Ir por China y salir Fransquilado

Es lo que ha conseguido el presidente estadounidense Joe Biden, quien está en racha y, tras su gran patinazo en Afganistán, ha vuelto a meter la pata en la arena internacional, tras la firma de un acuerdo de cooperación tecnológica y defensa llamado AUKUS. Vamos a intentar explicar qué ha ocurrido.

El pasado miércoles, 15 de septiembre, Estados Unidos, el Reino Unido y Australia anunciaban la creación de una alianza para la seguridad en la región Indopacífica llamado, como decía, AUKUS, por las iniciales de los tres países en inglés (Australia, United Kingdom, United States).

Anuncio tripartito, que debido a la pandemia tuvo que hacerse con pantallas de plasma. Rajoy fue un adelantado a su tiempo y no lo supimos ver.

Tengamos en cuenta la fecha del acuerdo: 15 de septiembre, exactamente un mes después de que Kabul cayera en manos talibanas y ello confirmara el fracaso de 20 años de intervención estadounidense en Afganistán. Treinta días después, Washington parece querer pasar página y trasladar de una vez por todas, como dio a entender en los últimos lustros, su estrategia geopolítica desde el avispero de Oriente Medio a las aguas algo más tranquilas, quién sabe por cuánto tiempo, del Pacífico y el Índico. Aguas donde China también tiene sus ambiciones, sobre todo en el Mar de China Meridional, y donde Estados Unidos le quiere hacer frente pero sin confrontación directa, en plan Guerra Fría.

El pacto tiene la clara intención de desafiar a Pekín, aunque por ahora los tres países que lo han firmado están un poco descoordinados al respecto: el primer ministro británico dijo que no era una alianza contra China, mientras que su homólogo australiano dijo que sí buscaba disuadir a los chinos de atacarles (Canberra lleva años con bastante paranoia ante Pekín, pese a que entre ambas ciudades hay la friolera de 9.000 kilómetros de distancia).

El AUKUS supondrá la colaboración de EEUU, Reino Unido y Australia en armamento y tecnologías de alta seguridad, incluyendo el uso de inteligencia artificial. Un inciso: a China se le acusa de estar creando una ciberdictadura por usar esta inteligencia artificial en cosas como el reconocimiento facial, pero luego los países occidentales no dudan en desarrollarla también para fines de seguridad. Esa coherencia.

Uno de los primeros efectos de este pacto, el que ha metido a Francia en todo este embrollo, ha sido el hecho de que Estados Unidos, con el AUKUS, acuerda ceder a Australia tecnología para desarrollar unos ocho submarinos nucleares. Muy pocos países (prácticamente sólo los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, los cinco grandes ganadores de la Segunda Guerra Mundial) tienen este tipo de submarinos, y hasta ahora Washington sólo había cedido esta tecnología en toda su historia a los británicos, para que tuvieran los suyos. Recordad que un submarino británico hace unos años tuvo una avería, hizo escala en Gibraltar y se armó la mundial en España.

Este no es nuclear pero me lo pasé pipa jugando en su interior (Indiana Jones and the Fate of Atlantis).

La cesión de esta tecnología de EEUU a Australia ha retumbado en todo el mundo, pero donde más lo ha hecho ha sido en Francia, porque tras esa cesión, los australianos han informado a los franceses que rompían un contrato de 2016 por el que iban a comprar 12 submarinos NO nucleares franceses por 56.000 millones de euros. Francia, cuyo gobierno ya compara las formas de Biden con las de Trump, ha montado en cólera contra Estados Unidos como no lo hacía desde la guerra de Irak en 2003.

Los ministros de Exteriores y Defensa franceses han hablado de «traición», han lanzado la posibilidad de revisar los acuerdos dentro de la OTAN, y París ha llamado a consultas a sus embajadores en Washington y Canberra, una medida también rara vez vista. Francia por una parte se siente robada, y por otra se ve discriminada en una región donde también tiene intereses (no olvidemos que posee territorios allí, tales como Nueva Caledonia, Tahití o la isla de Reunión).

A su lado, la reacción de China ha sido bastante moderada. Sí, por supuesto que su portavoz de Exteriores ha dicho que el acuerdo no les gusta, pero ha usado las mismas frases de manual que siempre usa con Washington y sus aliados: «mentalidad de la Guerra Fría», «esto no es un juego de suma cero» y banalidades que creo que ya sueltan por desidia.

Eso sí: China ha advertido, pero también países de la región como Malasia e Indonesia, que el acuerdo es peligroso porque puede desatar una carrera armamentística en una región que, escaramuzas pequeñas aparte, está bastante tranquila desde por lo menos la Batalla de Iwojima. También puede suponer un acto ilegal de proliferación nuclear, aunque este extremo no está tan claro.

Estados Unidos, un país al que tanto se le ha llenado la boca condenando los avances nucleares de Corea del Norte, está ahora queriendo celebrar el Festival del Uranio en tierras australianas, dotando a ese país de tecnología atómica para uso militar. Bien es cierto que los tratados de no proliferación prohíben la extensión a nuevos países de armas nucleares, mientras que un submarino como éstos  no se sabe exactamente si es un arma nuclear, ya que el componente atómico está en su propulsión, teóricamente no en sus armas (torpedos, misiles). Hay ciertos vacíos legales que el AUKUS intenta aprovechar, aunque quizá motiven debates en los organismos internacionales de no proliferación.

Sólo una cosa os digo: lo que sí proliferan seguro son los presidentes de Estados Unidos negados para la política exterior.

2 Comentarios

  1. Excelente análisis, corto y sencillo. Los anglosajones están rabiosos por contener a China. Los años venideros serán interesantes para ver la evolución de esta contienda… por cierto Antonio, deberías publicar posts como éste también a través de hilos en Twitter, le llegaría a más gente

    • Pues la verdad es que no es mala idea, los hilos de Twitter definitivamente llegan más a la gente que los blogs hoy en día. Lo que no me gusta de Twitter es que lo que pones ahí luego es muy difícil buscarlo nuevamente, mientras que aquí en el blog queda «archivado» y siempre se puede volver a leer.

      Quizá podría hacer los artículos en dos versiones (blog e hilo de Twitter) pero no sé si la gente lo vería repetitivo. En fin, puedo probarlo en el futuro. Gracias por la sugerencia.

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