Intolerancia alimentaria

La semana pasada, se levantaba un gran revuelo mundial cuando la FAO (la organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación) publicaba un informe en el que presentaban las bondades de comer insectos y se recomendaba el aumento de su consumo en un mundo con cada vez mayor población y más problemas de suministro de alimentos. Unos 2.000 millones de personas en el mundo, es decir, poco menos de la tercera parte de la población mundial, tienen insectos en su dieta, recordaba el informe.

A mí personalmente no me sorprendió tanto la sugerencia de la FAO como el disgusto con que se recibió, por ejemplo, en España. En los comentarios de las noticias sobre el tema que he leído la gente se rasgaba las vestiduras, gritaba indignada como si le estuvieran haciendo tragar cucarachas con embudo, y hasta algunos lo enlazaban, medio en broma medio en serio, con la supuesta conspiración de los más ricos del planeta para que, tras la crisis financiera, estemos calladitos y seamos sumisos. En este artículo -muy bueno, por lo demás-, tenéis un ejemplo, en las líneas quinta y sexta.

La agresividad que en España hay hacia los hábitos alimentarios de otras culturas es algo bastante curioso y yo diría que ilógico. En un mundo interconectado, donde quien más y quien menos ha viajado ya a muchos lugares, o los ha conocido por la tele o internet, es increíble ver cómo la «intolerancia alimentaria» es muy potente todavía, casi diría que más que la intolerancia religiosa o la racial, que hace tiempo que están ya muy mal vistas. Muchos españoles siguen pensando que las culturas que comen perro (coreanos, chinos del sur), insectos (muchas culturas tropicales) y otros alimentos «asquerosos» son bárbaras por ello, y a la vez que las que no comen cerdo (musulmanes) o ternera (indios) son estúpidas por ello. La intolerancia alimentaria nos lleva a publicar en los medios españoles barbaridades como ésta, que ya motivó un intenso debate en la sección de comentarios de un post anterior.

Mi desacuerdo con la general animadversión española -y a lo mejor también de otras gentes, pero yo hablo de las que conozco- a otros hábitos alimentarios no significa que yo me desayune cruasanes de mantis religiosa. Yo zampo prácticamente lo mismo que un español medio, quizá alguna verdura diferente que sólo hay en China, pero en cuestión carnes soy normalito, como casi todos los pequineses (chinos y extranjeros). He probado la serpiente, el perro, la tortuga, las hormigas, el burro, los escorpiones o los gusanos de seda, pero sólo por curiosidad, y no más de una o dos veces cada cosa, porque no me aficioné a su sabor ni son cosas que venda a diario el colmado de la esquina. De todo ello, quizá, lo que más me gustó fue la carne de burro, pero más por el guiso que por el sabor de la carne en sí.

Tengo gustos españoles, sí, pero no comparto en absoluto esta «intolerancia alimentaria», y no es por vivir en Pekín, una ciudad donde todos los animales del párrafo anterior pueden probarse pero en general sólo forman parte de esporádicas cenas «cachondas», tanto entre chinos como en extranjeros. A mí, particularmente, lo que más me ayudó a abandonar esos prejuicios fue el libro Bueno para comer, de Marvin Harris, en el que se explica por qué unos alimentos son tabú en unas culturas y en otras no. Cada capítulo está dedicado a un alimento, e incluso hay uno dedicado al canibalismo. La conclusión que se extrae del libro es que los tabúes alimentarios nacieron por circunstancias económicas (por ejemplo, en la India comer vacas les arruinaba la agricultura) que los pueblos transformaron en limitaciones religiosas o acompañaron de ideas erróneas (el cerdo es sucio, los insectos nos enferman al comerlos) que calaron en las distintas civilizaciones, creando sensaciones de «asco» que en realidad son culturales, no naturales. Aunque sí parece que el ser humano en general, sea de donde sea, busca animales grandes, para cansarse menos en su cría o caza, por lo demás es omnívoro, su estómago está preparado para comer mucho más variado de lo que come.

Regresando a la cuestión del principio, el consumo de insectos, ¿existe en China? Sí, pero poco. De forma habitual, sólo en algunas etnias del sur de China, en zonas tropicales o subtropicales, donde el clima o las circunstancias les han impedido históricamente tener ganado o cazar animales grandes. En el resto del país, los animales domésticos son corrientes (sobre todo los pollos y otros ganados aviares, de los que hay unos 5.000 millones), así que los insectos no se han comido prácticamente nunca. Los animales pequeños en general no se comen demasiado en China, aunque sí les gustan, como snack, los caracoles -como a nosotros- o los capullos de gusano de seda, aunque los primeros no son insectos.

Si uno quiere comer insectos fuera de las selváticas chozas de una minoría étnica del sur de China, la opción es irse a restaurantes especializados precisamente en comida del sur del país, especialmente restaurantes de comida de Yunnan (la provincia con más minorías). En Pekín, por ejemplo, el restaurante Yunteng ofrece platos con hormigas o escorpiones (éstos últimos tampoco son insectos, pero bueno).

En China, el informe de la FAO también tuvo su impacto, aunque no creó indignación como en España. Sí que hubo bastantes expertos que señalaron que habría que tener mucho cuidado con aplicar eso en China, pero más por los problemas de seguridad alimentaria que tiene el país. Muchos insectos en el país podrían estar contaminados con pesticidas, por ejemplo, y ser nocivos para el ser humano no por su carne intrínseca, sino por estar «espolvoreados» de toxinas creadas por el hombre.

