Hace 25 años, en un pabellón chino…

Medios y redes sociales nos han recordado hoy que hace 25 años se inauguró la Expo 92, ¿os acordáis de ella? Esa mascota llamada Curro, el pabellón de Oceanía que se quemó (a quién se le ocurre hacer un pabellón de paja en Sevilla), la Nao Victoria que se hundió… ¡Qué recuerdos!

Para mí la Expo 92 es algo muy grande, porque mi familia me llevó a verla, cuando yo tenía 15 añitos y apenas había salido de Huesca, y fue un gran encuentro con muchos lugares del planeta para alguien que ya entonces soñaba con viajar y ver mundo, aunque sin saber si algún día lo lograría. Es cierto que pasé muchísimo calor, que los pies me dolían de andar, que a la vuelta el tren se escacharró y nos pasamos horas y horas esperando en la Estación de Santa Justa, que las colas eran inmensas y que a veces las exposiciones eran un poco plof, pero sólo la emoción de ir a ver algo que tanto salía por la tele ya era mucho para un inocente chaval de provincias como era yo.

Curiosamente, uno de los recuerdos que me quedan de aquella Expo Universal es el pabellón de China, que por fuera no era gran cosa pero dentro tenía un espectacular cine de pantalla redonda y envolvente -espectacular para la época, hoy sería una cutrez- que mostraba imágenes a vista de pájaro de la Muralla China y otros paisajes del entonces exótico e inalcanzable país.

Quién me iba a decir entonces que iba a acabar viendo algunas de las cosas de esa película circular en persona, y es más, que en aquel momento sólo me “quedaban” 10 años en España para ir luego a pasar una temporadita de 15 años en Pekín… La vida es así.

Me quedé con las ganas de entrar en el pabellón de Chile, que decían que tenía un iceberg dentro y se había convertido en una de las grandes atracciones de la Expo 92, pero había mucha cola. En uno de los “pabellones estrella” donde sí entré fue en el de Japón, tan bonico él al estar hecho de maderitas, y recuerdo que la familia tenemos una foto junto a un traje de samurái.

Japón, otro país lejanísimo entonces, que ahora es vecino mío y he visitado en dos ocasiones, pero que sí pudiera visitaría cada mes…

Con aquel viaje, y también con la lectura de “La Ciudad de los Prodigios” de Eduardo Mendoza (premiado hoy con el Cervantes), que habla de las antiguas exposiciones universales de Barcelona, fabriqué en mi interior cierta fascinación por este tipo de eventos, que sacié más que de sobra visitando la de Shanghai 2010 (y en ésa sí que lo vi casi todo, pues tenía pase de prensa y me ahorraba casi todas las colas).

Sé que en los tiempos de internet y de crisis pertinaz este tipo de caros eventos están un poco mal vistos, como las Olimpiadas o los concursos de misses, pero yo, con todo lo izquierdosiento que soy, no puedo evitar quererlos, quizá porque me ligan a la infancia, que ya dicen que es la patria de todos.

8 Comentarios

    • Quizá ése también, pero el de las Islas del Pacífico seguro, que recuerdo ver sus ruinas cuando estuve…

      Estuvo algo gafada la Expo, es verdad, pero es parte de su encanto histórico, cuarto de siglo después.

  1. Que recuerdos Toné.Lo pasamos muy bien.Estaba encantada de que viajarais con la imaginación con vuestro pasaporte .Parece que tu sobrina Carmen y tu aprendisteis mucho.

    • En Shanghai 2010, a la entrada de la Expo, había reventas que te vendían el pasaporte con todos los sellos (puestos por ellos), a precio de oro… ¡Así es China! El del 92 lo tendré guardado por algún lado, y posiblemente de Zaragoza 2008 y de Shanghai 2010 también debo tener, pero no estoy seguro…

  2. Sufrieron incendios tanto el Pabellón de Oceanía como el de los Descubrimientos -el más emblemático de la oferta oficial porque la exposición conmemoraba “La era de los descubrimientos”-. Y ya con la Expo finalizada, años después, se quemó también el Pabellón de Bélgica.

    Efectivamente, la Nao Victoria se fue a pique pero… las carabelas de Colón sufrieron un sonado accidente frente a la costas de Japón. El pobre Curro casi se ahoga.

    Cuenta la leyenda que un político gafe de apellido Yáñez estuvo presente en todas estas tragedias. Que temían mucho sus visitas. 😉

    A pesar de todo fue una gran Expo y muy visitada. Guardo con cariño el pasaporte y algunos recuerdos registrados con una HandyCam como el famoso gigante del Pabellón de Pakistán, el espectáculo del lago, la cabalgata, etc. En mi caso, pude ver el iceberg de Chile pero me quedé con las ganas de acceder al pabellón de Japón.

    Qué recuerdos

    • No lo conté en el post por no alargar, pero la Nao Victoria fue reflotada, costó unos años restaurarla, pero finalmente se echó a navegar y allá por 2005 la llevaron hasta Japón, donde estuvo en la Expo de Aichi. en su viaje de regreso paró en Shanghái, y allí pude no sólo verla, sino montar en ella y ver los camarotes. Otra grandísima experiencia (aunque no tanto como la de mi colega José, que viajó en ella desde Shanghái a Hong Kong).

  3. ¡Hola chinochano! Qué recuerdos de infancia, yo fui una muy afortunada poseedora de un pase de temporada de la expo’92. Vi como el 95% de los pabellones 😀
    Creo que el cine del pabellón de china seguiría siendo espectacular hoy en día. Era un cine en 360 grados donde se proyectaba la pelicula en todas las paredes y habia que sentarse en el suelo.
    El pabellón de japon era uno de los mas cuidados por dentro, creo que fue el culpable directo que desde siempre quiera aprender algo de papiroflexia 😀 El cine Fujitsu que estaba anexado tambien era muy curioso.

    • Es posible, la verdad es que a mí me impactó mucho el cine de los chinos, pero en la Expo de 2010 vi películas en pabellones de Arabia Saudí, los Emiratos Árabes, Australia, que me parecieron mejores. Pero con casi 20 años de diferencia, es difícil comparar.

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