Guerra Mundial C

Mientras en China parece que ya se ha alcanzado el pico de la epidemia del coronavirus, éste parece estar encontrando vías de transmisión importantes en países como Italia, Corea del Sur, Irán, y comienzan a gotear los casos en España. El asunto ya parece salirse de la temática de esta web, porque la epidemia ya no está sólo asociada a Wuhan sino también a lugares tan variados y distantes como Milán, Daegu o Qom. Esto ya es internacional, una Guerra Mundial C (C de coronavirus y de COVID-19).

No es que quiera comparar la actual situación con el apocalipsis zombie que cuentan la estupenda película y mejor libro Guerra Mundial Z, pero al ver lo que está ocurriendo con el coronavirus me acuerdo mucho sobre todo de la novela, porque ésta, os la recomiendo si no la habéis leído, cuenta cómo una epidemia, en ese caso zombificadora, genera pánicos, heroicidades, rendiciones y defensas muy diferentes en las distintas latitudes del mundo. Con la internacionalización del coronavirus, algunas cosas que está provocando me recuerdan mucho al libro.

Por ejemplo, el hecho de que Corea del Norte haya actuado ante el coronavirus igual que como lo hacía imaginariamente en el libro frente a los zombies: cerrándose totalmente al exterior, aún más de lo que lo está normalmente, y esperando a que la tormenta pase (en el libro creo que se metían todos los norcoreanos bajo tierra, no sé si llegarán a tanto ahora).

En Rusia, donde la crisis zombie de la novela creaba una oleada de religiosidad y nacionalismo fanáticos, el coronavirus ha causado tristes escenas de ataques a ciudadanos chinos o con aspecto de chinos, e incluso redadas policiales contra orientales.

Centrándome ya más en el coronavirus y dejando de un lado a los zombies, porque tampoco os quiero destripar el libro, en países como China, Japón o Corea las imágenes que al menos desde el exterior nos han llegado son casi de movilización militar: ya conocéis de sobra las cuarentenas de ciudades enteras, las órdenes de no salir de casa, y eso de ver a todo el mundo con mascarillas desde el día uno (en Japón y China eso no era gran problema, pues ya muchos las usaban antes).

En Estados Unidos, hay mucha politización del asunto, porque Trump está ya en campaña electoral (no sé cómo los norteamericanos pueden aguantar un año entero de campaña cada dos) y garantiza que el país está preparadísimo contra el virus, porque tiene miedo a que éste afecte a la economía nacional y eso le reste votos. No sé si creerle en un lugar donde no hay sanidad pública y muchísimos desfavorecidos tienen que depender prácticamente de atención benéfica, pero en fin, por una vez espero que Donald tenga razón y que los estadounidenses no tengan que sufrir brotes de la epidemia, ni ellos ni nadie.

En Suiza, donde trabajo, todo es pausado, sereno y lógico: ha habido decenas de casos sospechosos, pero no se ha hablado mucho de ellos en la prensa para no causar alarma, y desde ayer ya hay un caso confirmado, pero por ahora todo se toma con mucha calma.

En Irán no sé muy bien cómo está siendo respondida la epidemia a nivel mediático y popular, pero preocupa el desorden de las cifras, pasando de cero casos a decenas en dos o tres días, y mostrando alrededor de un 25 por ciento de mortalidad entre los pacientes iraníes, lo que hace temer que se les están escapando muchos otros casos aún no diagnosticados. Tampoco da mucha confianza que su viceministro de Sanidad sea uno de los infectados por el coronavirus.

Y en países mediterráneos como España o Italia, ya sabéis cómo somos: excesivos. Desde gente en pánico dejando las farmacias sin mascarillas, a otros quejándose de que todo es una exageración, que por qué preocuparse de una «simple gripe». La OMS advierte: no es una simple gripe, su índice de letalidad, aunque pequeño (en torno al 2 %) es mayor que el de la gripe común (sobre un 0,1 %), y por encima de todo lo preocupante es su rápida capacidad de contagio, que estamos viendo en todo su esplendor: en días, por ejemplo, de Milán ha llegado a Suiza, España, Francia, Brasil o Austria, entre otros lugares.

Y me imagino que en otras zonas también se combate el coronavirus con humor, pero me gusta pensar que los españoles somos de los que lo hacemos con más ahínco: el falso perfil coronavírico en Twitter ya se ha vuelto uno de los más populares de la red social, y en el Whatsapp ya nos mandan tontunas dando la bienvenida al COVID-19 con nuestra idiosincrasia.

Lo dicho, que la Guerra Mundial C ya es un hecho, va a tener muchos frentes, y en cada uno se luchará en distintos terrenos y con diferentes armamentos. En todo caso, espero que el virus sea poco resistente al calor y en la primavera nos lo hayamos cargado en todas las latitudes.

3 Comentarios

  1. El libro, buenísimo, nada que ver con la película. Me lo leí 3 veces seguidas en un viaje. Más que recomendable, fácil de leer y muy original la manera de contarlo, tocando muchos perfiles distintos d todo el mundo y condición.

    • Me quedé con ganas de que hablara de más países, pero a mí también me encantó. Lo leí en el viaje que hice hace dos años a la frontera chino-ruso-norcoreana, y los tres países dan mucho jugo en la novela. La historia del padre y el hijo de los submarinos chinos es fabulosa. La peli es completamente diferente, pero también me gustó mucho. Lo que tendrían que hacer es una serie.

  2. …y el origen zombie y su expansión (tráfico de órganos) se supone en China. No hay historia mala y bien documentada (Yonkers, ikikomoris, perros…) micro y macro.

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