En los brazos de Suburbia

Vivimos días de grandes cambios en China. Hace apenas una semana se anunciaba que todas las parejas del país podrían tener dos hijos, hoy se anunció la primera reunión de la historia entre los presidentes chino y taiwanés, ayer una empresa china compraba el Espanyol de Barcelona… En fin, unos días de gran ebullición en los que yo también he tenido mi dosis de cambio. Cambio de casa, concretamente, que además ha sido un cambio de barrio y además un cambio de tipo de vida: de vivir en el centro de Pekín he pasado a hacerlo en las afueras, más allá del cuarto anillo. Al este, allí donde nace el sol, que dirían los Animals.

Durante siete años he vivido dentro del segundo anillo de la ciudad, lo que se considera generalmente como «centro». Estuvo muy bien, sobre todo por tener cerca el trabajo, pero por el precio que estoy dispuesto a pagar por un alquiler (menos de 6.000 yuanes, un precio que hasta en muchas ciudades de España se vería caro) la oferta comenzaba a ser mala. O te daban casas viejas y cada vez más achacosas (sextos pisos sin ascensor, pisos llenos de polvo, puertas de los muebles de la cocina cayéndose a cachos), o te tenías que ir a zulos cada vez más pequeños. Ante esta situación, he decidido probar suerte en las afueras, por lo menos un añito, a ver qué tal.

Y aquí estoy, en Qingnianlu, un lugar donde jamás había puesto los pies hasta ahora. Se ven pocos extranjeros por aquí, aunque alguno me encuentro de vez en cuando sobre todo en el centro comercial Joy City, el de la foto, que es un mamotreto de 12 pisos dedicado al dios consumismo.

El ambiente es muy diferente al que he visto en mis siete años dentro del segundo anillo. Si en mis casas anteriores, de renta antigua, la mayoría de mis vecinos eran jubilados, ahora casi todo el mundo es joven. Se ven niños en los dos sitios, pero en mis casas de antes estaban con sus abuelos, y aquí con sus padres. Y hay un gran contraste: por una parte vecindarios como el mío de ahora son como parques, tranquilos y sosegados, pero al salir de ellos uno aparece en calles por las que pasa muchísimo tráfico, el que va desde las afueras a la ciudad o en sentido contrario.

Dentro de mi xiaoqu, de mi complejo residencial, hay muchas tiendecitas, peluquerías,  hasta clínicas de medicina tradicional, todo un mundo sólo para los vecinos del lugar (se supone que para entrar aquí hace falta tener llave de la verja exterior).

Por el mismo precio que pagaba antes, tengo una casa más grande, nueva y limpia. Me siento más a gusto en ella y aunque mi perra todavía no se acaba de acostumbrar, creo que ella también gana con el cambio, al tener más jardín fuera de casa. El gran trauma de mi nueva situación, y que todavía no acabo de asimilar, es el desplazamiento al trabajo: antes me costaba 10 o 15 minutos, y ahora un poco más. No es que sea un viaje terrible (30 o 40 minutos, que para una gran ciudad tampoco es grave), pero estaba demasiado malacostumbrado a lo anterior. Encima, no acabo todavía de aclararme sobre cómo hacer este nuevo trayecto diario que me toca. Tengo una parada de metro cerca, pero en hora punta es una lata de sardinas. Andando o en bici es demasiado trecho. En autobús para volver de noche no está mal, pero por las mañanas el atasco puede ser mortal. En taxi, aparte de ser caro, no parece que a los impresentables taxistas pequineses les guste mucho ir a las afueras orientales (ya ha habido varios que se han negado a llevarme). Ante estas tesituras, me he comprado una bici eléctrica, que parece que es la opción más rápida, aunque ahora que llega el frío me temo que me va a dar un poco de pereza usarla.

