Gaywan Formosexual

Siento el juego de palabras barato del titular, espero que podáis perdonarme… Aprovechando que este fin de semana se va a celebrar en Madrid el ya mundialmente famoso Día del Orgullo Gay, voy a llevaros con mis palabras a Taiwán, porque la isla se va a convertir muy pronto en el primer lugar de toda Asia en legalizar el matrimonio homosexual. Entre eso y que la isla tiene desde el año pasado una presidenta mujer, Taiwán está adquiriendo un halo de progresismo que compensa algo el aislamiento diplomático que le está imponiendo China.

Las bodas entre personas del mismo sexo aún no son legales en Taiwán, pero una decisión adoptada el pasado mes de mayo por el Supremo de la isla decreta que deberán serlo en el plazo de dos años, y probablemente serán realidad antes de que llegue 2018. La decisión cierra meses de debates parlamentarios en torno a esta cuestión que han estado aderezados con activismo en las calles, tanto de partidarios como de opositores al matrimonio gay (sé que lo ideal en estos tiempos que corren es llamarlo matrimonio LGTB o incluso LGTBIQ, pero creo que este movimiento aún tiene que currarse un acrónimo más pronunciable antes de que lo adoptemos el resto de mortales).

A favor.
En desfavor.

Si en España -uno de los países pioneros en esta materia- se suele considerar como padre de la legalización del matrimonio gay al tristemente desaparecido Pedro Zerolo, en Taiwán si hay que buscar “culpables” habría que acordarse del activista Chi Chia-wei, de casi 60 años y que lleva 30 siendo la voz de los homosexuales en la isla. En los años 80, en un Taiwán que aún era una dictadura del Kuomintang, Chi salió del armario públicamente y levantó la bandera arcoíris.

El día en que Chi salió del armario, aunque quien le acompañaba en el acto reivindicativo (¿su pareja de entonces quizá?) iba tapado por todas las ropas de su armario.

Bandera, la arcoíris, que además para Chi se ha convertido en su atuendo de guerra: desde hace años, suele aparecer en las manifestaciones públicas vestido con túnicas de seis colores, que le han convertido en una cara muy conocida en la isla. El pasado mayo, Chi lloró de alegría cuando el Supremo dio el paso histórico hacia la legalización, y muchos consideraron que sin él nada de ello habría sido posible.

Chi hace unos 10 años.
Chi en la actualidad.

La pronta normalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en Taiwán abre ahora la incógnita de si le seguirán otros lugares de Asia. No va a ser fácil, ya que Oriente es en general una sociedad conservadora y donde la familia tradicional es sometida a una devoción cuasirreligiosa, pero todo es posible en este mundo tan rápidamente cambiante que nos ha tocado vivir.

China y Japón, según encuestas que se han hecho mundialmente sobre el matrimonio gay, son los dos países donde hay más gente indecisa al respecto de la legalización, con porcentajes de no sabe/no contesta próximos al 40 por ciento. Son países donde los homosexuales tradicionalmente no salen del armario, pero también donde la homofobia no es demasiado agresiva (se conocen muy pocos casos de discriminación o agresiones por ser homosexual, tal vez por lo cerrado de sus sociedades, donde a veces la gente no sabe la vida privada de su vecino o hasta de sus parientes).

Países asiáticos fuertemente religiosos -sin importar de qué religión hablemos- como India, Filipinas o los de Indochina podrían tardar mucho en siquiera plantear una discusión pública de esto, pese a que en muchos de ellos la tolerancia a colectivos como los transexuales es de sobra conocida.

Por último, en naciones musulmanas o de la antigua Unión Soviética es hoy por hoy prácticamente imposible discutir siquiera el asunto. Por ahora, el orgullo tiene su bastión asiático en la rebelde y ahora gay-friendly isla de Taiwán.

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