Evocaciones del Tío Tom desde Java

Hola después de un montón de días sin postear… Sigo de vacaciones por Indonesia y, con el portátil que me traje estropeado desde el primer día, se ha hecho complicado actualizar el blog. Unos días me faltó tiempo, otros días un cibercafé, y para empeorar las cosas ayer el servidor del blog estuvo averiado. En fin, para eso están las vacaciones, para hacer el vago, blogueo incluido.

Ya pondré fotos del viaje cuando regrese a Pekín, más o menos a mediados de febrero, pero de momento adelanto que una de las cosas más interesantes que he visto en Java fue el ballet Ramayana en Pranbanan (algún lector o lectora me lo había recomendado ya, con buen tino). Es importante en este ballet (y en muchos otros) tener un folleto explicatorio que te cuente lo que estás viendo en cada acto, porque así se disfruta considerablemente más y se pilla la historia, que en el caso del Ramayana es bien complicada, llena de personajes humanos y no humanos.

Ésta gran epopeya del sur de Asia (en este sentido comparable a la homérica Odisea en Occidente, o al Viaje al Oeste chino) se representa todos los días junto al templo hindú de Pranbanan, en las afueras de Yogyakarta, Java central. En verano (estación seca) se representa al aire libre con el espectacular templo de fondo, algo que debe ser espléndido, pero yo no tuve la misma suerte -desventajas de venir en la estación lluviosa, temporada baja- y me tuve que conformar con verlo en un pabellón cubierto, aunque fue fantástico en todo caso.

Viendo el ballet me acordé de una de mis escenas favoritas del cine de todos los tiempos: la escena de La Pequeña Casa del Tío Tomás, en el musical de los años 50 «El Rey y Yo» (el de Yul Brinner, ojo, no la película homónima y no musical que protagonizó Jodie Foster décadas después). Si no habéis visto este clásico del cine (y de los musicales) debéis hacerlo inmediatamente, aunque sea sólo por esa escena.

Resumiendo un poco la historia, que está basada en hechos reales: la profesora que llega a Bangkok a finales del siglo XIX para enseñar cultura occidental en la corte del rey de Siam habla al rey y a su corte del famoso libro «La Cabaña del Tío Tom», sobre la lucha contra el esclavismo. La corte siamesa se queda prendada por la historia y decide convertirla en un ballet tradicional de los suyos, pero claro, interpretándola a su manera.

El resultado es una mezcla espectacular de Oriente y Occidente, emocionante y maravillosa. Soy consciente de que los coreógrafos de la película y el musical de Broadway no eran tailandeses, eran americanos (creo que los mismos que los de West Side Story), pero en todo caso supieron meterse muy bien en la piel de un tailandés del siglo XIX que intenta entender a su manera una historia americana. A mí al menos me encantó.

No puedo encontrar en YouTube la escena (por cuestión de derechos de autor, imagino), pero sí muchas adaptaciones, os pongo una a ver si os gusta (no la puedo oír en este cibercafé balinés, lo siento si no es buena versión).

Al parecer, los bailarines de la versión original, en el musical y la película que lo adaptaba, tuvieron que ser japoneses y japonesas, porque en Tailandia esa película, entonces y ahora, está muy mal vista porque trata con humor la sagrada figura del rey. En todo caso, y aunque quizá la película trata con algo de superficialidad el asunto (normal, tratándose de un musical de Broadway y luego de Hollywood) creo que la escena de La Pequeña Casa del Tío Tomás es una maravillosa poesía, y una de las mejores uniones entre cultura occidental y oriental que he visto en la pantalla grande.

¡Sé el primero en comentar!

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.