Galletas filosóficas

Hace un par de meses el Museo Guggenheim de Bilbao decidió colocar en la ciudad vasca unas máquinas expendedoras de galletas de la fortuna para promocionar una exposición sobre arte chino en el titánico museo (digo titánico porque sus paredes exteriores son de titanio).

En la máquina expendedora, una famosa foto de Ai Weiwei rompiendo un jarrón chino.

La noticia me llevó a señalar en Twitter que en mis casi 17 años de estancia en China jamás había visto una de esas galletas de la fortuna, porque en este país hasta hace poco bastante enemigo de lo dulce son algo exótico cuando no desconocido. Esas galletitas se inventaron en California, y al parecer se comenzaron a vender en restaurantes chinos de allí, por lo que algunos las asocian erróneamente con China, cuando en realidad son más bien propias de la comunidad china en EEUU, como mucha de la gastronomía de los restaurantes chinos que se han extendido por medio mundo. Algunos incluso afirman que ni siquiera eso, que fueron los japoneses los que las inventaron allí (y apostaría a que sí, tienen un aspecto minimalista muy nipón).

De todos modos, tengo que matizar mi tuit y señalar que mi afirmación ya no es cierta, pues el pasado sábado, en una exposición de un artista español en Caochangdi (curiosamente, muy cerca de la casa de Ai Weiwei) había galletas de la fortuna, y por fin pude ver cómo eran y a qué sabían:

Creo que el artista era plenamente consciente del choque cultural, y lo buscó en parte.

Por supuesto, en el interior de las fortune cookies había un papelito con un pensamiento digno de Paulo Coelho. Que hablando de todo un poco, siempre me pareció un poco brasas pero justo hoy que ha sido linchado en Twitter me ha empezado a caer un poco mejor, porque yo ya estoy comenzando a pillarle mucha manía a esa red social, lo que por esas cosas de la vida de momento no es incompatible con que la use yo también.

Las galletas de la fortuna son quizá el máximo exponente de supuesto ejemplo de la cultura china que en realidad no lo es o no lo es tanto como se piensa en Occidente, aunque podrían sacarse muchos más. Los rollitos de primavera se comen poquísimo en los restaurantes chinos, al menos los del norte (un poco más en el sur, pero tampoco son un plato estrella, ya que sobre todo se consumen en Vietnam). Sólo se come perro en algunas zonas de Guangxi, Cantón o en la zona fronteriza con Corea del Norte, y es harto difícil que te sirvan carne de este animal en vez de la de cerdo o ternera, porque es más cara (más fácil sería lo contrario, que pidieras perro y te sirvieran cerdo para ahorrarse dinero). Los sombreros cónicos apenas se ven en China fuera de las tiendas de souvenirs o en zonas fronterizas con Vietnam, pues son un atuendo más propio de los campesinos vietnamitas. Otras cosas que en Occidente se atribuyen a China se abolieron, como los pies vendados, el concubinato o la obligación de tener como máximo un hijo (aunque ésta se terminó hace poco, en 2016, y sigue habiendo un límite, de dos).

Con la globalización, estos estereotipos poco a poco van abandonándose, aunque viene bien de vez en cuando recordar su invalidez.

2 Comentarios

  1. Tienes razón. La comida china occidental no tiene nada, o muuuy poco, que ver con la auténtica. Lo de la carne de perro, en la provincia de Jiansu (entre Pekín y Shangai) es más común de lo que pensaba. Hay muchos restaurantes que la sirven y cualquier oriundo sabe reconocerla con tan solo verla emplatada.

    • Sí, bueno también se ve algún restaurante en zonas rurales de Hebei… pero vamos, sigue siendo minoritario y creo que cada vez más, el activismo animalista es de los pocos relativamente permitidos en China y va a más.

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