Épica en suspensión

En la provincia central china de Sichuan, junto a la localidad de Luding y en una zona habitada principalmente por tibetanos, hay un espectacular puente colgante de unos 100 metros de longitud que para los chinos tiene mucha importancia histórica y emocional. Para ellos, esa estructura fue escenario de un episodio de valentía y arrojo que nunca jamás se vio o se verá en un puente colgante (la única excepción podría ser la famosa escena de Indiana Jones en el Templo Maldito).

El puente cruza el río Dadu, un subafluente del Yangtsé, se construyó hace más de 300 años, en 1701, y fue protagonista de una de las batallas más famosas de la Larga Marcha, aquel éxodo de más de 10.000 kilómetros que las milicias comunistas hicieron entre 1934 y 1935 mientras eran perseguidas por el Kuomintang. Como este año se celebra el centenario del Partido Comunista de China, hechos como la Batalla del Puente de Luding son estos meses muy recordados por la prensa oficial de ese país.

La famosa batalla ocurrió el 29 de mayo de 1935, cuando Mao Zedong ordenó a sus tropas que tomaran el puente, entonces en manos de señores de la guerra aliados con el Kuomintang de Chiang Kai-shek. Al parecer, el ejército comunista necesitaba cruzar el río en su huida, no había barcos suficientes para trasladar de una orilla a otra a las tropas rápidamente, y la única vía posible parecía ser ese viejo puente.

La leyenda dice (porque la batalla está rodeada de leyenda) que en un momento de los combates 22 soldados se subieron al puente agarrándose por sus cadenas (los señores de la guerra habían quitado la mayoría de los tablones de la estructura para dificultar el paso) y desde allí pegaron tiros, esquivaron otros y en definitiva combatieron como jabatos, junto a sus compañeros en la orilla, hasta que al final el puente se «conquistó» y las fuerzas de Mao pudieron proseguir su lento camino a la gloria (lento porque tardaría otros 14 años en ganar la guerra civil contra Chiang Kai-shek, en ese momento apenas estaba construyendo su liderazgo sobre las guerrillas).

Aquella batalla fue convertida en uno de esos actos épicos, agrandados por la propaganda, que ayudó a construir el comunismo chino. Se estudió en los libros de texto chinos, inspiró canciones, películas y poemas, se hicieron de ella decenas de cuadros y posters, y adornó tanto sellos de correos como pins de Mao.

Como suele pasar en estas hazañas bélicas, existe la sospecha de que el hecho se exageró bastante con respecto a lo que realmente ocurrió: algunos dicen que el puente no estaba demasiado vigilado y fue fácil tomarlo, o que la batalla realmente importante ese día (que ganaron igualmente los comunistas) se libró a unos kilómetros de allí, en la misma ciudad de Luding, aunque la propaganda olvidó durante años ese hecho para darle más enjundia a la épica escena de los 22 soldados agarrados a las cadenas del puente.

De muchos de esos soldados no se apuntaron los nombres, así que quedaron como héroes anónimos: los que sí dejaron su nombre en la historia morirían años después, en las largas guerras que aún le quedaba librar a los comunistas, bien contra japoneses o bien contra los nacionalistas.

Después de pasar por debajo de este puente de glorioso recuerdo para el comunismo chino, el río Dadu sigue discurriendo por las montañosas zonas del oeste de Sichuan hasta acabar desembocando en el Min, afluente principal del Yangtsé. El lugar en el que se unen estos dos ríos también es famosísimo para los chinos, pero no por cuestiones de la historia reciente, sino porque allí está el Buda Gigante de Leshan, uno de los grandes monumentos del país. Como me gusta decir… con él nos despedimos.

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