El síndrome de la clase deportista

 

 

 

 

La semana pasada, un nuevo suceso desagradeibol golpeaba al mundo del deporte chino. Uno de los principales ídolos chinos actuales, el nadador Sun Yang (ganador de dos oros en los Mundiales de Shanghai 2011 y de otros dos en las Olimpiadas de Londres 2012) era pescado conduciendo sin licencia un Porsche, con el que tuvo un pequeño accidente. El caso recuerda a otros que hemos oído en meses pasados de famosos futbolistas españoles cazados in fraganti conduciendo a excesiva velocidad sus autos, que casi impepinablemente han de ser veloces deportivos de gama alta.

Conducción de estilo libre.

A Sun no le ha salido barata la broma: no sólo ha sido denunciado y criticado en los diarios de toda China, sino que ha estado detenido siete días en un centro para delitos menores, y la federación nacional de natación le ha expulsado temporalmente de la selección (imagino que para que se asuste, aunque no creo que estén mucho tiempo sin el que es por ahora el mejor nadador chino de la historia).

Sun ha venido a agrandar cierta leyenda negra que se está formando en torno a los deportistas chinos, a los que algunos en este país acusan de arrogantes nuevos ricos. Otro caso muy conocido es el de la patinadora de velocidad china Wang Meng, que después de convertirse en el atleta chino con más éxitos en las Olimpiadas de Invierno (4 oros en total) protagonizó dos incidentes en los que, aparentemente borrachilla, montó un par de escándalos públicos. En uno de ellos hasta agredió a su entrenador y, junto a otros compañeros de equipo, destrozó un hotel en el que estaban concentrados.

Que te pego, leche.

Sin llegar a tales niveles, otra deportista china con muchos éxitos pero también mala fama es la tenista Li Na, una de las mejores del mundo en la actualidad, que aunque no ha llegado nunca a broncas físicas o ilegalidades, ha tenido varios rifirrafes con periodistas chinos en ruedas de prensa, porque es de sangre caliente y enseguida se enfada cuando una pregunta no le agrada. Es especialmente desagradable, además, con los periodistas de su país.

¡Siempre negatifo, nunca positifo!

Para añadir sal a la herida, los jugadores de baloncesto de China en más de una ocasión han protagonizado duras peleas a sillazos, los futbolistas son muy criticados por ganar demasiado dinero para lo mal que juegan (una concepción que igual que cambia ahora que un club chino es campeón de Asia) y Liu Xiang, el que antaño fue el mejor atleta del país y la figura deportiva más famosa de la pasada década en el país (algo similar a lo que hoy por hoy es Sun Yang) ha aparecido disfrazado junto a sus compañeros de revolucionario maoísta, algo que muchos aficionados han visto como poco serio.

Agrupémonos todos en la ducha final.

El único que se libra por ahora de las noticias negativas que a veces revolotean a los famosos deportistas chinos es el ex jugador de la NBA Yao Ming, quien sigue siendo para los aficionados locales un gran ídolo, el gigantón que mejoró la imagen de los chinos con sus grandes actuaciones en la mejor liga de baloncesto del mundo. Eso sí, a Yao, una vez retirado, le cuesta lo suyo mantener la buena fama: ahora se pasa el día con campañas ecologistas, de ayuda a niños con problemas y otras labores humanitarias.

Yao Ming pidiendo a los chinos que no coman sopa de aleta de tiburón.
Yao Ming pidiendo a la gente, de sangre roja o azul, que no cace elefantes.
Yao Ming pidiendo que dejen a los leopardos en paz.
Yao Ming pidiendo que no se arranquen cuernos de rinoceronte.
Yao Ming preguntando a los masai que qué masai que proteger.

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