El disputado voto del Panchen Lama

Organizaciones tibetanas en el exilio conmemoran estos días el 25 aniversario de la desaparición del Panchen Lama, el «número dos» del budismo tibetano, cuyo paradero es uno de los grandes misterios de la China actual. Recordemos un poco esta historia y la de anteriores Panchen Lamas, porque este cargo ha sido siempre muy complicado para la historia del Tíbet.

El Panchen Lama es un cargo político-religioso tibetano que existe desde el siglo XVII, cuando el Dalai Lama de entonces le dio ese título a uno de sus tutores y, a título póstumo, a tres monjes de generaciones anteriores. Desde entonces, el Panchen Lama es entre otras cosas uno de los principales encargados de buscar la reencarnación del Dalai Lama cuando éste fallece. Del mismo modo, el Dalai Lama ha de encontrar un niño que sea la encarnación del Panchen Lama cuando éste deja nuestro mundo. Una compleja «división de poderes», salvando las muchas distancias con las democracias occidentales, en la que también hay otros importantes lamas que hoy no nombraremos.

Mientras el Dalai Lama suele tener su domicilio en el Palacio Potala de Lhasa, el Panchen Lama vive en el más pequeño pero también imponente monasterio de la ciudad de Shigatse, al sur del Tíbet, no muy lejos de las faldas del Everest, la montaña que los tibetanos llaman Qomolangma.

En principio el Dalai Lama era la máxima autoridad espiritual y en algunos momentos de la historia también política en el Tíbet, y el Panchen Lama era una especie de número dos, pero la relación entre ambas figuras no siempre ha sido fácil, porque el poder religioso es tan codiciado como el político, y además China, tanto en la época imperial como en las posteriores, intentó a veces ganarse los favores de uno para contrarrestar al otro.

Esto se pudo ver, por ejemplo, en los años 20 del siglo pasado, cuando el Dalai Lama de entonces (el decimotercero de la estirpe, el actual es el decimocuarto) expulsó del Tíbet al noveno Panchen Lama por las disputas internas entre ambos, así que este último se refugió en la región china de Mongolia Interior, desde donde se convirtió en un importante aliado político del Gobierno de la entonces República de China.

Noveno Panchen Lama (1883-1937). He optado por no poner su nombre tibetano y el de muchos otros nombrados hoy, pues son un poco complicados de memorizar para nuestras pobres mentes occidentales.

A su muerte en 1937, se produjo una situación que se repetiría medio siglo después: el Dalai Lama (o su entorno, pues creo que el actual Dalai aún era demasiado niño para intrigas) escogió un chiquillo para ser el nuevo Panchen Lama, mientras que el entorno del Panchen Lama fallecido, con apoyo de la República de China, eligió otro. Eran ya tiempos muy difíciles para los chinos, por la invasión japonesa y la posterior guerra civil, así que el décimo Panchen Lama «prochino», con apenas 11 o 12 años, jugó sus cartas en el río revuelto dando su apoyo a los comunistas de Mao poco antes de que éstos ganaran la guerra civil. No mucho después ocuparían militarmente el Tíbet en los años 50, década que terminaría con el exilio a la India del Dalai Lama, que continúa hasta hoy.

Décimo Panchen Lama (1938-1989).

Aunque este Panchen fue al principio bastante condescendiente con el régimen comunista, con el tiempo comenzó a criticar algunos abusos del Gobierno chino en el Tíbet, lo que le valió en los años 60 detenciones y actos de humillación pública típicos de la Revolución Cultural.

Éste es sin embargo un poco anterior a esa revolución, de 1964, y pese a la mala calidad de la imagen, es estremecedor: los dedos acusadores, su semblante cabizbajo, la foto de Mao detrás a modo de inquietante testigo simbólico…

Y así llegamos al undécimo Panchen Lama, con el que siguieron las intrigas políticas: tras la muerte del décimo en 1989, se comenzó a buscar un niño nacido en ese mismo año (supuesta reencarnación del fallecido) que tomara el cargo de Panchen. El Dalai Lama actual, desde la India y ya con un Nobel de la Paz en sus vitrinas, anunció en 1995 que había encontrado un sucesor, un niño de seis años llamado Gedhun Choekyi Nyima (de éste si vamos a poner el nombre pues es el que se homenajea estos días). El Dalai Lama anunció su decisión el 14 de mayo de 1995:  desde el 17 de mayo de ese año no se ha vuelto a ver públicamente al niño, que hoy debería ser un hombre de 31 años, aunque se desconoce su paradero y si sigue vivo.

Arriba a la izquierda, una de las pocas fotos del niño desaparecido. Las otras imágenes, publicadas por el exilio tibetano, muestran retratos forenses de cómo se piensa que podría haber sido Gedhun con 10, 26 y 30 años.

Por su parte, el Gobierno chino, junto a religiosos tibetanos desligados del actual Dalai Lama y del anterior Panchen Lama, eligió en noviembre de 1995 a otro niño como undécimo Panchen, cargo que desde entonces ostenta el ahora treintañero Gyaincain Norbu, no reconocido por los tibetanos en el exilio y que, hay que reconocerlo, cada vez que habla públicamente parece una máquina de soltar proclamas comunistas, el pobrecillo. Su papel podría ser importantísimo cuando, esperemos que lo más tarde posible, fallezca el actual Dalai Lama y haya que escoger uno nuevo. Seguramente habrá un Dalai Lama «prochino» y otro «proexilio», salvo que ambas partes consigan consensuar un único Dalai, cosa que se antoja complicada.

En Pekín es fácil verle cada mes de marzo, en las reuniones políticas de los poderes legislativo y consultivo (pospuestas este año por el puto coronavirus).

Y esta es una resumida historia de la complicada figura del Panchen Lama, importante en la no menos compleja política tibetana, siempre interconectada con la religión y siempre bajo la poderosa sombra de China. De Gedhun Choekyi Nyima se dijo durante muchos años que era el preso político más joven del mundo, aunque ahora con 31 años no creo que lo sea ya. En el 25 aniversario de su desaparición, decenas de organizaciones protibetanas han recordado su caso y han pedido a la ONU que interceda por él. Con una imagen en este sentido me despido, que además muestra la puerta de mi lugar de trabajo: tras dos meses de confinamiento ya la voy echando de menos.

2 Comentarios

  1. Me alegro! No es un tema fácil con esos nombres tan complicados para nosotros, a lo que se unen mil intrigas, pero intenté explicarlo un poco a los demás y de paso a mí mismo.

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