¿Hará más fuerte a China
la Guerra Mundial C?

Hace dos meses el titular del artículo de hoy habría sido atribuido a un loco. En aquel entonces China había puesto en cuarentena una de sus provincias más pobladas, estaba siendo progresivamente aislada por vía aérea, y su gobierno y población habían entrado en modo crisis. La prensa menos original hablaba de «un nuevo Tiananmen para China», de la gota que, esta vez sí, iba a colmar el vaso de su sociedad e iba a acabar quizá con su régimen comunista. Todo ha cambiado desde entonces, casi todo lo que muchos escribimos o dijimos en enero o incluso en febrero ha envejecido fatal, y con países como Italia, España o EEUU sufriendo lo que sufrió Hubei en su día ahora podría ser que en la posguerra que nos espera tras esta terrible lucha contra la pandemia China sea uno de los países que salgan ganando.

En mis conversaciones telefónicas con la familia desde nuestros respectivos confinamientos la idea que domina es la de que esta crisis va a cambiar para siempre el mundo, como cambian las guerras, y aún no sabemos si para bien o para mal. Y una de las preguntas que surgen es si China va a ser a partir de ahora un país dominante y con mayor influencia en la comunidad internacional, después de dos décadas en las que fue creciendo económicamente pero se puso todo lo de perfil que pudo en materia política y diplomática.

Para empezar, al ser China el primer país donde se inició la pandemia, y con sus cifras de contagios relativamente controladas (uno ya no puede fiarse mucho de esos números, pero la progresiva vuelta de los coches y la gente a las calles chinas parece indicarlo así), los países a los que ahora llega lo peor de la epidemia miran constantemente a los chinos en busca de respuestas. Los confinamientos masivos, una medida casi inédita en la historia, se hacen ahora en todo el mundo por imitación de los de Hubei, que en su día algunos vieron como «una intolerable muestra de la falta de libertad del régimen comunista». Ahora todos los consideramos tan necesarios que hemos tuiteado hasta la saciedad con el hashtag #quedatencasa, hemos pedido a todos nuestros familiares y amigos que no salgan ni se junten con nadie, y algunos hasta se han ofrecido voluntariamente a hacer de policías de balcón contra aquel que esté en la calle más de lo debido. «Policía de balcón», una de las expresiones que nos dejará esta pandemia, junto a otras como «antes lamo una barandilla en Wuhan que (póngase aquí algo que no se quiera hacer)».

Por otro lado, en un momento de sistemas sanitarios colapsados, de falta de mascarillas, aparatos de ventilación y otros equipamientos vitales, la llegada de ayuda humanitaria procedente de la comunidad china en los países afectados, o de la China misma, está siendo muy bien recibida, y también está ayudando a mejorar la imagen del país asiático en un momento en el que la situación es desesperada para países como España. Sobre todo en contraposición con la ausencia de ayuda de este tipo procedente de la Unión Europea, o el hecho de que países productores de equipamiento médico como Alemania bloquearan la exportación de éste para concentrarse en el cuidado de sus pacientes.

La reticencia de Alemania y Holanda a aprobar un plan de ayuda para los países más afectados del sur europeo, o las repugnantes palabras de políticos holandeses diciendo poco menos que a los más mayores afectados hay que dejarles morir (lo de «repugnante» no lo digo yo, lo dice el heroico primer ministro portugués Antonio Costa) han vuelto a demostrar que la Union Europea no está en los momentos difíciles con su región menos rica, con el sur. Se ha confirmado que la UE sólo es un mercado común, no una comunidad, y que con esta actitud nunca será una potencia mundial porque ni siquiera sabe hacerse fuerte a sí misma. Se agradecen las palabras de ánimo en español que la presidenta europea Von der Leyen envió para intentar mejorar la imagen de la UE, y sus promesas de ayuda económica a España, pero me temo que han quedado eclipsadas por la más rápida ayuda china y por la imagen de desunión entre norte y sur que se ha dado esta semana.

En cuanto a Estados Unidos, el país lleva una o dos semanas de retraso con respecto a la situación que se vive en España e Italia, pero ya va camino de un confinamiento nacional (con muchas reticencias de estados como Nueva York, pero o lo dicta o está condenado), y con un sistema sanitario público mucho menos desarrollado que el europeo necesitará también ayuda humanitaria internacional, me temo. Ésta también podría venir de China. En la parte buena, Estados Unidos es líder mundial en investigación científica: el liberalismo que perjudica a su salud pública beneficia en cambio a la innovación. Espoleado por ser ya el país con mayor número de contagiados, es probable que redoble sus esfuerzos en la búsqueda de vacunas y tratamientos. Por ello, también hay que poner esperanza en que EEUU contribuya en esta guerra, pero con su actual presidente Trump centrado en ayudar a «America primero», esta pandemia, que ojalá ellos también superen pronto, les podría aislar aún más.

