enemistades, pues ya camina por varios.


30 ANIVERSARIO CON FUNERALES: Este año se conmemoró el 30 aniversario de la Matanza de Tiananmen, con la misma combinación que en efemérides anteriores: silencio total del Gobierno chino («por Tiananmen no me viene nada, señora») compensado por una cobertura de la prensa occidental tan intensa como si hubiera ocurrido ayer. Para mí, que viví en China los 15, 20 y 25 años desde Tiananmen, todo esto no es muy novedoso, pero en 2019 hubo dos hechos muy destacables en relación con aquella triste matanza. El primero fue la muerte, el 22 de julio, de Li Peng, primer ministro chino en 1989 y considerado por muchos como la persona que dio la orden de reprimir a tiro limpio a los manifestantes, lo que le valió para el resto de su vida el apodo de «carnicero de Tiananmen». Sin embargo, tras su muerte hubo muchos que matizaron esto y dijeron que Li se había llevado todas las culpas para así exculpar al «bonachón» Deng Xiaoping, cuya imagen no se vio apenas perjudicada por los hechos de junio de 1989, pese a que era el que más poder concentraba entonces y es imposible que se ordenara la represión sin su visto bueno. El otro hecho destacable no fue una muerte, pero sí algo parecido, relacionado con el que fuera secretario general del Partido Comunista en 1989, Zhao Ziyang, quien cayó en desgracia por reunirse entonces en la plaza de Tiananmen con los estudiantes y mostrarles apoyo. Zhao falleció en 2005 y el Gobierno no permitió que fuera enterrado en el cementerio de líderes comunistas de Babaoshan, en las afueras de Pekín, para desagrado de su familia. Durante casi 15 años la familia guardó las cenizas en su casa e intentó negociar con las autoridades que fueran enterradas en Babaoshan, pero no hubo manera, así que finalmente las llevaron a otro cementerio menos simbólico en la capital china, pocos días antes de que en España viviéramos todo el lío de la exhumación de Franco. Un hecho de alto valor simbólico, que mostró que el régimen comunista a veces no es fácil ni para los propios líderes comunistas.


LOS CHINOS MATARON A KENNY: La tensión Pekín-Washington, que creció en 2019 y es de esperar que siga creciendo a medida que la economía china se vaya acercando a la estadounidense en tamaño, tuvo inesperadas víctimas colaterales este año, como la NBA o la serie televisiva South Park. En el caso de la liga de baloncesto, todo empezó porque un directivo de los Houston Rockets (hasta entonces uno de los equipos favoritos de los chinos, pues en él militó Yao Ming) publicó en redes sociales un mensaje de apoyo a las protestas de Hong Kong. La respuesta de los chinos no se hizo esperar: amenazas con no emitir partidos de la NBA en China (un mercado muy importante para la liga estadounidense), rupturas de contratos, llamadas al boicot… La NBA tuvo que bajarse los pantalones y pedir perdón, lo que calmó las cosas. Quien no pidió mucho perdón, porque su intención siempre ha sido la de provocar a todos, fue la irreverente serie animada South Park, que dedicó un episodio a China y a las empresas estadounidenses que como Google se autocensuraban para intentar entrar en ese mercado. La verdad es que South Park ya se había metido con China (y con Estados Unidos, y con Europa, y con todo) muchas veces, pero quizá este año no pilló con el mejor humor al Gobierno chino, y éste hizo lo que suele hacer en estos casos, bloquear el acceso a esta serie en todas las televisiones y ordenadores de China, o al menos aquellos que no usen VPN.


CHINA EN LA LUNA OSCURA: Con tantas malas noticias como hemos visto hasta ahora, creo que es bueno darse un descanso y recordar que el programa espacial chino dio un gran paso de gigante a principios de este año, cuando convirtió al país en el primero del mundo en posar un artefacto espacial en la cara oculta de la Luna con vistas a explorarla, porque pese a su relativa cercanía esa zona sigue siendo para nosotros una gran desconocida y quién sabe, a lo mejor está poblada por los Jetsons.


MÁS ORO EN ASIA: La selección masculina de baloncesto logró en Pekín, ante Argentina, el segundo Mundial de su historia, 13 años después de conseguir el primero también en Extremo Oriente (Japón 2006). Estados Unidos, una vez más sin sus mejores NBAs (no creo que pesaran los problemas antes mencionados, sino el gran poder de los clubes para que sus estrellas no sean convocadas) cayó en cuartos ante Francia, el 11 de septiembre, y con ello firmó su peor resultado histórico en un Mundial de basquet. Dudo que el público chino se sintiera muy apenado por ello.


OTRO ANIVERSARIO GAFE: China celebraba en 2019 setenta años de régimen comunista, y como en aniversarios anteriores la efeméride conllevó un gran desfile (primero de carrozas festivas, luego de carros de combate con menos ganas de fiesta) en la avenida pequinesa de Changan. Es curioso: la mayoría de las fotos que se publicaron de aquel desfile mostraban a mujeres soldado, qué cosas en estos tiempos de paridades. Pero a China los aniversarios, o los años que terminan en nueve, nunca le han traído suerte: en 1989 no hubo mucho que celebrar, en 1999 China y Estados Unidos casi llegan a las manos por el bombardeo de la OTAN a la embajada china de Belgrado, en 2009 hubo revueltas uigures, en 2019 hongkonesas… pese a todo, Pekín intentó olvidar las muchas penas del año por un día y el primero de octubre se vistió de fiesta para recordar que el régimen es ya septuagenario y está a sólo cinco años de superar al régimen soviético en cuanto a duración histórica. Aprovechando la proximidad del aniversario, Pekín inauguró pocos días antes su nuevo aeropuerto de Daxing, obra póstuma de la arquitecta Zaha Hadid y con el que la ciudad aspira a ser en pocos años líder mundial en número de pasajeros.


