El temita de Xinjiang,
más espinoso que un coronavirus

Esta semana no quería hablar mucho de política, que bastante parda la liamos la semana pasada con el rifirrafe alasqueño entre China y EEUU, pero es que en los últimos días la cuestión de Xinjiang ha subido tanto de volumen que me temo que tengo que decir alguna cosa al respecto.

No voy sin embargo a extenderme mucho sobre el conflicto que hay en esa región del noroeste de China, porque creo que Zigor Aldama, antiguo corresponsal en ese país, lo ha hecho mucho mejor de lo que yo podría en un reciente hilo de Twitter. Leedlo y creo que encontraréis una visión bastante completa, amena y equilibrada del asunto.

Por resumir, hay dos posturas enfrentadas, que incluso en las Naciones Unidas han chocado:

-Occidente acusa a China de meter a cientos de miles, quizá millones, de musulmanes uigures en campos de concentración donde se les intenta lavar el cerebro, violando las convenciones de derechos humanos contra las detenciones arbitrarias. De ahí que esta semana la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido hayan tomado la decisión de dictar sanciones contra oficiales chinos, una medida de una dureza que seguramente no se daba desde la Matanza de Tiananmen (y que China ha contestado con sanciones recíprocas).

Con este tono Matrix ilustraba en noviembre de 2019 El País los famosos «Xinjiang Papers», sacados por New York Times y otros medios, denunciando la situación en Xinjiang.

-China afirma que tiene un problema muy gordo en Xinjiang: la región, vecina a polvorines como Afganistán o el norte de Pakistán dominado por los talibanes, es según ellos una esponja de yihadismo que se tradujo la pasada década en atentados terroristas (pero generalmente no de los de bomba sino de los de apulañamientos masivos, como pasó en Urumqi o en Kunming). Por ello, decidió que la población uigur debía ser sometida a un masivo programa de educación para quitarles de la cabeza ideas yihadistas y cambiarlas por discursos de Xi Jinping. En los últimos años ha dejado de haber atentados yihadistas en China (aunque lo cierto es que también han bajado en el resto del mundo).

Así pintan medios oficiales chinos como el Global Times lo que ellos denominan «formación vocacional».

El conflicto se ha enrarecido esta semana aún más con un enfoque inesperado, el textil: por lo visto, algunas marcas de ropa internacionales, como H&M, creyeron ciertas acusaciones surgidas hace meses (al parecer con poca base) en las que se decía que el algodón de Xinjiang era extraído por mano de obra forzada, y algunas expresaron su preocupación por el asunto, mientras otras anunciaron que dejarían de comprar algodón de Xinjiang. Esto ha resurgido esta semana, quizá debido a la tensión surgida por las sanciones, y se ha traducido en un llamamiento masivo al boicot de varias empresas de ropa multinacionales (hasta Zara se ha visto salpicada) por parte de algunos ciudadanos chinos. Muchas de estas marcas, por miedo a perder un enorme mercado, se han echado atrás en el asunto.

Esto es más o menos lo que ha dado de sí esta semana de pasión, pero yo quiero centrarme en un aspecto que quizá no siempre es tratado en este conflicto: la vertiente estratégica.

Desde el lado chino, es cierto que el confinamiento de uigures (no por COVID sino por política antiterrorista) comenzó precisamente cuando China empezaba a lanzar su famoso proyecto de las Nuevas Rutas de la Seda, con el que quiere unir por tren de alta velocidad, fibra óptica, oleoductos y lo que haga falta el país con el resto de Eurasia, como poco. Muchas de esas carreteras, vías de tren, redes de cable, deberían pasar forzosamente por Xinjiang, la región china vecina con Asia Central. Es una región con altas montañas y desiertos, complicada, pero otras zonas fronterizas de China lo son aún más: el Tíbet tiene por frontera los muros del Himalaya, Mongolia Interior las arenas del inmenso desierto de Gobi, y el noreste chino, aparte de estar helado casi medio año, lleva a la zona más remota de Eurasia, a Siberia Oriental.

Los comunistas chinos pensaron que sus planes se podrían ir al traste si continuaran los atentados en esa zona, así que decidieron adoptar una de las políticas más drásticas que han adoptado en las últimas décadas, y que quizá no hubieran ordenado si no estuvieran en juego miles de millones de yuanes en inversiones de enormes infraestructuras con un tamaño tal que sería muy difícil vigilarlas todas de atentados.

Desde el lado occidental, hay un interés palpable en que la cuestión de Xinjiang produzca fricciones entre China y los países musulmanes, con los que en general Pekín tiene muy buena relación, sobre todo económica. Una prueba de ello se ha dado esta semana: las sanciones de Occidente han llegado justo cuando el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, iniciaba una gira por Arabia Saudí, Irán, Turquía, Omán, Emiratos Árabes y Baréin.

Sin embargo, los países musulmanes, para sorpresa de muchos, no están levantando la voz contra China en defensa de los uigures: en las Naciones Unidas, donde les escucho de vez en cuando, no nombran a Xinjiang en sus discursos, ni se unen a las condenas de Occidente en foros como el Consejo de Derechos Humanos. Con una notable excepción: Turquía, con lazos étnicos más fuertes con los uigures de los que los tienen los árabes o los iraníes. Turcos y uigures, al igual que kazajos, uzbecos, turcomanos, etc, pertenecen todos a los pueblos túrquicos, y sus idiomas pertenecen a la misma familia (aunque los turcos usan el alfabeto latino para escribir su lengua, desde los tiempos de Ataturk, mientras que los otros aún usan la grafía árabe). Muchos grupos uigures en el exilio viven en Turquía, y también en Alemania, el país con la comunidad emigrante turca más grande.

