El último emperador chino
(y no fue Pu Yi)

Si un día oyes hablar del Último Emperador chino probablemente te acordarás de Pu Yi, uno de los pocos monarcas de Asia conocidos en Occidente gracias al film sobre su vida que dirigió el desaparecido Bernardo Bertolucci, y que logró el Oscar a la mejor Película de 1987. Sin embargo, si nos ponemos pejigueros podríamos defender que el último emperador chino no vivió en el siglo XX sino en el XVII, y tuvo una vida aún más miserable que la de Pu Yi. Conozcámosla hoy un poco.

Hay que recordar antes que la última dinastía que gobernó aquel imperio, los Qing, no era de etnia china propiamente dicha, sino manchú. Los manchúes son un pueblo del noreste de Asia que, como antes que ellos los mongoles, dio mucha guerra a los chinos y, llegado el momento, aprovecharon un momento de debilidad en China para hacerse con el poder. En realidad Pu Yi y sus antecesores, tras casi tres siglos de gobierno, habían asimilado totalmente la cultura y costumbres chinas, pero eran manchúes, así que se podría defender que la última dinastía realmente oriunda de China fue la anterior a la Qing, los Ming, que gobernaron entre 1368 y 1644. Y el artículo de hoy hablará del último emperador Ming, llamado Chongzhen, que como veréis tuvo una vida corta pero intensa.

Chongzhen era bisnieto, nieto e hijo de emperadores. Su abuelo fue el emperador Wanli, al que en esta web hemos visto con anterioridad porque fue el emperador que trabó amistad con el jesuita español Diego de Pantoja.

Wanli reinó durante 48 años, fue el reinado más largo de la dinastía, pero irónicamente su hijo, el padre de Chongzhen, sólo reinó un mes, entre agosto y septiembre de 1620 (os ahorro su nombre para no liaros mucho). Murió con 38 años, en circunstancias muy extrañas (tras tomar una misteriosa píldora roja que le dieron para calmar unas diarreas), y uno de sus hijos, hermano mayor de Chongzhen, heredó el trono con sólo 15 años. Este hermano mayor, al parecer, tenía alguna discapacidad mental, era básicamente analfabeto y prefería dedicarse a la carpintería, por lo que el poder real del imperio lo tenían su niñera y uno de los eunucos de la corte. Algo también habitual en la larga historia china.

Este hermano murió con 21 años, sin descendencia, ya que su único hijo había muerto un año antes en una terrible y misteriosa explosión que hubo de un depósito de armas en Pekín en la que murieron unas 20.000 personas. Era 1627, y llegaba por fin al trono nuestro protagonista de hoy, Chongzhen, con tan sólo 17 años. Como veis, ascendía a emperador en tiempos muy tormentosos y llenos de peligros: a saber cuántas de las muertes ya relatadas habían sido provocadas.

Con estos antecedentes no os extrañará saber que Chongzhen fuera un emperador bastante paranoico. Dice la leyenda que dormía siempre con una espada en la mano, y que nunca estaba solo, a todas horas se rodeaba de mucha gente en la corte para ahuyentar potenciales asesinos. No tardaría en mandar ejecutar al eunuco y la niñera que habían controlado el imperio durante el corto reinado de su hermano mayor. Pero además ordenó la muerte de muchos generales de su ejército que consideraba enemigos de su causa: esto acabaría costándole caro, visto lo que vendría después, ya que dejó el ejército imperial bastante debilitado.

Los años en que reinó Chongzhen estuvieron acompañados de malas cosechas y hambrunas. Hay que tener en cuenta que en general el siglo XVII fue bastante desastroso en todo el mundo: se le suele llamar «la pequeña edad del hielo», el clima era más frío que en siglos anteriores y posteriores, y en general esto paralizó las economías y las sociedades no sólo en China (también para España fue un muy mal siglo).

