Extraño fin para el tormentoso Sun Yang

El viernes, 28 de febrero, el Tribunal de Arbitraje Deportivo de Lausana endosó un fortísimo varapalo al deporte chino al sancionar con ocho años sin poder competir al nadador Sun Yang por haber destruido -a martillazo limpio- unas muestras que le habían tomado en un control antidopaje hecho por sorpresa en su casa a las 10 de la noche. Salvo que algún recurso judicial de última hora le salve, esta sentencia supone de facto el final de la carrera deportiva del mejor nadador de la historia de China, que seguía ganando oros olímpicos y mundiales a sus 28 años pero no creo que pueda regresar a la elite a los 36. Amargo final de una carrera deportiva que, todo sea dicho, ha estado llena de polémicas, enfrentamientos con otros nadadores, salidas de tono y disgustos en general, lo que no impide que la mayoría de los chinos hayan recibido la noticia con gran tristeza.

Sun, para que os hagáis una idea, ocupaba actualmente el puesto honorífico de «mejor deportista chino del momento», que en años pasados de este siglo ocuparon otros héroes nacionales como el atleta Liu Xiang, el baloncestista Yao Ming o la tenista Li Na (quien por cierto, es de Wuhan, ciudad tristemente famosa este año). Con la retirada forzosa de Sun, China queda un poco huérfana de grandes atletas mediáticos tanto dentro como fuera del país.

Su carrera deportiva, la voy a ventilar en un párrafo para no aburrir, pero es magnífica: tres oros, dos platas y un bronce en dos Juegos Olímpicos (Londres 2012 y Río 2016 ), y once oros, dos platas y tres bronces en los Mundiales de la última década, desde Shanghai 2011 a Gwangju 2019. Su especialidad fue el estilo libre, y si bien destacó sobre todo en largas distancias en los primeros años (800 y 1.500 metros), en los últimos años su dominio había llegado a pruebas más cortas y atractivas, como el 200 y el 400. Mantiene el récord mundial de 1.500 metros desde 2012, y también tiene el tercer mejor tiempo de la historia en 800 y en 400 metros, y el séptimo en 200.

Ninguno de estos honores lo pierde con la sanción, que le castiga por una violación del código de conducta en el sistema de controles antidopaje pero no detectó que Sun se dopara en ninguna de todas estas victorias y records, por lo que continuarán en el palmarés internacional.

El problema con Sun, un problema que siempre extenderá una inquietante sombra sobre esta envidiable repisa de trofeos, es que sobre él, no sabría decir si de forma justa o injusta, siempre pesó y pesará la fama de tramposo y de mal compañero. Una fama, dicho sea de paso, mucho más extendida fuera de China, especialmente en países muy fanáticos de la natación como Estados Unidos o Australia, que dentro del país asiático, donde ya os comentaba que es todo un héroe nacional.

Los problemas de reputación para Sun comenzaron muy pronto, en 2013, y primero en su propio país. El nadador estaba en un gran momento de ascenso, le acababan de nombrar deportista del año 2012, y se le debió subir a la cabeza, porque en febrero de 2013 protagonizó una primera polémica con su entrenador y el centro de natación de Hangzhou al que estaba adscrito. Le acusaron públicamente de faltar a sesiones de entrenamiento, de distraerse con actividades publicitarias y con chicas, tras conocerse que tenía un romance con una azafata (en China a los deportistas de elite casi no se les deja tener pareja, o si la tienen deben llevarlo en secreto). Como resultado, se le prohibió durante un tiempo participar en actividades publicitarias. Años después se publicó que Sun había dejado embarazada a la azafata y ésta criaba al hijo de ambos sin ayuda del padre, esto ya es salseo puro y no puedo prometer que sea cierto.

Portada de una revista de moda en 2012.

En noviembre de ese mismo año, Sun volvía a los titulares de los medios chinos por razones extradeportivas, después de chocar con el Porsche Cayenne que conducía contra un autobús en Hangzhou. Lo más grave del asunto es que Sun Yang ni siquiera tenía carnet de conducir en aquel entonces, el coche era de un amigo suyo, y tuvo que pedir perdón públicamente por su gamberrada, que le costó una semana de detención y una multa de 5.000 yuanes.

Así se lo devolvió al amigo.

En 2014 llegó lo que realmente le separaría de muchos nadadores en futuros Mundiales y Olimpiadas, especialmente sus rivales extranjeros: la agencia antidopaje china, la CHINADA (si os hace gracia el nombre, recordad que la de Estados Unidos se llama USADA, y la de Australia ASADA), le sancionó con tres meses sin poder competir por dar positivo con trimetazidina en los campeonatos nacionales. La sanción se impuso en mayo, pero CHINADA sólo informó de ello en noviembre, cuando Sun ya había cumplido los tres meses de castigo, lo cual quedó muy feo tanto para Sun como para la agencia china. El nadador alegó que había tomado un fármaco con esa sustancia para reducir las palpitaciones cardiacas que padece desde adolescente, y que la trimetazidina llevaba sólo unos meses en la lista de sustancias prohibidas, lo que seguramente le sirvió para que la sanción fuera reducida y casi clandestina, pero dejó una mancha que sus rivales nunca olvidarían.