ARCOÍRIS FORMOSO: Permitidme que cruce el estrecho de Formosa para hablar de Taiwán, pese a su independencia de facto del resto de China, porque creo que merece la pena recordar que la isla se convirtió en verano en el primer lugar de toda Asia donde las personas del mismo sexo se pueden casar, todo un ejemplo de avance social con el que el Gobierno taiwanés se apuntó un tanto en su imagen internacional con el que quizá pudo compensar los reveses diplomáticos que sufre desde que su Gobierno no es del agrado de Pekín (los independentistas de Tsai Ing-wen, en la presidencia desde 2016). En cuatro años la isla ha perdido seis aliados diplomáticos (Estados que reconocen como Estado a Taiwán y no a China), y de 21 ha pasado a tan sólo 15. Este año China llevó su ofensiva a las Islas del Pacífico y logró que dos gobiernos de Oceanía, Kiribati y las Islas Salomón, rompieran con Taipei para abrir embajadas en Pekin.


OTRO FATAL HORÓSCOPO: De la misma manera que a China no le sienta bien celebrar aniversarios, a los animales del horóscopo chino les va fatal en los años dedicados a ellos: en los años del gallo suele haber gripe aviar, en los del perro epidemias de rabia… en 2019 tocaba Año del Cerdo, y se veía venir: sobre la enorme población cochina de China, de más de 400 millones de cabezas, se extendió una grave epidemia de peste porcina africana que ha matado a millones de ejemplares. Algunos advierten que la enfermedad podría acabar con la mitad de los cerdos de China, un marranicidio inmenso que ha desestabilizado los precios mundiales de la carne. De todos modos, la ONU nos dijo este año que comiéramos menos carne en general para contribuir a la lucha contra el cambio climático, así que a lo mejor de este mal sacamos un bien, ¿verdad, Greta? Hablando de comida, conviene mencionar que este año China logró que uno de sus expertos, Qu Dongyu, fuera elegido director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO. Es uno de los puestos de mayor responsabilidad que China ha conseguido por el momento en la ONU, aunque me da que pronto llegarán más.


UNA FOTO DE ALTURA: Fue sin duda alguna una de las imágenes del año, y aunque fue tomada en Nepal, el Everest es una montaña compartida por chinos y nepalíes, así que creo que no sobra mencionarlo aquí. El montañero sherpa Nirmal Purja fotografió una inmensa y ridícula hilera de escaladores haciendo cola para hacer cima en el Techo del Mundo como si de una mañana de lanzamiento del último iPhone se tratara, y con ello consiguió denunciar de la mejor manera posible el nivel de absurdidad al que se ha llegado en el montañismo moderno, porque además estas largas colas en un lugar tan peligroso no hacen sino poner en riesgo la vida de mucha gente. Tras esta imagen Nepal prometió ser más estricto con los permisos de ascenso al Everest (aunque no sé si ha servido de mucho), y Nirmal Purja, además de llevar su foto a las portadas de medio mundo, se convirtió poco después en el hombre que ha conseguido ascender más rápidamente los 14 ochomiles que hay en la Tierra, pues los subió en seis meses. Irónicamente, estas carreras por ascender ochomiles también han influido en la masificación que se ve en montañas como el Everest, pero bueno, hay que aplaudir su hazaña, siempre que no la intenten repetir 60.000 personas en el próximo fin de semana.


CIENCIA FICCIÓN, CIENCIA REAL: En el mundo actual el espectáculo es lo primero, y dentro del espectáculo Netflix se ha convertido en el rey, hablando de tú a tú a Hollywood. Por eso creo que es importante recordar que en 2019 una de las primeras superproducciones chinas de ciencia ficción, La Tierra Errante, se vendió a la plataforma después de convertirse en un megaéxito en las salas del país asiático. La película deja mucho que desear y los chinos tienen que ponerse las pilas si quieren tener su propio Star Wars, pero por algo se empieza. De todos modos, para ciencia ficción la noticia que nos llegaba este año desde Pekín, contando que una empresa de ingeniería genética había clonado un gato para sustituir a un primer felino que tras su muerte había dejado muy apenado a su dueño, dispuesto a pagar lo que fuera por tener otra mascota casi igual (también podría haberlo enterrado en un cementerio indio a lo Stephen King, pero quizá este método fuera menos fiable). Lo impresionante de la noticia no fue sólo conocer que una empresa china ya sea capaz de clonar un minino, sino saber que llevaba ya tiempo haciendo lo mismo con perros. Si es que Black Mirror a veces parece una serie de época…


Eso fue más o menos lo más gordo que ocurrió en China en este santo año, en el que además se encontró un panda albino en plan Copito de Nieve, o en Pekín se cerró la mítica librería Bookworm, que durante años fue un bastión de libres debates que cada vez se echan más en falta en China. Han sido 12 meses difíciles para el país más poblado del mundo y segunda potencia mundial, aunque para un país tan grande y crecientemente influyente como es creo que ya nunca más habrá años fáciles, si es que alguna vez los hubo.

Llega ahora el año 2020, que no sabemos si será el inicio de unos «felices veinte» para China y otros países, o traerá más de lo mismo, esa sensación de miedo constante (¿a una nueva crisis económica, climática, al ascenso del fascismo, del comunismo…?) que nos invade o mejor dicho, que nos intentan meter en los telediarios. El 2020 estará presidido en el horóscopo chino por la Rata, y la anterior vez que así fue, en 2008, para China fue un año intenso tanto en desgracias (terremotos, revueltas tibetanas) como en alegrías (Juegos Olímpicos). Veamos lo que nos espera.

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