La prensa occidental en ocasiones se muestra extrañada por la falta de solidaridad de los musulmanes con los uigures, lo que muestra una vez más el deseo de Occidente de que chinos e Islam tengan fricciones. Incluso la televisión árabe Al Hurra, financiada por el Congreso de los EEUU, incluye en su emisión campañas de apoyo a los uigures, otra muestra de estos intereses occidentales. Hay que decir que Al Jazeera también ha cubierto muy intensamente el asunto y ha mostrado su simpatía con la etnia uigur, aunque ese canal presume desde sus inicios de una independencia radical, cosa que le honra.

Algunos medios aseguran que el escaso apoyo de los países musulmanes a los uigures se debe a la dependencia económica de sus regímenes con China, o al hecho de que muchos son países igualmente autoritarios. En mi opinión, también debe de tenerse en cuenta que el mundo islámico está muy dividido: los uigures son sunnies, lo que para empezar los separaría de una potencia regional como es la chií Irán. Además, la última vez que el mundo musulmán, especialmente árabe, se unió bastante, fue hace 10 años, con la desastrosa Primavera Árabe, así que muchos gobiernos de la zona no quieren ver alianzas solidarias ni en pintura.

Otra cosa que se debe recordar es que el Occidente que puede estar queriendo que los musulmanes miren mal a China es el mismo que sólo ha intervenido con armas y mercenarios en la guerra de Siria, en la de Libia, que ha invadido Irak, que ha encarcelado musulmanes (también uigures) en Guantánamo… y eso sólo en las últimas décadas, si nos remontamos a principios del siglo XX habría mucho más que decir. Poniendo esto en una balanza con los chinos en el otro platillo, me parece que todavía el peso se va rápido de uno de los lados. Es aún prematuro pensar que Occidente pueda tener influencia en lo que los países musulmanes piensen de China.

PD: Si China fuera más transparente quizá se ahorraría estos follones. Su opacidad permite que medios occidentales y grupos de derechos humanos afirmen que en Xinjiang hay decenas de «auschwitzs» sin necesidad real de probarlo. Una vez más, la desinformación de Pekín no hace más que volverse en su contra. Si realmente no tiene nada que ocultar, que ojalá sea así, que permita a observadores internacionales, por ejemplo a relatores de Naciones Unidas, visitar los centros de internamiento de uigures. Y que no se pase un año poniendo trabas a esos viajes, como hizo con la OMS.

8 Comentarios

  1. A Mijit Timit, un agricultor con 20 hectáreas de algodón en la ciudad de Kuqa, le transpiraba la indignación. Sus trabajadores cobran 10.000 yuanes en dos meses (unos 1.300 euros), le llegan ofrecimientos de las provincias vecinas y utiliza maquinaria avanzada. «¿Cómo pueden decir que es trabajo forzado? Quieren arruinar nuestro negocio familiar y devolvernos a la pobreza», rugía en una reciente rueda de prensa en Pekín.

    Esta frase resume parte de la realidad que se vive en Xinjiang, y no el interés de los países en general de mancillar la imagen de China. En muchos foros, cuando sale la ocasión, siempre hay quien dice que en China hay una dictadura asesina, y muchas barbaridades más. Tal vez haya algún caso, pero al menos al que la hace , la paga, sea delincuente, terrorista o que quiera inestabilizar el país. Aquí en España, es todo lo contrario, donde los delincuentes son tratados con guante blanco, mientras los habitantes sufrimos las consecuencias. Y siguiendo con el tema de los boicots, hoy han publicado esto em El Periódico, de donde he sacado el texto inicial.
    https://www.elperiodico.com/es/internacional/20210328/china-blande-arma-boicot-multinacionales-11621368

    • Muy interesante… aunque mi corazón está dividido, porque yo soy comentarista independiente (desde mi blog) y a la vez periodista (en mi trabajo). Hay interpretaciones de este conflicto que puedo hacer desde el blog pero no podría hacer desde el trabajo, donde es necesario un punto más de objetividad y, salvo en columnas de opinión, que todo lo que se diga en el artículo no lo diga el periodista, sino una fuente, que ha de ser nombrada.

      Nuevo desarrollo de los acontecimientos hoy lunes: el Grupo de Expertos de la ONU para Derechos Humanos y Negocios dice que ha recibido información sobre trabajos forzados y pide a China poder ir a Xinjiang a investigar.

      Como de costumbre, China ganaría mucho si fuera más transparente (si es que no tiene nada que ocultar), pero su opacidad da pábulo a que sus rivales imaginen lo que les dé la gana.

      • Creo que si todos los periodistas del mundo occidental mostraran tu forma fría y objetiva de presentar los hechos, China se mostraría más transparente.

        • Ojalá… supongo que todas las partes tienen responsabilidad en que China y el mundo se den la espalda, pero bueno, hay que seguir intentando tender puentes de conocimiento, lo que debe significar mostrar lo bueno y lo no tan bueno.

    • Bueno, como creo que comenté en mi artículo, el terrorismo yihadista prácticamente ha desaparecido en China en el último lustro, pero también en Europa sin necesidad de encerrar en centros de reeducación a todos los musulmanes europeos, así que puede que otros factores hayan influido (por ejemplo, la derrota del Estado Islámico).

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.