Europa wuhanizada

Me quedé corto en el anterior post: ya no sólo se han establecido cierres obligatorios y confinamientos en casas en Madrid, sino en toda España con la imposición del estado de alarma, a imitación de Italia y de la provincia china de Hubei, de la que es capital Wuhan. Y en el resto de Europa, que ya se ha convertido en el nuevo epicentro de la pandemia, van camino de lo mismo, salvo Reino Unido, que ha decidido de forma muy preocupante rendirse y dejar que el virus vaya a sus anchas. Esperemos que corrija a tiempo cuando los casos aumenten.

En Francia (donde vivo) y Suiza (donde trabajo) aún no se ha declarado el estado de alarma a nivel nacional pero creo que se va camino de ello: en mi caso la próxima semana yo ya trabajaré mayormente desde casa y saldré lo mínimo, después de haber estado varios días asombrado de que Naciones Unidas no parara las máquinas y siguiera abrumándonos con ruedas de prensa e informes, cuando salta a la vista desde hace dos meses que en lo que teníamos que centrarnos era en lo que decía a unos metros de ahí la Organización Mundial de la Salud.

Ya lo has oído en miles de sitios, pero creo que nunca se repetirá lo suficiente: en la medida de lo posible, tú también, quédate en casa. No sólo para no contagiarte (si eres joven quizá el coronavirus para ti sólo supondría unos días o semanas en cama) sino para no contagiar a otros con más riesgo que tú, personas a las que el virus les podría causar una neumonía y la muerte, por no hablar del peligro de colapso que corre el sistema sanitario entero por la oleada de casos.

Hay ya más de 5.000 muertos en el mundo, aunque seguramente quedan muchos más por lamentar, y seguramente no será hasta dentro de meses o años, cuando podamos hacer balance más tranquilamente y los científicos lo estudien bien, cuando podamos medir lo que realmente ha impactado el COVID-19 en el planeta. Hasta la pandemia de gripe A de 2009, que muchos se tomaron a cachondeo, fue más grave de lo que nos han pintado: estudios en años posteriores aseguran que contrajeron la enfermedad entre 700 y 1.400 millones de personas (un 10 por ciento de la población mundial) y entre 150.000 y 575.000 murieron. El COVID-19 se muestra más contagioso y tiene índices de letalidad más altos que la gripe A. No hay que tenerle pánico, pero hay que tenerle respeto, y hacer todo lo posible por frenarlo, primero intentando no contraerlo y, si te pilla, intentar no transmitirlo.

Estos días de ansiedad y titulares que nunca imaginaríamos haber leído salvo en tiempos de guerra, con el mundo paralizándose poco a poco, se agradecen los memes de Whatsapp y hasta el hilo de Twitter, que en el apartado de trending topics ha dejado de ser el linchódromo que es habitualmente y se ha convertido en un buen vehículo de concienciación y servicio público con lemas como #Quedatencasa o #nosonvacaciones. Especialmente importante en zonas donde hay más contagios, como Madrid.

En fin, reitero lo dicho en el anterior post: con paciencia, responsabilidad ciudadana de todos y política de Estado, no de partidos (anotad a los que hagan partidismo estos días para no votarles nunca más en la vida) lograremos lo que ya se ha conseguido en países como China y Corea del Sur, una paulatina reducción de los casos diarios que nos permita ver la luz al final del túnel. Costará sacrificios, pero es por lo que tenemos que luchar.

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