Esperando en el aobao

Hace unos días subí a lo alto de la sierra de Jura, aquí en la frontera franco-suiza donde vivo, para contemplar las espléndidas vistas que desde allí hay de Ginebra, el lago Lemán y los Alpes. Además de ver todo eso, me encontré en la cima con alguna que otra pila de piedras claramente hecha por seres humanos, no por la naturaleza, algo que es bastante frecuente ver por esta zona tan montañosa del centro de Europa a nada que subas a un sitio alto.

Hace años que se ven este tipo de pilas pétreas en las montañas europeas, y creo que es por influencia de Oriente, pues en Asia tibetanos o mongoles llevan siglos haciendo este tipo de estructuras en las montañas. Son lo que los mongoles llaman ovoo, y los chinos, adaptando esa palabra al mandarín, aobao (敖包).

Los ovoos o aobaos son estructuras que idearon las religiones chamánicas para rendir culto a la montaña, el cielo, la naturaleza en general, aunque fueron adoptadas por el budismo posterior y actualmente en muchos casos tienen sobre todo una finalidad decorativa. Si te encuentras con uno, lo más correcto es dar tres vueltas caminando alrededor de él en la dirección de las agujas del reloj, y añadirle por tu cuenta alguna piedra para que siga agrandándose. Os explico todo esto porque no es fácil encontrar información de estas estructuras en Google: buscando «aobao» te suele redirigir a Taobao (el Amazon chino), y si buscas «ovoo» te va a llevar a la plataforma de videochat Oovoo, una antecesora de Zoom que ya no existe.

Pueden encontrarse bellos aobaos, decorados con banderitas religiosas y cuerdas, en muchas montañas de China, especialmente en el oeste y norte del país, aunque como pasa en Europa, la moda ha llegado a muchos otros lugares. Aunque en China lo más famoso en relación con los aobaos es una canción que casi todos los chinos conocen y saben cantar: Aobao Xianghui (que puede traducirse como «Cita en el aobao»). Os la pongo a continuación, y muchos notaréis que tiene aires mongoles: salvando las distancias, es como una especie de jota, muy pulmonar, y ése es el tipo de música que les gusta a los hijos de Gengis Khan.

La canción se suele cantar como veis a dos voces, una masculina y otra femenina, porque relata una cita de un hombre y una mujer junto a un aobao, en lo alto de una montaña, o mejor dicho, la víspera de la cita y los nervios a medida que se aproxima. Primero canta el hombre, explicando que lleva tiempo esperando en el aobao, que la chica no llega, que se está poniendo del hígado… y luego la chica canta pidiendo paciencia a su amado. Vamos, la historia de todas las citas que hemos tenido en la época anterior a los móviles, que algunos la hemos vivido.

La canción fue compuesta en los años 50 del siglo pasado, para acompañar a una película china de la época que podría traducirse como «Pobladores de las praderas». Aquí podéis escuchar esa primera versión, para que podáis comparar:

Seguramente la canción está basada en anteriores melodías mongolas, así que también es recomendable oír la versión que de ella hay en ese extraño idioma, aunque es posterior a la original en mandarín:

Es frecuente que la canción sea llamada en muchos lugares de internet «Cita en la yurta», «Espérame en la yurta», y cosas así, pero es un malentendido. De hecho, yo he vivido en ese error durante años y pensaba que los chinos a las viviendas nómadas mongolas las llamaban aobao, pero no es así, las denominan menggubao (蒙古包).

Por cierto, que el carácter «bao» (包), que hay al final tanto de las palabras aobao como menggubao, no es otra cosa que la forma en la que los chinos llaman al pan, una palabra que como os conté hace un tiempo tomaron del portugués. Es gracioso comprobar que para un chino una yurta (que los mongoles llaman «ger») se parece mucho a sus panecillos, tanto en forma como en color: de ahí vendrá seguramente esta similitud lingüística.

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