Escribe de China si quieres un Goncourt

Está la semana muy literaria en esta web, porque si hace unos días hablé del cierre del café-librería pequinés The Bookworm, famoso por sus tertulias literarias, hoy voy a hablar brevemente del Premio Goncourt, que se ha fallado esta misma semana, y de su curiosa «relación» con China. Ahora que estoy viviendo en territorio francoparlante, me llegan más este tipo de noticias.

El Goncourt, seguramente el más prestigioso premio literario en francés, se concede cada año desde 1903 a una novela, por lo que podría compararse con nuestro Premio Planeta español, aunque en el caso del Goncourt no lo concede una editorial para publicarlo ella misma, sino que es decidido por una «miniacademia» de 10 prestigiosos escritores en francés, así que es un poco menos comercial y más intelectual, al menos sobre el papel.

Grandes escritores se han llevado este premio en sus más de 100 años de existencia, aunque fuera de Francia creo que los que más nos sonarán son Marcel Proust, que Lo ganó en 1919, André Malraux (en 1933), Simone de Beauvoir (en 1954) y Marguerite Duras (en 1984). Curiosamente, al menos tres de las cuatro novelas premiadas que les valieron este galardón tienen un importante vínculo con China.

El ejemplo más claro es La condición humana, el libro por el que Malraux consiguió el Goncourt de 1933, y que está ambientado en los sangrientos días de las purgas de Chiang Kai-shek contra los comunistas en el Shanghai de 1927. Intenté leerlo sin éxito, su prosa es complicadilla.

Por su parte, Duras ganó en 1984 con la novela El amante, que cuenta la historia de amor entre una adolescente y un comerciante chino bastante más mayor que ella en la Indochina francesa de antes de la Segunda Guerra Mundial. Yo no lo he leído, pero lo regalé hace muchos años con torpes intenciones románticas (además la versión original en francés). También he visto la muy decente adaptación al cine de la novela, dirigida por Jean-Jacques Annaud y con el hongkonés Tony Leung en el papel de novio.

En tercer lugar, Simone de Beauvoir logró en 1954 el premio a la mejor novela francesa del año por Los mandarines, una obra cuyo nombre alude a los intelectuales chinos de la época imperial, aunque en realidad el libro versa más bien sobre los intelectuales franceses de posguerra, entre ellos la propia De Beauvoir o su igualmente famosa pareja, Jean-Paul Sartre. Taaaampoco he leído esta obra (estoy quedando como el zopenco que soy), pero quizá el título es una especie de comentario irónico sobre el modo de pensar y vivir de esos intelectuales, quizá algo alejados del resto de la sociedad, a modo de los mandarines de la antigua China.

En cuanto a Marcel Proust, su premio de hace ahora un siglo fue por A la sombra de las muchachas en flor, que en realidad sería sólo una de las muchas partes de su magna obra En busca del tiempo perdido. Aquí no sé si hay conexiones chinas, pero dado lo mucho que escribió el bueno de Marcel sólo por lo que le inspiraba el sabor de una magdalena, a lo mejor sí que hay algo chinesco en alguna de sus cientos de páginas.

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