El otro barrio de Manila

 

Manila, como os mencionaba en el post anterior, no es una ciudad reposada que digamos. Es, con diferencia, la urbe más densamente poblada del mundo, y eso lo puedes notar por ejemplo intentando viajar en su metro, donde estás tan entrelazado con los cuerpos de los demás viajeros que hay unos vagones para hombres y otros para mujeres. Del mismo modo, en la hora punta de la tarde, a eso de las 5 o las 6, se desencadena en las calles una tremenda locura de jeepneys y automóviles con gente saliendo del trabajo.

En esa estresante ciudad, el único «barrio» donde pude respirar paz, y quizá la zona donde vi mejores viviendas, fue, irónicamente, el cementerio chino de Manila. Ese cementerio es una de esas cosas que salen en todas las guías de viaje sobre Filipinas, y que en mi primera visita a la ciudad hace 10 años deseché, porque me pareció un poco chorras, pero en esta ocasión, por ver algo nuevo y relacionado con China, decidí visitar, llevándome una enorme sorpresa.

Me imaginaba antes de ir que sería un lugar de pequeñas y vistosas tumbas de mármol con flores y jardines, como algunos que he visto en China o en Japón, pero no, el cementerio chino de Manila es bastante más especial que eso, porque sus difuntos inquilinos descansan en verdaderos chalets que se hicieron con la creencia de que serían su confortable hogar en el otro mundo. La mayoría de esas casas, de un nivel superior a la media de las que se suelen ver en el resto de la ciudad, tienen baño, y alguna que otra tiene aire acondicionado, balcón o terraza. El cementerio, en consecuencia, parece una zona residencial de clase media alta, con más aspecto de barrio pijo que de camposanto. Las calles más tranquilas de la capital, las casas de mejores materiales, los mejores diseños arquitectónicos…

(El humo del fondo es de uno de los tres grandes incendios que hubo en la ciudad en los tres días que la visité).

En este cementerio yacen muchas familias de manileños de ascendencia china, gente en general con bastante dinero, pero cuyas casas cuando están en el mundo de los vivos no son ni mucho menos tan ostentosas como éstas (parece que ahorran casi toda su pasta para tener una buena casa en la otra vida, que para eso es más larga). El cementerio chino, de hecho, contrasta enormemente con el barrio chino de Manila, que a mí me pareció precisamente de los más feos de la ciudad.

No hice fotos del interior de estas «casas», porque me da un poco de yuyu perturbar a los que descansan eternamente, pero os contaré que en casi todos esos mausoleos yacen matrimonios, y que al parecer el cementerio prohíbe, quizá para hacer mejor negocio, que diferentes generaciones de una misma familia estén en el mismo mausoleo. Hay alguna excepción ilustre, pero casi todas las tumbas son de parejas, salvo algún mausoleo de mujeres solteras (no vi ninguno de hombres solteros). Eso sí, en algunos casos hay tumbas de un marido flanqueado por dos tumbas: la de su esposa oficial, y la de su amante, muchas veces conocida y aceptada por la esposa. Hay tumbas budistas, cristianas, alguna taoísta, pero casi todas siguen la regla de que el marido está a la izquierda, la esposa a la derecha, y tras ellos hay una puertecita que da a un baño para uso exclusivo de ellos.

Casi todas las familias con parientes en este cementerio contratan a cuidadores de las tumbas, para que los difuntos tengan su vivienda limpia y bonita. No se trata de que haya flores frescas, como en los camposantos occidentales (de hecho casi no vi flores), sino de que, por ejemplo, no haya una baldosa suelta, una puerta que chirríe al cerrar, o unas paredes despintadas. En una de las casas, por ejemplo, vi a dos de estos cuidadores subidos al tejado y repintando: me contó alguien que hacían ese trabajo todas las semanas.

Quien me contó eso y otras cosas fue uno de los guías del cementerio, llamado Jun Salvador, un señor mayor muy entretenido y que me cayó en gracia porque me lo explicaba todo empezando las frases con «Sir Antonio». Al terminar la visita -pagada, tenéis que regatear precios si vais- me pidió que le recomendara a él ante mis amigos, así que cumplo lo prometido y os animo a que si vais a ese cementerio os dejéis guiar por el señor Jun, que os contará muchas cosas que no se ven a simple vista. Su teléfono es el 0918 365 2748, pero no le llaméis todos ahora, a ver si se va a asustar.

PD: En el cementerio además se rinde homenaje a algunas figuras de la comunidad china de Filipinas, cosa que quizá es bueno recordar en este momento en el que chinos y filipinos andan un poco enfadados mutuamente por los conflictos marítimos en torno a las islas Spratly. El propio Jun me contó, cuando le dije que yo vivía en Pekín, que los chinos les habían quitado muchas islas últimamente (aunque admito que el resto de filipinos, cuando les mencioné China, no comentaron nada malo de ella).

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