Jack Ma vuelve a la escuela

El multimillonario chino Jack Ma (o Ma Yun), dueño del gigante de comercio electrónico Alibaba, ha anunciado hoy que dentro de un año se retirará de la presidencia de su imperio, que es la segunda mayor compañía de China y la séptima del mundo. Ha aprovechado que hoy era su cumpleaños, y tampoco es casualidad que en China se celebre el Día del Maestro, el oficio con el que Ma comenzó a ganarse el pan y al que quizá retornará en cierto modo, pues ha dicho que quiere dedicarse a labores filantrópicas y educativas cuando se “jubile”.

La historia de Jack Ma tiene el atractivo literario -y no digo que algunas novelas tengan borrones- de esos empresarios que comienzan de forma humilde y llegan a lo más alto del capitalismo, como Steve Jobs, Amancio Ortega o Henry Ford. Y como ellos, ha cambiado el mundo, o por lo menos China: es por Jack Ma que cuando voy a trabajar en mi moto cada día el carril bici me lo monopolizan los triciclos con remolque de los kuaidi (repartidores): están llevando a casas y oficinas los millones de artículos que los chinos compran por internet compulsivamente, en los primeros años con Alibaba y ahora también con la competencia que le ha surgido. Y es por Jack Ma que hace dos meses que no llevo dinero en efectivo en el bolsillo y pago con el móvil hasta en las tiendas más humildes: él comenzó a popularizar el pago vía móvil con Alipay, aunque Wechat le haga ahora la competencia.

Jack Ma siempre ha sido un personaje admirado en China, un país donde ni en los años más ortodoxos del comunismo se dejó de creer en ideales liberales como el del hombre hecho a sí mismo: Ma es el ejemplo perfecto de emprendedor chino, el de una persona de familia humilde que aprendió inglés de forma autodidacta, viendo películas y haciendo de guía amateur para extranjeros en su ciudad natal, Hangzhou. Con los conocimientos así adquiridos, y según él tras haber sido rechazado en decenas de trabajos (otro calco del sueño americano), se estableció como profesor de inglés, antes de comenzar a dedicarse a la venta por internet. Así cuenta sus inicios, en un inglés perfecto:

Ma es un personaje curioso y peculiar en una China donde muchos, incluso los más famosos y ricos, buscan no destacar. Para empezar, tiene una cara rara, como de caricatura, que le impediría pasar desapercibido incluso aunque no fuera un millonario. Además, tiene una virtud de la que carecen la mayoría de los personajes públicos de este país: es un grandísimo orador, sabe hablar sin leer un discurso, sin aburrir, creyendo lo que dice (o dando la impresión de que lo cree). Tuve la ocasión de verle sobre un escenario en una de las galas por el Día del Soltero (la jornada de descuentos en Alibaba que mueve millones de dólares en ventas cada 11 de noviembre) y aunque no recuerdo exactamente lo que dijo sé que fue infinitamente más entretenido e inspirador que los miles de discursos e intervenciones de grises políticos chinos -Xi Jinping incluido- que me he tenido que tragar en mis muchos años en China. Es más por la forma que por el contenido, pero Ma sin duda sabe llegar al público.

Ma es también admirado en América, donde su historia se adapta a la perfección a los ideales de EEUU, así que no es de extrañar que fuera uno de los primeros personajes que se reuniera con Donald Trump cuando éste fue elegido presidente, muchos meses antes de que el rubicundo líder norteamericano recibiera a Xi Jinping.

Habrá que ver si dentro de un año Ma seguirá controlando el imperio en la sombra, o si al modo de Bill Gates se hará aún más famoso por temas filantrópicos o por intentar invertir su dinero en visionarios planes tecnológicos a lo Elon Musk. De momento, sabemos que ha inventado junto a Jet Li un nuevo arte marcial basado en el tai chi que va a promocionar con una película en la que el mismo actúa. Cosas de Jack Ma.

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