El señor de los palillos

Se estrenó la pasada semana «The promise» (wu ji), la última película de Chen Kaige («Adiós a mi concubina»). Ayer fui a verla con mi novia, que con una inusual paciencia me fue explicando los detalles de la película cuando yo iba perdiendo el hilo.

Es la tercera vez que entro en un cine chino, y aunque no entienda gran parte de la historia, siempre es interesante ver estas pelis épicas, porque ya se sabe que en pantalla grande ganan un montón. Hablando un poco de todo: si entráis en un cine chino, admirad, o mejor dicho, oled, el intenso aroma a mantequilla (la de las palomitas) que se respira durante las dos horas de función. Como para salir mareado.

La película, que es la más cara de la historia del cine chino, está ambientada en un reino de fantasía, aunque con toques que recuerdan a la antigua Asia (igual que la fantasía occidental se parece a la Edad Media). Es una especia de «El Señor de los Anillos» pero no en la Tierra Media, sino en el Imperio del Centro. Comienza con una estampida de toros y un tipo, Kunlun (el actor coreano Dong Kun-jang) que corre tan veloz como ellos. La carrera, que dura un cuarto de hora, es alucinante, y yo pensé que el resto de la peli iba a ser igual, con lo que iba a ver la mejor película fantástica de la historia.

Sin embargo, el resto de la película, como pasa con otras de Chen Kaige, es un lío monumental, con un argumento absurdo y desordenado. Mucha pelea pero poco más. Mi novia, entendiéndolo todo, también dijo no haber entendido nada.

Me fui con dos ideas, una positiva y una negativa. La positiva: creo que es la primera vez que en China se hace cine de fantasía del bueno, con magos, dioses, guerreros, países de cuento… Eso sí, no hay dragones, porque para los chinos eso es sagrado. ¡Huy! ¡He puesto la palabra dragón y prometí que no lo haría en este blog!

La negativa es que los grandes directores chinos, Zhang Yimou y Chen Kaige, han recibido un lavado de cerebro, se han pasado al género de aventuras y han abandonado su antiguo estilo. Ya sé que los cineastas evolucionan, pero es extraño que los dos lo hayan hecho en la misma dirección, y, curiosamente, pocos años después de que «Tigre y Dragón», de Ang Lee, se llevara el Óscar. Me molan las películas con efectos especiales y chinos dando volteretas en el aire, pero es un poco raro que directores con un cine tan personal como Zhang o Chen se hayan pasado tan de repente a ese género.

En fin, pueden rodar todas las aventuras que quieran, pero mi película favorita de aventuras con chinos seguirá siendo

Y la mejor película de aventuras con tibetanos,

Este mes, el cine chino cumple 100 años. La primera película («La Montaña Dingjun») eran fragmentos de una Ópera de Pekín, y se exhibió con gran éxito de público en una sala que todavía existe como cine en la ciudad (reconstruido, pues se quemó en los años 60). Los chinos pensaron que lo que veían sucedía en ese mismo momento, pero en otro lugar (inventaron la televisión en directo por adelantado). Llamaron al invento «sombra eléctrica», (dianying), porque se parecía a las sombras chinescas que ellos ya conocían desde un milenio atrás

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