El rompehielos que China no le «birló» a Ucrania

Sigo buscando lazos entre China, Rusia y Ucrania, ya que el este de Europa sigue siendo la latitud adonde está dirigida toda la atención mediática mientras China, con sus confinamientos, parece anclada en 2020.

Y ya que en este insólito inicio de abril hace muchísimo frío y está nevando en mi pueblo, hablaré de temas polares.

El otro día os contaba que el primer portaaviones chino se construyó -o medio construyó- en los años 8o en los astilleros ucranianos de Mikolaiv. Lo que no os mencioné entonces es que el primer rompehielos civil chino también se construyó en Ucrania: el Xuelong (Dragón de Nieve), completado en 1993 en el astillero de otra ciudad ucraniana tristemente famosa estos días, Jersón, no muy lejos de Mikolaiv. Hoy este buque es llamado Xuelong 1, porque China tiene un segundo rompehielos desde 2019 y creo que ya desarrolla un tercero.

Con ese rompehielos, China ha lanzado numerosas expediciones al Ártico y a la Antártida. El barco se hizo famoso durante una de esas expediciones, en 2014, cuando un buque ruso que estaba en aguas antárticas quedó atrapado en el hielo y pidió ayuda a los navíos más cercanos, entre ellos el Xuelong, que acudió en su ayuda y evacuó en helicóptero a la tripulación del buque ruso. Durante la operación, sin embargo, el rompehielos chino también quedó atrapado en el hielo, y también tuvo que pedir ayuda. Un barco estadounidense, el Polar Star, se encaminó a la zona para intentar salvar a chinos y rusos (imaginad el morbo geoestratégico que cobró el incidente), aunque al parecer finalmente el Xuelong pudo salir sin ayuda estadounidense.

China está interesada en las regiones polares desde los 80, década en la que ya creó su Administración Ártica y Antártica, un organismo oficial para coordinar la exploración polar del país. Sin embargo, Pekín, como otros países, no ve con los mismos ojos el Polo Norte y el Sur: si en tierras antárticas persigue sobre todo fines científicos, en las aguas árticas los tiene claramente económicos, algo que también comparte con otras naciones.

Logotipo de la Administración Ártica y Antártica de China.

Para China, principalmente, el Ártico podría ser en el futuro una forma más rápida y barata para llevar mercancías a Europa por el norte, siguiendo rutas que ya hace siglos intentaron famosos navegantes como James Cook o el pirata Francis Drake, así como exploradores españoles como Dionisio Alcalá Galiano, Francisco de Eliza o Juan Francisco de la Bodega y Quadra. Es quizá más famoso el Paso del Noroeste, por el que se intentaba llegar de Europa a Asia bordeando la costa norte de Canadá, pero también existe el Paso del Noreste, para unir esos dos mismos continentes pero por Rusia.

La principal dificultad de estas rutas, como es obvio, es que las aguas polares están heladas durante buena parte del año, en algunas zonas todo el año, aunque con el calentamiento global y el subsiguiente deshielo de los polos, cada vez parece más plausible que un día pueda ser una ruta más (algunos dicen que podrían estar libres de hielo en 2060). La del Paso del Noreste sería unos 5.000 kilómetros más corta que los más de 17.000 que hay entre los puertos chinos y los europeos pasando por el estrecho de Malaca y el Canal de Suez, lo que supondría un enorme ahorro de combustible, de escalas, y de peajes, porque no habría que pagar los que cobran en Suez. Sería además más segura: no olvidemos que en estos tiempos todavía hay piratería en el Golfo de Adén, e incluso en el estrecho de Malaca.

En 2013, un carguero chino, el Yongsheng, fue el primero del país en completar esa ruta, entre Dalian y Rotterdam. Lo hizo en 32 días (la ruta habitual por Suez cuesta alrededor de mes y medio), y dos años después lograba completar un viaje de ida y vuelta similar, entre las costas chinas y las de Suecia. Por ahora estos viajes siguen requiriendo frecuentemente que en algunos tramos algún rompehielos ruso vaya por delante abriendo camino, y hay que pagar a Rusia por ello, así que de momento no sale demasiado a cuenta, pero como digo, quizá en el futuro sea una ruta competitiva.

El Ártico, por otro lado, atrae a muchos países porque se cree que bajo su lecho marino se esconden la cuarta parte de las reservas globales de petróleo y gas, también por ahora complicadas de explorar y extraer pero que quizá con unos grados más se consiga en el futuro.

Ahí China también alberga posibles intereses, pero lo tiene más difícil, porque los países con tierras en el Ártico reclaman su derecho a explotar los posibles recursos de la zona. Especialmente Rusia, que en 2007 plantó una bandera del país en el fondo del lecho marino ártico, una hazaña más bien simbólica pero que mostró claramente sus ambiciones hacia el norte.

Para plantarla los rusos usaron el batiscafo «Mir 1», el mismo con el que James Cameron rodó imágenes para su «Titanic».

Los países de la zona crearon en 1996 el Consejo Ártico, que engloba a Rusia, Canadá, Estados Unidos (tiene costas árticas en Alaska), todos los países escandinavos y Dinamarca, allí posicionada gracias a su control de Groenlandia. Estos países en 2011 decidieron endurecer sus posiciones y negar a China y otros gobiernos entrar en la organización a su mismo nivel: sólo se les permite ser miembros observadores. Bajo esta nueva línea dura está precisamente el miedo de los países de la región ártica a que otros pidan explotar los recursos de la zona. Por ahora la región es demasiado impracticable como para que provoque conflictos, pero si los llega a haber, ahí si que podremos hablar de Guerra Fría, o más aún, de Guerra Helada.

China, país observador de ese consejo desde 2013, se define como una región «casi ártica», ya que su territorio más septentrional está relativamente cerca del Círculo Polar Ártico, a menos de 1.500 kilómetros, pero Estados Unidos, que en esto se alinea con Rusia, ha advertido en alguna ocasión a China que lo de «casi ártica» es un eufemismo con malas intenciones, y que se haga la idea de que más bien es «no ártica».

Por cierto, que otro argumento que los chinos podrían usar en esta disputa -por ahora de baja intensidad- es que forman parte de la cuenca ártica: uno de sus ríos, el Irtish, que nace en Xinjiang, es afluente del Obi, que desemboca en el Ártico. No creo que rusos o estadounidenses se dejen convencer con eso, pero ahí lo dejo.

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