¿El Trump mongol?

El mes que viene Mongolia celebra elecciones para dilucidar quién será su próximo presidente. Sé que no vais a seguir con demasiada atención estos comicios, a menos que seáis uno de esos pastores nómadas que me leen de vez en cuando en su yurta, pero una de las candidaturas me parece harto curiosa y pensé que era merecedora de sitio en esta web, que suele hablar de China pero a veces se extravía por naciones vecinas (y más si las he visitado recientemente).

A estas elecciones, que sólo escogen presidente (las legislativas fueron el año pasado), concurren los tres principales partidos del país. Uno es el Partido Popular de Mongolia, que está metido en un lío tremendo debido al robo a manos llenas en el Canal de Gengis Khan II en Ulan Bator… no, es broma, se llaman Partido Popular pero no tienen nada que ver con ese nido de corruptos que gobierna en España, salvo en el hecho de que ellos también ostentan actualmente el Gobierno. De hecho, son los socialdemócratas mongoles.

Frente a ellos están los conservadores del Partido Democrático, que son la principal fuerza de la oposición pero tienen al actual presidente, Tsakhiagiin Elbegdorj, uno de los líderes del movimiento que derrocó al comunismo mongol en 1989, una especie de Lech Walesa de AsiaCentral.

El tercer partido en discordia son los comunistas, o quizá mejor decir excomunistas, del Partido Popular Revolucionario de Mongolia, los mismos que gobernaron en régimen de partido único el país entre 1921 y 1990, aunque ahora aceptan las reglas del juego democrático y están un poco de capa caída. Los primeros, los del Partido Popular no revolucionario, son en realidad una escisión que este partido sufrió en 2010.

Logotipos de los tres partidos, en el orden en que os los he nombrado.

Cada una de las tres formaciones presenta un candidato, pero no os voy a dar los tres nombres, porque hay que reconocer que los que usan los mongoles son tremendamente difíciles de memorizar, por su gran longitud y su tendencia a usar letras repetidas. Quedaos sólo con uno de ellos, el representante de la derecha, del Partido Democrático: Khaltmaa Battulga.

Battulga, como algunos otros políticos prestigiosos de su país, es un antiguo atleta de deportes de combate, porque en Mongolia, país de gente fortachona y áspera, para mostrar que puedes batirte a tus rivales políticos en el parlamento, lo mejor es demostrar antes que podrías tumbarlos en un ring. Battulga fue campeón de lucha libre y de sambo, una especie de “judo ruso” que también practica Vladímir Putin, y una vez retirado de los tapices pasó a presidir la federación mongola de judo. También ha sido ministro de Industria y Agricultura, aunque creo que su vertiente como gestor de los judocas nacionales es la más popular.

Battulga en su faceta de killer.

Lo que asemeja a Battulga con Donald Trump, y justifica así el titular de esta entrada -o eso espero, al menos- es que este exluchador es además uno de los hombres más ricos de Mongolia, o quizá el más rico. Con su compañía Genco dirige negocios de todo tipo, desde taxis a restaurantes, clubes nocturnos (¿tendrá intereses en el Maggie’s pequinés?) o loterías. Según la página que Wikipedia le dedica, tan mal escrita que podría haberla redactado él mismo con unas copas de más y aturdido tras un combate de sambo, Genco provendría del nombre de uno de los personajes de El Padrino, una de las películas favoritas del político mongol. Quizá otra consecuencia de su amor por Vito Corleone y famiglia es su gran afición a llevar sombrero de mafioso en casi todos los actos públicos.

Su fortuna y heterodoxia ya lo acercan un poco a Trump, ¿verdad? Pues aún hay más: también parece tener cierta querencia hacia Rusia, como el bueno de Donald (lo de bueno es un decir). Battulga lleva un tiempo diciendo que Mongolia depende demasiado de venderle carbón y otras materias primas a China (básicamente, los chinos son casi el único comprador exterior de productos mongoles) y dice que hay que volver los ojos hacia los viejos aliados rusos. Esto le ha valido en el pasado algunas críticas, e incluso sospechas de que tenía algún negociete sucio con Rusia, un país que en Mongolia a veces despierta recelos por aquello de que les trató como si fueran una república más de la URSS durante la época comunista.

Las elecciones son el 26 de junio, yo las seguiré con cierta curiosidad, y espero que al recio Battulga no le dé por sacarse un lema del tipo “Make Mongolia Great Again”, porque cuando los mongoles se ponen a agrandar finca, te pueden llegar hasta Hungría.

PD: Sé que no he dicho demasiado del programa electoral de Battulga… lo mejor es que os lo cuente él, en la reciente entrevista que le ha hecho la tele de su país y os enlazo a continuación. Veréis algún cuadro pintado por él en ella, porque además de empresario, político, luchador y aficionado a El Padrino es artista.

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