En este contexto fue cuando a Chongzhen le comenzaron a acosar las revueltas campesinas, consecuencia de las malas cosechas, y los ataques de los manchúes en la frontera norte. Una de esas revueltas, liderada por un campesino llamado Li Zicheng, llegó a formar un potente ejército desde la zona de Xian que empezó a conquistar ciudades y en abril de 1644 estaba a las puertas de Pekín. Poco antes, en febrero, Li se había autoproclamado emperador fundando la llamada «dinastía Shun», de la que no creo que hayáis oído hablar hasta ahora porque apenas duró un año. El ejército de Li tenía como uno de sus generales a su propia esposa, conocida popularmente como «Lady Gao» y que ha protagonizado alguna que otra película y serie de televisión china.

Con Li y Gao atacando las murallas de Pekín, el emperador Chongzhen, presa del miedo y la desesperación, perdió el norte. El 24 de abril de 1644 congregó a su familia y, con esa espada con la que dormía siempre, mató a una de sus esposas, a una de sus hijas, y le cortó el brazo a otra. Un día después, se fue de paseo al parque Jingshan, la colina artificial que hay justo al norte de la Ciudad Prohibida y desde la que hay una espectacular vista del palacio, y se ahorcó en uno de sus árboles (una sófora o falsa acacia). Tenía 33 años, y con ello ponía fin a la dinastía Ming.

La leyenda dice que dejó la siguiente nota: «Muero sin poder encontrarme con mis ancestros en el otro mundo, abatido y avergonzado. Que los rebeldes descuarticen mi cuerpo, que maten a mis oficiales, pero que no saqueen las tumbas imperiales ni hieran a nuestra gente».

Marcado con una flecha, el lugar de Jingshan donde se quitó la vida el último emperador Ming (el árbol no es el mismo, ha sido reemplazado varias veces en los últimos siglos).

Aunque fue la revuelta campesina de Li la que llevó al emperador al límite, fueron los manchúes los que sacaron rédito político de ello: pese a ser «extranjeros» a los ojos de los chinos, se erigieron como la fuerza capaz de vengar a Chongzhen. Sus tribus, que se habían unido en esas décadas para asolar la China del norte de cuando en cuando, armaron un poderoso ejército que en apenas un año acabó con la nueva y rebelde dinastía Shun, y fundaron la dinastía Qing, que reinaría hasta 1911.

Chongzhen fue enterrado en las afueras septentrionales de Pekín, como el resto de los emperadores Ming, pero su tumba es más pequeña y está más escondida que las de sus antecesores. Hace tres años, en esa tumba robaron dos piezas de piedra, por si pensáis que el expolio de arte chino fue sólo cosa de los Indiana Jones de hace un siglo.

Las dos piezas señaladas con flechas ya no están allí.

Esta triste historia, que demuestra una vez más que nacer en una familia real no es tan chulo como sale en los cuentos, no acaba aquí. Cuenta la leyenda que uno de los hijos del emperador Chongzhen escapó de los Shun y los Qing, cambió su nombre, y empezó a vivir clandestinamente como un simple profesor. Durante décadas ocultó su verdadera identidad, hasta que mucho después, cuando ya era viejo, le contó a un amigo en una borrachera que era descendiente de los emperadores Ming. Su indiscreción acabó llegando a los oídos del emperador que gobernaba entonces, Kangxi.

Lo que siguió fue una especie de tragedia digna de zares: el hombre fue detenido, su esposa e hijas se quitaron la vida, hijo y nietos fueron sentenciados a muerte, y el desgraciado profesor, con 75 años, fue ejecutado también, por descuartizamiento. Triste epílogo en el triste ocaso de los emperadores Ming.

6 Comentarios

  1. Muy interesante tu post. Yo también creía que e último emperador fue Pu Yi. Ví un documental hace años que mediante una excelente recopilación de imágenes de su vida me abrió más la visión de una China que desconocía. Sin embargo, veo este artículo tuyo me ha encantado y me ha actualizado aquella información. Gracias

    • Y crees bien, el último emperador de China fue Pu Yi, sólo que hoy retorcí un poco la idea de que «los Qing no eran chinos» (muchos me han discutido con razón esa idea) y por eso puse a Chongzhen como último emperador chino (no de China).

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