Y cuando la pandemia termine, que esperemos sea pronto, habrá entonces que lidiar con los devastadores efectos de semanas, meses de paralización de muchos países, o de sectores globales enteros como el aéreo o el turístico. Y entonces China podría tener también cierta ventaja: al final, los confinamientos masivos allí sólo se produjeron en una de sus provincias, y lejos de sus grandes centros económicos (Canton, Shanghai, Pekín), mientras que en países como España, Italia o EEUU el coronavirus sí que ha golpeado especialmente a sus zonas más ricas (Madrid, Milán, Nueva York). China podría convertirse antes de lo previsto en la primera economía mundial, y ser vista como la tabla de salvación de sectores productivos destruidos, de millones de desempleados, o de ciudades arruinadas en el resto del planeta. La cuestión es, ¿pondrá China precio político a esa ayuda, como EEUU con su Plan Marshall o la URSS con su liberación del este europeo?

Todo esto no puede hacernos olvidar que hay fuerzas, encabezadas por el mismo Trump, que culpan a China de la actual crisis sanitaria mundial, por la supuesta ocultación del coronavirus en sus primeros días, que permitió, según esas teorías, que se expandiera rápidamente por el mundo. Estas fuerzas podrían conseguir que China no avanzara en la arena internacional, o incluso que retrocediera. La cuestión es que no hay precedentes de que un país haya sido sancionado internacionalmente por el hecho de que una enfermedad comenzara en su territorio. No es fácil considerar la actual situación una «guerra bacteriológica», siendo que además también afectó al país supuestamente acusado.

Tampoco es fácil probar que el ocultamiento que seguramente en los primeros días lo hubo, fuera deliberado y tuviera efectos en la expansión de la epidemia: téngase en cuenta que se trataba de un virus nuevo, por lo que es comprensible que los primeros casos no fueran correctamente diagnosticados, y que se tarda un tiempo en secuenciar su genoma, paso necesario para poder hacer correctos diagnósticos y comenzar a investigar clínicamente tratamientos y diagnósticos. Además, hemos visto que la respuesta ha sido lenta en todos los países, incluso cuando ya se conocía lo peligroso que era el virus. Ninguno -salvo Corea del Norte- está dispuesto a tomar medidas drásticas hasta última hora, cuando sus UCIs se colapsan, porque esas medidas drásticas son un duro precio para su economía.

Lo que sí se le ha de pedir a China, y en eso sí que mi opinión no ha cambiado desde enero, es mayor higiene en sus mercados de alimentación, muchos más controles veterinarios, más castigos al consumo incontrolado de animales salvajes, y escuchar a partir de ahora a los profesionales que en los primeros momentos alerten sobre anomalías en pacientes, en lugar de amenazarlos y acallarlos, como parece haber ocurrido una vez más en esta ocasión. Fin de la censura, y comienzo de la transparencia: si China quiere liderar el mundo surgido tras la Guerra Mundial C, debe enterrar su opacidad.

2 Comentarios

  1. Hay muchas cosas que comentar sobre todo esto, pero, ya lo diré en otro momento, pues a pesar de que estoy en cuarentena en casa y podría sobrarme tiempo, no tengo mucho, pues desde que se inició el estado de alerta que estoy intentando hacer infinitos trámites para tener el paro temporal, alguna ayuda y el crédito ICO del gobierno.Pues hasta la fecha veo que solo enredan y engañan y pierdo tiempo rellenando impresos on line y de momento no saco nada en claro.
    Tengo mi comercio cerrado, sin facturación, con mi mujer en el paro y los pagos van viniendo.Por eso no estoy tan encima de las redes sociales.
    Pero adelanto que aún así me llegan muchas informaciones de amigos, familiares y contactos,de aquí y de China, incluso militares, de que hay algo raro en todo esto, pues algo se cuece, y también la ineficiencia de nuestros gobernantes.Y otra cosa es que se está creando una gran chinofobia que tanto las redes sociales como muchos gobiernos están fomentando.A ver si en breve estoy con más tiempo y explico algunas cosas.Espero que tu y tu familia estéis bien.
    PD.Además de los problemas que esto ocasiona, también me ha cortado el emigrar, pues una semana antes del confinamiento, estaba en tratos con un inversor para vender mi vivienda, iba yo a pasar a ver casas en el Somontano y en breve hubiera estado por allí, que ójala ya hubiera estado, pues el confinamiento hubiera sido muy diferente y habría aprovechado para instalarme con tiempo de sobra.

  2. Lamento que estés en esta situación, los autónomos y las pequeñas empresas son quienes primero van a sufrirla, y seguramente más tarde el resto de la sociedad lo pagaremos también. Van a ser tiempos muy duros económicamente, de momento hay que pensar en no enfermar pero cuando esto pase, esperamos que pronto, habrá que mirar de comer.

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