En busca del tiempo perdido

Ayer, viernes, el Partido Comunista de China anunciaba una histórica retahíla de ambiciosas promesas de reforma política y social que la formación, y por tanto el régimen, asumen a raíz de la reunión a puerta cerrada que sus líderes han tenido desde el 9 hasta el 12 de noviembre. Entre las reformas prometidas se citaron la relajación de la política del hijo único, el final de los campos de reeducación, el retraso en la edad de jubilación, la liberalización de la banca, la relajación de algunos monopolios estatales, la reducción de las condenas a muerte, la progresiva liberalización de los límites a la inmigración rural a las ciudades (el famoso «hukou») y alguna cosa más que me dejo. Muchas de estas cosas se habían anunciado en instancias más bajas o en la prensa oficial china meses o incluso años atrás, aunque es verdad que el hecho de que la dirección del propio Partido las haga también suyas tiene bastante importancia.

Tiempo habrá para analizar el alcance de estas promesas, y de ver con los años si se cumplirán o no. Pero hoy, en este blog, un servidor no quiere ahondar en el qué se ha anunciado, sino en el cómo, porque, una vez más en China, se ha hecho mal, pillándonos a contrapie, y sobre todo, que es lo que más me duele como periodista que soy en mis ratos no libres, con nocturnidad y alevosía, es decir, soltando la información en el peor momento posible, para coger a los informadores despistados y quitarles horas de descanso y de sueño.

En este caso, por ejemplo, la información se dio tres días después de que concluyera la reunión del Partido Comunista, el pasado martes, día en el que la formación sacó un comunicado tan largo como vacío de contenido, o mejor dicho, lleno de retórica soporífera. Pese a ello, periodistas y observadores pasaron los siguientes dos días leyendo y releyendo ese comunicado para intentar sacarle algún sentido, escribiendo sesudos análisis que han sido como labrar en el desierto. Finalmente, cuando los medios habían sacado ya sus duramente pensados análisis y se habían relajado, ¡bum! el Partido Comunista soltó la liebre de verdad, con un anuncio de reformas, éste sí, importante. Un viernes por la noche, para así chingarle el fin de semana a muchos.

No es la primera vez que el régimen chino lleva a cabo una acción como ésta, la de anunciar grandes noticias en horas intempestivas (o después de haber soltado antes una información menor para jugar al despiste). Se diría que a sus responsables de propaganda les encanta juguetear con la comunidad de periodistas y observadores, en plan maquiavélico. Después de varios años trabajando aquí, recuerdo otros casos similares:

7 de agosto de 2008 – Un día antes de que comenzaran los Juegos Olímpicos de Pekín, a los periodistas se nos gastó una de las peores bromas que recuerdo. Se nos informó de que podíamos cubrir el paso de la antorcha olímpica por la Gran Muralla, pero que para ello teníamos que tomar un autobús que saldría ¡a las 4 de la mañana! Allí que fuimos, llegamos con una antelación a todas luces inútil e innecesaria, y todo para que encima nos colocaran a los periodistas tan lejos de donde realmente pasaba la antorcha, que casi ni la vimos. Al día siguiente, comienzo de las Olimpiadas, aún no me había recuperado del todo.

1 de octubre de 2009 – China celebraba con un desfile militar en Tiananmen los 60 años del régimen comunista. Los medios extranjeros que queríamos cubrir ese acontecimiento sólo supimos si nos iban a dar acreditación o no para estar en él a la 1 de la madrugada de ese mismo día. Además, se nos obligó a que estuviéramos en Tiananmen a las 7 de la mañana, con lo cual prácticamente esa noche nos dejaron sin dormir. Entre eso y las cuatro horas que estuvimos en la tribuna, bajo el sol, viendo el desfile, milagro fue que a ninguno le diera un vahído.

25 de diciembre de 2009 – El régimen chino aprovechó las vacaciones de Navidad para dictar una polémica condena a prisión, la de 11 años para el disidente Liu Xiaobo (que un año después sería galardonado con el Nobel de la Paz). Cuatro días después, para rematar, ejecutaba a un ciudadano británico por tráfico de drogas, en la que ha sido la única pena capital aplicada a un europeo en China en los últimos 60 años. Más de un periodista se quedó sin turrón.

28 de septiembre de 2012 – Otro viernes noche como el de ayer, que además antecedía a la semana de vacaciones chinas por el Día Nacional, la propaganda oficial informaba de que Bo Xilai era entregado a la Justicia, y además se anunciaba la fecha del XVIII Congreso del Partido Comunista, dos noticias largamente esperadas. Muchos tuvieron que cambiar los billetes de avión. El juicio a Bo, este año, se celebraría por supuesto en agosto, mes vacacional por excelencia. Otro juicio muy mediático, el de su esposa Gu Kailai, a la postre condenada por asesinato, también fue en agosto, aunque un año antes.

Y como éstas, muchas más, que hacen que muchas veces nos temamos lo peor en viernes noche, en Navidad o en otras vísperas de fiestas de guardar. Entiendo que la profesión periodística a veces es dura, y que no entiende de horarios, pero aquí yo veo cierto ensañamiento: al Gobierno chino no es que le importe un bledo que durmamos o no, sino que disfruta quitándonos horas de descanso. Mucho habla el presidente Xi Jinping de «el sueño chino», pero carajo, ¿cómo vamos a tener sueños sin dormir?

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