El largo y penoso camino a la cumbre del monte Hua

Subir montañas sagradas o históricas de China es una interesantísima experiencia. No se parece mucho al montañismo que practicamos en Occidente: para empezar hay que pagar entrada para subirlas, luego casi todo el ascenso tiene escalones esculpidos para hacerlo más fácil, y en el camino nos encontraremos templos budistas o taoístas -según en qué montaña estemos- así como restaurantes humildes en los que venden tentempiés para hacer más llevadera la subida (el tentempié estrella es el pepino mojado). Los precios suelen ser algo más caros de lo habitual, porque te cobran un pequeño plus para los porteadores que duramente abastecen cada día estos establecimientos subiendo y bajando sin parar estos montes.

Hacía años que no subía una de estas montañas sagradas. Empecé con Taishan, allá por 2002, y más tarde subí Huangshan, Changbaishan, Qingchengshan… también he estado en otros famosos montes llegando a ellos por carretera, sin ascender peldaños: Lushan, Wutaishan, Jiuhuashan… A estas alturas incluso los que no sepáis chino ya habréis deducido que “shan” en chino significa “montaña”.

Me faltaba, de entre las más famosas, Huashan, cerca de Xian, con fama de ser la más difícil y peligrosa de todas. La ascendí este lunes, y hoy os escribo de ella con unas agujetas en los abductores que casi me impiden caminar.

Huashan es un macizo de cuatro cumbres bautizadas con los cuatro puntos cardinales (podríamos considerar un quinto pico central, aunque es poquita cosa) que impone nada más bajarse de la estación de tren más cercana. Una estación de trenes bala que, por cierto, te lleva directamente desde allí a Pekín en cuatro horas, menuda comodidad.

El ascenso y circuito por todos los picos tiene unos 12 kilómetros de distancia y para hacerlo completo creo que se necesitan al menos seis horas, aunque yo me paré mucho entre pepinería y pepinería y me costó unas 10. Subir no me pareció excesivamente duro pese a todo ese tiempo empleado: lo que sí fue un verdadero suplicio fue bajar al día siguiente con las piernas ya cansadas del ascenso, sintiendo gran dolor en todos los músculos de las patas por la fuerza que se ha de hacer al frenar en las pendientes. Se me hizo eterno.

En el comienzo del camino: realismo socialista reconvertido para homenajear a los turistas, como nuevos soldados revolucionarios.

Como decía, Huashan tiene fama de dura y peligrosa, aunque creo que tampoco es para tanto. Sí que hay algunos tramos casi verticales, en los que te tienes que ayudar de cadenas a modo de barandillas, pero incluso allí hay escalones y suele haber una escalera alternativa más sencilla en muchos de estos casos. Sólo hay un par de lugares donde te piden que lleves arneses de seguridad, pero son rutas opcionales, y no hay que ser un escalador profesional para tomarlas, sólo ir con cuidado.

El largo camino y el supuesto peligro son compensados por un paisaje espectacular, de peñas y pinos que quizá no es tan alucinante como el de Huangshan (tal vez la montaña más bonita de China, junto a las de Zhangjiajie) pero que casi le alcanzan en alucine. Tuve la suerte de que el día de mi ascenso estaba nublado y la jornada siguiente de descenso fue soleada, así que pude contemplar la montaña de estas dos guisas.

En las dos fotos, el famoso “pabellón del ajedrez”, al que hay que llegar bajando con arneses.

El camino, como en otros montes famosos de China, está sembrado de candados y cintas rojas que los visitantes dejan allí como recuerdo y quizá a modo de promesa de que volverán por allí a ver si su cerrojo continúa en el lugar (aunque ya os digo yo que vi muchos oxidados, tirados por el suelo y prestos a ser recogidos por los responsables de limpieza).

Como en otras montañas chinas, te encuentras por los senderos a los porteadores que según os decía antes se dedican a abastecer tiendas y restaurantes. Muchos van cantando melodías tradicionales para hacer más llevadera la travesía. Y uno al que fotografié, y que os muestro tras este párrafo, pedía dinero mientras cantaba y lo hacía de forma muy modernizada, porque si os fijáis bien en el suelo colocó un código QR para que la gente le diera limosna virtualmente, a través de los pagos digitales de Wechat que en China todos usamos.

En resumen, una fantástica experiencia. A veces peco de pensar que ya he visto todo lo que hay que ver de China, pero hasta esta semana no conocía el magnífico monte Huashan, y me estaba perdiendo una de las maravillas de este país.

4 Comentarios

    • Aunque tengo memoria de chorlito, espero que así sea, que no se me olvide nunca! Y si se olvida, pues a ascender otra vez.

  1. Una belleza indescriptible.Gracias por contarlo desde un punto de vista personal, pues todo esto se conoce por fotos o documentales, pero no es lo mismo que tu lo cuentes.Lo que no entiendo es que has dicho que lo que fue un suplicio el bajar al día siguiente cuesta abajo.Es que pasaste la noche ahí?.Hay un hostal arriba?

  2. Sí, hay varios hostales en la cima, eso también es típico en las montañas chinas. Compartes habitación con otros montañeros, ves la salida del Sol por la mañana, y para abajo. Un clásico.

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