El Ikea ancestral

El retrato que acaba de encabezar este post es una imagen recreada de Lu Ban, un artesano chino que vivió hace 2.500 años y que es una especie de dios protector de los carpinteros y los constructores de China. Se le atribuyen numerosos inventos, aunque el más conocido de todos son las cometas. De ahí que en Shandong, su provincia natal -donde cada año hay una convención de miles de cometas en la ciudad de Weifang- haya una estatua en su honor en la que parece volar cual hombre pájaro.

En recuerdo a esta especie de protector de los carpinteros chinos, allá por el siglo XV se tituló con el nombre de “Lu Ban Jing” (“Clásico de Lu Ban”) un manual para carpinteros que recogía saberes de este gremio muy antiguos. El manual incluye una parte sobre cómo construir muebles y otra sobre cómo edificar casas, corrales y otros recintos en madera. No es el único tratado sobre cómo construir casas que hay en la China clásica, pero sí el único en el que se enseña a construir muebles.

Ese carácter único, unido a las muchas supersticiones que había en la antigua China, atribuyó a este manual un halo casi sagrado, o sin el casi. En torno a él había muchos rituales: en unas zonas de China, por ejemplo, el carpintero tenía que bañarse -cosa que ni él ni nadie debían hacer todos los días en épocas sin agua corriente-, quemar incienso y hacer un sacrificio antes de poder abrirlo tras comprarlo, porque si no decía la leyenda que no entendería una palabra de su interior. En otras partes del país, el librero que lo vendía, al entregárselo al comprador, no podía mirarle a la cara, por similares razones. Y también se decía que antes de consultar el libro el lector debía hacer una fechoría (aunque valía con una muy pequeña, por ejemplo romper una hierbecita, que es lo que los carpinteros solían hacer).

Sabiendo todo esto, no extrañará saber que el interior del libro no sólo contenía instrucciones técnicas sobre cómo serrar, clavar o encajar tablas, sino que también había una muy detallada serie de sortilegios que los carpinteros podían hacer para bendecir o maldecir una casa (el uso de esta magia era más común al construir grandes cosas, no tanto para una mesilla o una caseta de pájaros). Para hacer una casa en China, hacían falta carpinteros, un geomante (que sabía de feng shui y decía dónde y cuándo construir, cómo orientar, etc), y curiosamente tanto ellos como el cliente que necesitaba vivienda nueva contaban con sus propios libros para hacer magia y neutralizar las de los otros “rivales” en ese proceso de construcción. Como veis, las pesadillas a la hora de hacer reformas en el piso no son para nada algo contemporáneo.

PD: Estas y otras muchas cosas sobre carpinteria y construcción en la antigua China las podéis leer en el libro “Carpintería y Construcción en la China Imperial Tardía”, del sinólogo Klaus Ruitenbeek. Se pueden leer los capítulos iniciales de este estudio (que incluye en su interior el mismo Lu Ban Jing, como se ve en la anterior ilustración de este post) en este enlace.

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