Sería el único positivo que Sun dio en toda su carrera, y el nadador dice que es uno de los nadadores que mas tests antidopaje ha tenido que pasar (más de 200 según su propio testimonio), pero las sospechas sobre su persona empeorarían en 2015, en los Mundiales de Kazan. Sun ganó en ellos el oro en los 200 y los 400 libres, y era el máximo favorito días después en la final del 1.500, su gran especialidad en aquel entonces (era vigente campeón olímpico y mundial). Para sorpresa y pasmo de todos, Sun, obviamente clasificado para la final, no se presentó a ella. Sun argumentó que se había sentido mal a última hora, otra vez problemas con el corazoncito al parecer, pero muchos medios se cebaron con él y señalaron que el nadador quizá no compitió porque sabía que podría dar positivo en el test posterior y eso le quitaría los dos oros ya ganados.

En ese mismo mundial tuvo un rifirrafe con una nadadora brasileña en un entrenamiento, se debieron dar sin querer en la piscina, nada grave pero un granito más para darle fama de «enfant terrible».

En 2016, Sun compitió en sus segundos Juegos Olímpicos, los de Río, y se llevó un oro y una plata, pero también ganó una némesis de por vida: el nadador australiano Mack Horton, desde entonces su más encarnizado crítico y enemigo.

Parece que todo comenzó, como con la nadadora brasileña de 2015, en la piscina de entrenamiento que tienen que compartir los nadadores: un salpicón, quizá un manotazo, enfadó a uno con otro. Pero la situación explotó después, en la rueda de prensa que ambos compartieron tras la final de los 400 metros (Horton fue oro y Sun plata), donde el australiano llamó públicamente a su rival chino «drug cheat» (no sé si traducirlo como «drogata tramposo»), recordando la sanción de 2013. Aquello por poco no llegó a conflicto diplomático entre China y Australia: las redes sociales chinas insultaron y amenazaron en masa a Horton, desde entonces persona non grata en el país asiático, y en Australia desde entonces Sun Yang es poco menos que el demonio.

En septiembre de 2018 llegaría el control antidoping que a la postre arruinaría la vida de Sun, cuando un equipo de cuatro «vampiros» llegó a las 10 de la noche a su casa para hacerle un control por sorpresa. Los detalles de aquel incidente no están del todo claros si se leen las noticias que los cuentan (a lo mejor sí se entera uno escuchando las 11 horas del juicio que el año pasado se celebró en Suiza al respecto, pero yo no lo voy a hacer). Por lo que he creído entender, Sun sí se hizo a regañadientes muestras de sangre y orina, pero luego se encaró, él o alguien que estaba con él, con el equipo antidopaje, al que acusaron de no tener los certificados oficiales necesarios para poder hacer ese test. Todo degeneró en un rifirrafe, y en la famosa destrucción a martillazos de los tests, dicen que no por parte del mismo Sun Yang, sino de alguien de su entorno, quizá un entrenador o un ayudante.

El incidente fue juzgado primero por la Federación Internacional de Natación (FINA), que se puso de parte de Sun, aseguró que los «vampiros» no tenían la certificación necesaria, y permitió que el nadador chino siguiera con su carrera. Pero la siguiente gran cita para Sun, los Mundiales de Gwangju del pasado año, fueron para él una verdadera pesadilla, aunque ganara dos oros. En los dos podios que hizo tuvo enfrentamientos abiertos con sus competidores. Primero en el 200 libre, donde uno de los ganadores de bronce, el británico Duncan Scott, se negó a estrechar la mano del nadador chino, o a fotografiarse con él en el podio. En respuesta, Sun tampoco le saludo, y le dijo delante de todo el mundo: «yo he ganado y tú eres un perdedor». El público le abucheó.

Días después, un incidente similar se repetía en la entrega de medallas de los 400 libres, donde Mack Horton, quién si no, se negaba a subir al mismo podio que Sun o a darle la mano. La enemistad de años volvía a hacerse patente.

La sentencia de esta semana, dicen los medios sobre todo en Australia, da la razón a Horton tras años de criticar a Sun en los medios y desairarlo públicamente.

Sin embargo, yo creo que deberíamos recordar que la sanción final, durísima como pocas, no ha sido exactamente por doparse, sino por destruir muestras de un control antidopaje. Algo tendría que esconder, dirán algunos, pero en todo caso ahí está el matiz.

Por otro lado, como sea verdad que algunos problemas de Sun Yang con los controles tuvieran su origen en una dolencia cardiaca, algunas críticas posteriores serían muy injustas.

Hasta aquí termina por ahora el drama Sun Yang, aunque conociendo al personaje, aún podría dar para algún que otro párrafo. Y si fuera estadounidense, ya se estaría preparando una serie de Netflix sobre su azarosa vida.

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