Eso sí que es vivir cerca del metro

A lo mejor muchos conocéis o habéis oído hablar de las locuras urbanísticas de Hong Kong, una ciudad que debido a la falta de espacio y a la complicada orografía donde está, con montañas y acantilados, es un inmenso laberinto de rascacielos con cuestas arriba y abajo, escaleras, túneles, pasos elevados y subterráneos. Pasear por Hong Kong es casi como hacer parkour: te va a tocar subir y bajar innumerables veces, hasta para ir a sitios aparentemente relajantes como el zoológico (el  de Hong Kong es el único zoo que conozco que tiene pisos) o el campus de su universidad, que tiene la biblioteca en una plaza situada unas siete plantas más arriba que su paraninfo.

Pues si loca es Hong Kong, aún más lo es la menos conocida Chongqing, una ciudad del centro de China, a orillas del Yangtsé, que también está edificada con rascacielos sobre colinas (en este caso fluviales) y donde la psicodelia urbanística es igual de delirante, o incluso más. Yo la visité en 2013, apenas unos días, pero los suficientes para acabar maravillado por la insensata y a la vez brillante mente de los arquitectos o planificadores urbanos que contribuyeron a hacer esa inmensa urbe de complejas subidas y bajadas. Un lugar donde la zona de bares y restaurantes del centro, por ejemplo, tiene unos nueve o 10 pisos desparramados en una ladera a orillas del río Yangtsé, coronados por un barco pirata en el último de ellos. Insano pero magnífico.

Centro de la ciudad

En la prensa ha aparecido estos días un ejemplo de la locura de Chongqing: un monorraíl que pasa por el interior de una vivienda residencial. No debe ser nuevo, porque creo que pasé por ella en mi viaje a la ciudad, pero por lo que sea ha llamado ahora la atención desde fuera y se ha publicado hasta en la prensa anglosajona.

El tren atraviesa un edificio de 19 pisos, y como puede verse lo hace a escasos metros de casas en las que vive gente. Dicen en la ciudad que tiene acoplados sistemas de reducción de ruido que consiguen que los vecinos que allí viven casi ni se enteren del paso del transporte público. Quizá tienen el andén entre la cocina y el cuarto de estar, y por lo menos para ir a la oficina diariamente les viene muy bien.

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