El templo de ojos de buey
que casi fue submarino

Termino hoy el relato de mis impresiones durante el viaje a las Tres Gargantas, hablando de un lugar que me gustó mucho por hermoso e inesperado, no pensé que me encontraría algo así. Además, me sirvió de magnífico ejemplo para comprender los efectos que ha producido la enorme presa en el paisaje de la cuenca del Yangtsé.

Durante la travesía en barco, hicimos una parada turística para conocer el lugar que hoy nos atañe, un templo hasta entonces para mí desconocido, llamado Shibaozhai. El templo tiene una estructura muy curiosa: situado en lo alto de una escarpada colina, para llegar a él hay que subir por una semipagoda de madera que se apoya en una de las laderas del monte. Esta estructura, de 11 pisos, es una maravilla de forma, color, olor y sabor:

Al subir las empinadas escaleras de este peculiar edificio (vi a ancianos y ancianas de 80 años hacerlo con fervor) uno llega a lo alto del templo en sí, que quizá no es tan espectacular como la estructura anterior pero también tiene una bonita entrada. Me llamó la atención que en el interior los vecinos locales han montado una tienda de souvenirs sin ningún rubor, al ladito de las estatuas de Buda y Confucio. Los mercaderes invadieron mi templo, que decían Jesús y Extremoduro.

Una de las cosas que más me fascinó del lugar fueron esas ventanas de ojo de buey que habéis visto en la primera foto, no muy habituales en los edificios tradicionales chinos (aunque sí que se ven muchas puertas redondas). Uno casi se siente en el interior de un barco o submarino como los de los tebeos.

De hecho, el templo de Shibaozhai no es «submarino» por poco. Con la construcción de la Presa de las Tres Gargantas, que elevó el nivel del río decenas de metros en esa zona, el edificio debería haber quedado sumergido por las aguas (seguramente no todo, pero la base de la semipagoda seguro que sí).

No obstante, dado el valor histórico del edificio, que es del siglo XVIII, se decidió construir un muro alrededor del templo y de la colina. Ello ha permitido conservarlo, aunque ha provocado que en la lejanía Shibaozhai quizá no sea tan bonito como antaño.

En la anterior foto no se ve muy bien, pero colina y templo, antes en la orilla del río, ahora están en un islote a unos pocos metros de la ribera del Yangtsé, al que se llega por un puente de tablas de madera. Vamos, que Shibaozhai podría haber acabado como la iglesia de Mediano, pero acabó siendo una especie de Mont Saint Michel.

Antes de la construcción de la presa, la colina y el templo se encontraban en lo alto de un pueblecito que, éste sí, ha quedado sumergido. A la entrada del lugar se muestran fotografías de cómo era este paraje antes, como ésta de 1972:

El lugar debía ser todavía más pintoresco que ahora… Tanto, que hasta fue usado en billetes antiguos, como éste de 1945.

Por cierto, fue en Shibaozhai donde vi la única foto del defenestrado Bo Xilai que parece quedar en todo Chongqing… no es el protagonista de la instantánea, y ni se le nombra en el pie, pero allí está… Los turistas chinos observaban la imagen con gran interés y la fotografiaban bastante.

Y con esto concluyo mi desglose del viaje un tanto improvisado que hice por el centro de China en unas vacaciones en las que estuve a punto de quedarme en casa todo el tiempo. Ya habrá otro año para irse a las siempre añoradas playitas del sureste asiático… Pero también tendré que volver por Chongqing y alrededores, que nunca acaba uno viéndolo todo.

¡Sé el primero en comentar!

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.