Hay empresarios chinos que han intentado promover la cría de insectos para su consumo, especialmente hormigas, y hace casi 20 años el gobierno chino aprobaba por primera vez la comercialización de insectos. En algunos supermercados puedan verse paquetes de hormigas (criadas en granja), aunque parece ser que no han tenido mucho éxito nunca. Incluso existe una Asociación China de Cría de Insectos Comestibles.

En todo caso, cuando asociamos insectos y China, muchos se acordarán del mercado nocturno de Wangfujing, en el centro de Pekín, que vende pinchitos de caballito de mar, gusano, estrella de mar (una vez más, algunos no son insectos, pero bueno, ya me entendéis)…

Es un lugar curioso pero anómalo, porque en realidad casi ningún pequinés come estos pinchos. Los vendedores allí parece que sólo los ponen para atraer a los turistas extranjeros, que se compran un pincho de ésos para hacerse una foto haciendo como que comen una barbacoa de escorpiones, aunque luego seguramente van a tirarlos a la papelera.

Se trata de un fenómeno habitual en las zonas turísticas: los vendedores conocen las ideas preconcebidas de los visitantes, y las explotan, aunque en realidad no sean verdad. Hay pequineses que critican la existencia de este mercado, porque fomenta el tópico erróneo.

Bueno lectores, que tanto escribir de comida me ha abierto el apetito, y me espera un filete de ornitorrinco en el horno. Bon apetit, y sed tolerantes con las dietas de otros mundos, aunque no sean la Dukan.

ACTUALIZACIÓN (13/7/2013): Me acaban de llegar varias revistas El Jueves de semanas pasadas (me las manda mi hermana) y veo que el tema fue hasta portada de una de ellas (bien asquerosa, por cierto, con una mosca enorme en la página). Vamos, que ya veo que dio que hablar y comentar el asunto.

1 Comment

  1. Enviado por Inconexo
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    Pues en españoles por el mundo te engañan, porque te ponían el pinchito de grillo como plato típico de feria pekinesa.

    Lo que sí vi, y tengo fotos y vídeos fue un pequeño mercado en un pequeño pueblo donde no llegaban mucho los occidentales, una palangana llena de escorpiones del tamaño de una moneda de 10 céntimos y los turistas chinos compraban. No sé si era también atracción turística pero para chinos, pero el caso es que no andaba muy lejos de Pekín (no recuerdo el nombre ahora).

    Yo suscribo las impresiones sobre el provincialismo dietético español. Hasta he oído decir que los chinos comen por palillos porque son demasiado pobres para comprar cubiertos. No es que me apetezca comerme un grillo o cualquier otro insecto o similar, pero no creo que los que los coman sea porque son unos muertos de hambre que no tienen pollo a mano (aunque en muchos casos puedan coincidir las dos circunstancias).

    El motivo de los musulmanes de no comer cerdo no es exactamente que sea sucio, sino de los problemas de triquinosis que tenían en su época. Y aún hoy, al menos en Marruecos, están convencidos de que la carne de cerdo tiene gusanos.

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    Enviado por ChinoChano
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    Y con los perros y gatos, fue valorada más su fidelidad y su valor como animales de caza (los gatos con las ratas, que ésas sí son peligrosas transmisoras de enfermedades). En todo caso no os preocupéis, que pese a mi relativismo dietético nunca le daré un mordisco en el lomo a mi bienamada Once.

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    Enviado por Daniel
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    Ya se que sonara bastante repelente, pero el ornitorrinco esta super protegido…

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    Enviado por Anónimo
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    Los gusanos de seda si que son insectos, en concreto son estadios preimaginales de un insecto holometábolo
    http://es.wikipedia.org/wiki/Bombyx_mori

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    Enviado por ChinoChano
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    Anónimo: vaya, quería yo dejar los límites bien claritos y me pasé de frenada… pues nada, lo cambio, gracias por verlo.

    Daniel: vaya por dios, pues nada, lo voy a regresar a la nevera, a ver si me queda algún filete de panda en el congelador.

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    Enviado por Gerardo
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    Tu discurso hablando sobre «intolerancia alimenticia» de tolerancia tiene poca, al menos en lo que se refiere a los animales. Bajo ese disfraz de persona tolerante que intentas ponerte no dudas en llevarte a la boca cualquier pedazo de carne sin ni siquiera saber de donde proviene, sin ni siquiera saber del horror que ha tenido que pasar ese animal antes de acabar en tu plato ¿Dónde está tu tolerancia?

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    Enviado por ChinoChano
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    No lo sé… igual no soy tolerante con los animales, ni con las acelgas que como. Pero desde luego, tampoco son los que consideran otras culturas estúpidas o bárbaras por comer diferente.

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    Enviado por ChinoChano
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    eso sí, debe ser un espectáculo verte preguntar en la carnicería si la carne del gorrino que compras chilló mucho o no al morir… a menos que seas vegetariano, en ese caso es tu opción y confío en que no la intentes imponer al resto llamándoles bárbaros o estúpidos.

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    Enviado por Eva
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    Hola, te leo hace un tiemp.
    Mi pareja estuvo en china por trabajo la semana pasada. Es bastante especial con las comidas, asi que cuando va a china no lo pasa muy bien.
    Le dieron de comer perro. Pregunto si habia granjas y le dijeron que no. Asi qu supongo que fue perro callejero. Fue en una provincia del sur

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    Enviado por ChinoChano
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    Pues mira que es mala suerte… lo mejor es comer en restaurantes o cocinar tú, así eliges lo que comes, y si te invitan a comer en una casa -lo normal es que te den comida no muy rara- aclarar qué puedes comer y qué no.

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    Enviado por ChinoChano
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    de todos modos, en un típico banquete chino ponen decenas de platos, y en el medio de la mesa, uno puede perfectamente no coger la comida que no le guste.

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