El juego de Attari

Hoy, para variar, otro paréntesis indio a esta web sobre China, que a veces me da por ahí.

Atari (con una t) es la empresa que en los 70 y 80 fabricó pioneros videojuegos con los que hoy no se entretendría ni un nene de teta. Attari (con dos letras t) es la localidad de la India más cercana al más famoso paso fronterizo entre ese país y Pakistán, un lugar donde cada tarde soldados indios y paquistaníes también se dedican a un curioso juego al que pude asistir a principios de este año, durante mi segundo viaje a la India.

India y Pakistán se llevan mal desde que ambos países nacieron en 1947, se apuntan mutuamente con cabezas nucleares y su larga frontera de 3.000 kilómetros sólo puede cruzarse legalmente por unos pocos puntos, el principal de ellos el cercano a Attari. Allí, cada puesta de sol, se celebra una ceremonia de cierre de puertas fronterizas muy digna de ver, y de hecho muy turística, pese a que el lugar sea militar y estratégicamente sensible.

Desde la India, que es el lado donde vi yo ese espectáculo, salen a diario decenas de autobuses desde la ciudad de Amritsar, en el Punjab indio (al otro lado de la frontera está el Punjab paquistaní, ya que a los pobres sikhs punjabíes les partieron la tierra en dos con la división indio-paquistaní). Una vez llegados a Attari, hay que caminar un poco hasta las puertas de la frontera en las que se celebra la ceremonia.

Un camino en el que los turistas locales, muchos más que extranjeros, se van preparando para “defender” a su país en la ceremonia, como si de una guerra o más bien de un partido de fútbol internacional se tratase: compran banderitas de su país, gorras con los colores nacionales, o se maquillan la cara con ellos.

Al llegar a las puertas, hay unas enormes gradas para el público, tanto en la parte india como en la paquistaní, donde el día en el que yo fui había algo menos de gente que en el lado indio, pero también había bastante animación. Esa animación la provocan también altavoces con música al máximo volumen, tanto en el lado indio como en el paquistaní, luchando cada uno por imponer su sonido sobre el del otro bando (ninguno lo consigue, y en cambio el resultado es un ensordecedor dúo de música bollywoodiense que puede llegar a enloquecer al que no esté acostumbrado a la ruidosa India).

Público en la parte paquistaní, a apenas una decena de metros de las gradas indias.

Mientras se espera en las gradas, es un buen momento para comparar India y Pakistán, aunque sea de forma muy superficial y sin realmente pisar el otro lado… Tanto indios como paquistaníes tienen un aspecto físico muy similar, no los podrías diferenciar, pero quizá los paquistaníes sean más tranquilos y estén más serios en las gradas que los indios, que aparentan un aire más festivo. En la parte de Pakistán los hombres están totalmente separados de las mujeres, que llevan en muchos casos velo cubriendo su pelo (aunque no todas). En la parte india hay más mezcla de sexos en las gradas, hay incluso mujeres soldado en la ceremonia, y a la mujer se le dio el día que yo fui incluso cierto papel protagónico en un momento de la ceremonia en el que decenas de mujeres llevaron con sus manos una gran bandera india y bailaron alrededor de ella.

Mujeres paquistaníes asistiendo a la ceremonia.

Sin embargo sí diré en favor de Pakistán en esa especie de “derby” fronterizo que la parte de su frontera parecía más cuidada que la de India. Mientras en nuestro lado había un montón de andamios, obras polvorientas y la cosa parecía un poco manga por hombro (no sé si es que están preparando unas gradas aún más grandes para seguir ganando por superioridad de público a los paquistaníes), en la zona de Pakistán se veía a lo lejos un jardín muy cuidado y verde. También una puerta presidida por el retrato de Ali Jinnah, para los paquistaníes el padre de su patria (y para los indios el culpable de que se dividiera su subcontinente).

Tras un buen rato de música ensordecedora, comenzó la ceremonia, en la que los soldados indios y paquistaníes acudían a las puertas para cerrarlas. Lo hacen cada tarde siguiendo unas coreografías que son sorprendentemente parecidas tanto en un lado como en el otro de la frontera, lo que hace pensar que en el fondo estos países “irreconciliables” tienen mucho en común. Hasta sus trajes de gala en la ceremonia son parecidos, coronados por turbantes con grandes penachos que en el caso indio son rojos y en el paquistaní son negros.

La ceremonia es corta pero intensa: los soldados de cada país, muy altos, barbudos los paquistaníes y bigotudos los indios, caminan con paso como cabreado hacia la puerta fronteriza, y cuando están a punto de llegar al otro país, lanzan la pierna como dando una patada al aire de la nación vecina, haciendo gestos desafiantes y un poco insolentes con el puño o con la cabeza. Es todo una pantomima teatral -perro ladrador, poco mordedor-, pero el público realmente lo vive con intensidad, con una mezcla de orgullo patrio y burla al país vecino.

Para añadir más excentricidad a la situación, tanto indios como paquistaníes cuentan con sendos animadores que, micrófono en mano, arengan a sus respectivos públicos para que aplaudan, coreen consignas a favor de sus patrias… bueno, o eso me imagino, espero que no incluyeran insultos al país vecino, aunque con la pasión que le ponían al asunto todo es posible. Vale la pena recordar que la lengua franca de los indios es el hindí y la de los paquistaníes el urdú, y que son prácticamente la misma lengua sólo que escrita con caracteres árabes en la parte paquistaní y caracteres procedentes del sánscrito en la parte india. Otro punto de contradictorias similitudes/diferencias.

El animador de los paquistaníes, muy metido en su papel.

En la ceremonia, afortunademente, la sangre no llega al río, los públicos se lo toman más a broma que otra cosa y cuando todo termina regresan tranquilos por donde han venido, comprando y comiendo algún snack callejero a los vendedores que antes les han ofrecido banderitas. Un espectáculo único en el mundo.

PD: La zona está fuertemente vigilada, obviamente, y si eres extranjero te piden el pasaporte cuatro o cinco veces antes de llegar a las gradas. Tonto de mí, me olvidé el pasaporte en el hotel, pero en cada control de documentación, pese a que pusieron un poco de mala cara, acabaron dejándome pasar. En China no habría superado ni el primer puesto de seguridad, estoy seguro.

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