Hasta siempre, Julong Garden

Esta semana mi vida ha dado un fortísimo vuelco: mi empresa se ha mudado de oficina, abandonando la que teníamos en la zona residencial pequinesa de Julong Garden, cerca del Estadio de los Trabajadores. Para mí es un terremoto vital, porque llevaba más de 15 años yendo a Julong para trabajar, 11 meses al año (bueno, algo menos, pero ya me entendéis). Los rincones de Julong, con sus grandezas y sus cutreces, que de todo había, han sido con diferencia el lugar donde más tiempo he pasado en mi vida. Y seguramente ya no volveré más, salvo este fin de semana para recoger alguna cosilla que me he dejado.

Tres lustros en Julong no se pueden resumir en un post, como comprenderéis. Allí he pasado jornadas oficinescas muy aburridas, pero también grandes momentos. Con mis compañeros de oficina, que han ido cambiando con el paso del tiempo, he compartido de todo, desde discusiones de política española y china a confidencias, risas, anuncios felices y tristes, y por qué no decirlo, también alguna bronca, que el trabajo es lo que tiene. Este texto de hoy quiere servir de homenaje a esa década y media, aunque sea sólo la punta de un inmenso iceberg.

Julong significa, creo, “Asamblea de Dragones”, que podría servirle a George R.R.Martin para título de una de sus novelas de Canción de Hielo y Fuego. Haciendo honor a ese nombre, la puerta principal de la zona residencial la formaban -y la forman, que aunque yo me he ido seguirán allí por mucho tiempo- dos dragones que acercan delicadamente sus cabezas para sostener un círculo en el que hay otro dragón.

Durante la mayor parte de mi estancia allí eran de color gris metálico, pero hace poco los pintaron de amarillo.

Julong en principio no es un edificio para oficinas, sino más bien un complejo residencial (la nueva oficina a la que nos hemos mudado sí es más “profesional”, casi parece que nos hayamos trasladado a Manhattan). Eso, pese a los posibles inconvenientes estéticos, convertía nuestra oficina en casi una segunda casa, en la que, ahora que nos hemos mudado, os puedo confesar que hasta he dormido, durante alguna noticia de emergencia ocurrida a altas horas de la madrugada. Hago un paréntesis para aclarar una cosa: en los 15 años pasados en esa zona residencial, mi oficina estuvo en tres sitios distintos dentro de Julong Garden, así que no es exactamente la oficina propiamente dicha la que me ha tenido como inquilino estos tres últimos lustros, pero el complejo residencial sí ha sido siempre el mismo, por eso homenajeo hoy aquí más el exterior que el interior.

Edificio principal de Julong.

Julong Garden, como muchas zonas residenciales de Pekín, es un recinto cerrado que en su interior tiene algo más que viviendas. En este caso, el lugar cuenta nada más y nada menos que con un muro de nueve dragones, una figura arquitectónica típica de los palacios chinos que no sé sabe muy bien por qué también disfrutábamos allí. Ante ese muro hicimos más de un informe a cámara para las televisiones que lo quisieran emitir.

Además de un muro draconiano había jardines y columpios no siempre muy cuidados, aunque sí puedo decir sin lugar a dudas que en este rincón algo olvidado de Pekín teníamos algunos de los melocotoneros más bonitos del país. Bajo ellos paseé a mi perra en más de una ocasión.

Lo que no había apenas en el complejo, a diferencia de otras áreas residenciales de la ciudad, eran tiendas. En mis 15 años en Julong, el único negocio que ha funcionado dentro del Garden ha sido una peluquería llamada París, que ya estaba cuando yo llegué, y en la que me corté el pelo sólo una vez, porque me pareció demasiado cara y pija como para hacerme asiduo.

Si queréis, nos metemos en el portal donde estaba mi última oficina de Julong y subimos para verla por última vez. En el rellano, llama la atención que hay publicidad hasta en el suelo (la imagen del anuncio es emitida por un proyector en el techo). Los ascensores tenían carteles publicitarias en sus cuatro paredes, incluida la puerta, y en más de una ocasión esos anuncios inspiraron posts.

Y esta es la oficina en la que ya no trabajaremos más… aquí curramos de lo lindo muchos días, y otros no tanto, que la información llega a trompicones, no es constante.

Mi mesa estaba llena de cachivaches que en su mayoría he podido trasladar a la nueva oficina, incluida mi creciente colección de animales que me van regalando en ruedas de prensa y otros eventos periodísticos:

Señal del tiempo que he pasado encerrado allí -y de mi sobrepeso, aunque he perdido algún kilo últimamente- es la marca anular que he dejado durante los últimos años en el suelo debajo de mi silla, al rozarlo con las ruedecillas. Una marca inquietante y que me recuerda a películas de terror japonesas:

En fin, Julong Garden es una gran parte de mi historia, y no quería largarme de allí sin decirle adiós con alguna que otra línea en este espacio.

Y no sólo es parte de mí, a su manera Julong ha tenido alguna que otra vez protagonismo en el devenir municipal de Pekín. El pasado verano, por ejemplo, apareció en la prensa porque se descubrió que 400 inmigrantes estaban viviendo en sótanos de la zona residencial (yo estaba de vacaciones cuando saltó la noticia, aunque tampoco me sorprendió porque durante años las viviendas subterráneas han sido muy frecuentes en Pekín). Además, hace más de 10 años hubo una “revuelta” en el interior de Julong, al parecer por desacuerdos entre los inquilinos y la empresa que administraba la limpieza y los servicios de mantenimiento. También me perdí aquello, así como el día en el que se rodaron en el lugar breves escenas de la película Lost in Beijing.

Julong Garden, he gastado mucho tiempo en tu interior durante largos años, así que creí conveniente emplear una horita más en escribir esto y despedirme adecuadamente. Espero que sigas bien sin nosotros, que tus residentes chinos y franceses te cuiden, y que un día cambien tus feas paredes de mosaicos blancos por algo estéticamente mejor. Te echaré de menos. A veces.

ACTUALIZACIÓN (21-5-2018): Ha sido irnos de Julong, y en el lugar han excavado un inmenso agujero… Creo que piensan que hemos dejado un inmenso tesoro enterrado y se lo quieren agenciar.

2 Comentarios

  1. Precioso artículo.
    Amo a China y te sigo desde hace años.No coincidimos en el ideario político. Pero eso no es una barrera en absoluto para que pueda entender lo que sientes. Lo reflejas a la perfección. China es asi. Y te envidio. Porque a la postre, estas viviendo una aventura.
    Un saludo de una amigo que también es de Zaragoza.

    • Muchas gracias, resalao! No soy de Zaragoza sino de la vecina Huesca, pero vamos, somos hermanos (al menos hasta que nos juguemos el pase a Primera en las próximas semanas).

      Sobre el ideario político, el mío es muy cambiante (el año pasado comulgaba mucho con Podemos mientras que este año me estoy deslizando hacia el pensamiento libertario), así que si alguien no está de acuerdo con mis ideas, que no se preocupe, a lo mejor tres meses después ya coincidimos (hehe).

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