En fin, que todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y estoy contento con mi nuevo pisito de soltero pero también echaré de menos el antiguo, pequeño pero que logré hacer confortable. Sin embargo, me alegro de haberlo dejado porque en los últimos tiempos una plaga de cucarachas se había adueñado de él. No soy muy aprensivo con esos bichos (y menos aún con la variante china, más pequeña que la española), pero la situación se había vuelto desesperante. Me salían en los cajones del escritorio, viendo la tele o usando este ordenador un atrevido insecto tenía la desfachatez de corretear por la pantalla, ¡abría una puerta y me caía en la mano una que estaba en el dintel! En verano, cuando fui a España, al abrir la maleta me encontré dos o tres entre la ropa, ¡tenía tantas que ya podía hasta exportarlas! Alucinante.

Otra cuestión por la que me alegra haber dejado la casa antigua es la impresentable actitud de la inmobiliaria que la alquilaba. Soy consciente de que en China es inevitable acabar mal con tu casero o con la inmobiliaria que lo representa, y casi siempre he acabado mal en mis más de 10 domicilios aquí, pero lo de ésta última que tuve ya clamaba al cielo, era para denunciarles. Estaban empeñados, con las excusas más absurdas, en que cada año les pagara la tasa que te suelen cobrar al principio del contrato por haberte encontrado casa (y que suele equivaler a un mes de alquiler). Nunca me arreglaban nada, me tuve que convertir en un bricomaníaco capaz de usar hasta una pistola de silicona (pero eso sí, cuando me fui de la casa, empezaron a descubrir un montón de cosas que había que reparar tras mi paso por ella, descontándolo de mi fianza). Con su actitud mafiosa, me sorprendió que me devolvieran casi toda la fianza, aunque me costó un buen rato de negociaciones y estar muy atento a sus números, pues casi me tangan 1.000 yuanes del contador del gas. En fin, un horror.

Ésta es la empresa, y os sugiero que si veis ese logotipo huyáis corriendo.

Para encontrar mi nueva casa, use una empresa de búsqueda de pisos por internet que se supone es de un poco mejor calidad que la media pequinesa, llamada Ziroom, que forma parte de la inmobiliaria Lianjia (si vivís en Pekín habréis visto por todas partes sus establecimientos de color verde). Aparte de la comodidad de buscar por internet, no te cobran tanto por encontrarte piso, te ofrecen internet gratis, sus casas suelen estar todas recién pintadas y amuebladas, y parecen menos mafiosos, aunque os reconozco que también lo he pasado muy mal con ellos a la hora de firmar el contrato y pagar. Al ser todo con ellos por internet, el pago también debe hacerse por esa vía, lo cual me costó una semana de visitas al banco para activar la banca online, decenas de intentos de pago fallidos, la rabia de perder una de las casas que ya había escogido porque con tanto pago fallido otro se me había adelantado… Mucha desesperación y muchos nervios, esos sentimientos que siempre te acompañan en una mudanza, por más que te prepares contra ellas. En fin, al menos hoy no estoy durmiendo en la calle, y aunque sea en el Pekín suburbano, me siento cómodo, confío en que la sensación dure.

1 Comment

  1. Enviado por Jose (Melilla)
    (Contacto Página)
    Ya nos contarás como se aclimata ONCE

    ~~~
    Enviado por ChinoChano
    (Contacto Página)
    pues de momento ladra demasiado cuando oye a los vecinos en el pasillo hacer ruido, pero el jardín por el que pasea mola más que el de antes. Hay menos tráfico, pero debe tener cuidado porque aún pasa de vez en cuando alguna bici eléctrica. Extremaremos la precaución.

    ~~~
    Enviado por Adrián Martínez
    (Contacto Página)
    ¡Vaya con las mudanzas pekinesas! Suena bastante insufrible.
    Por otro lado, andaba ya pendiente sabiendo que este mes cae una fecha señalada dentro de la historia del blog, y me alegra saber que cuentas con permanecer un añito más. ¿Seguiremos atentos a chinochano.zoomblog.com otro añito más?

    Un saludo y que todo vaya bien con el piso nuevo 😉

    ~~~
    Enviado por ChinoChano
    (Contacto Página)
    Pues sí, son un coñazo, aunque me ha tocado alguna que otra en España también, y me temo que el dolor de las mudanzas es algo universal… En China agravado quiza por aspectos como las dificultades idiomáticas o algunos tratos desiguales chino-extranjero, pero en fin, precios que hay que pagar por ser un blanco en China (en otras cosas somos privilegiados).

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.