Juego de Tronos, juego de lloros

Con unos meses de retraso con respecto al público general, he terminado de ver Juego de Tronos, auténtica historia de la televisión, además de ser la serie que hizo del miedo/odio al spoiler una nueva religión. Aviso de antemano que el texto de hoy, sin querer ser un resumen de la serie ni uno de los millardos de textos en los que guionistas frustrados se meten con su temporada final, puede desvelar más de un detalle crucial, así que si aún no has visto la gran serie de la década, mejor no sigas leyendo por si acaso.

La serie ha conseguido hacer historia, creo yo, por su gran colección de momentos inesperados y traumáticos en los que tu hasta entonces personaje favorito moría cruelmente (por ejemplo la bella Talisa, encarnada por la madrileña Oona Chaplin) o cometía terribles crímenes (caso de Daenerys en el penúltimo capítulo), que es lo que precisamente causaba que spoilear fuera más terrible que en otras series o películas.

Otro hecho que ayudó a su éxito y a que fuera algo más que una serie popular y se convirtiera en un fenómeno social global fue el hecho de que se rodara en tantos lugares del mundo, incluido España: bien es cierto que la parte de Dorne, grabada en el Alcázar de Sevilla, fue de lo más flojo de Juego de Tronos, pero no olvidemos que el crucial momento en que Jon Snow y Daenerys se encuentran por primera vez está rodado en las costas vascas, o que hechos tan históricos como las fallidas primeras negociaciones entre Cersei y Daenerys o el último concilio de reyes para elegir como monarca de los Seis Reinos (Sansa Puigdemont se independiza) al personaje más feo e insulso de la serie se producen en el Teatro Romano de Itálica, también en tierras sevillanas.

A estos rodajes mundiales se sumó un elenco no menos variado, en el que Jamie Lannister es un actor danés, la mencionada Talisa es hispano-suiza como los coches de época, Shae es germano-turca, o la bella y pérfida Melisandre es holandesa. También hubo, aunque pasó quizá algo desapercibido, una actriz con orígenes orientales en el elenco: Jessica Yu Li Henwick, de madre singapuresa y padre zambiano, que encarnó a Nymeria Sand, una de las tres hijas bastardas de Oberyn (en Juego de Tronos hay más bastardos que hijos legítimos, así que no se lo tomen como algo ofensivo). Por si no os acordáis de ella, ya que la trama de Dorne se olvida con facilidad, era la que manejaba el látigo. Para que veáis lo multicultural del elenco en la serie, el padre de esta singapuresa-zambiana en la ficción era un chileno (Pedro Pascal), la madre una actriz inglesa de origen indio (Indira Varma), y las hermanas eran en un caso de origen italo-americano (Rosabell Laurenti) y en el otro neozelandés con sangre maorí (Keisha Castle-Hughes).

Quitando a Nymeria, poco hay de Asia Oriental en una serie cuya trama está claramente inspirada en la Europa medieval, donde el reino del Norte sería un homenaje a Inglaterra, la zona de Desembarco del Rey y Altojardín podrían corresponder a Francia, y Dorne es un evidente trasunto de España. Al norte del muro estaría Escocia, y Essos, ya casi el nombre lo revela, sería Asia, aunque una Asia más parecida a Oriente Medio y la India que a China o Japón.

Lo que sí podemos decir es que los dothraki son una cultura muy comparable a los mongoles.

También es comparable el famoso Muro que separa al Norte de los salvajes y los zombis a la Muralla China, aunque George R.R. Martin, el padre literario de Juego de Tronos (si queréis triunfar en la fantasía heroica poned dos erres en vuestros nombres, como Martin o Tolkien) siempre ha dicho que se inspiró más bien en el Muro de Adriano.

No sé si es la mejor serie de la historia, pero Juego de Tronos tiene, de eso sí estoy seguro, la mejor música de inicio de todas las series habidas y por haber. La tarareé a voz en grito en el comienzo de los 73 capítulos. Y queda muy bien con instrumentos orientales, como os demostrarán estos músicos buriatos (mongoles que viven en Siberia).

Esta música inmortal, acompañada de ese mapa en el que cada ciudad de Westeros y Essos se va construyendo como un mecano, es algo grandioso y que ha inspirado a un genial artista aficionado cantonés llamado Wingkeung Tse a crear una parodia en la que en lugar de ciudades de los Siete Reinos aparecen cuatro ciudades chinas: Pekín, Shanghai, Cantón y Shenzhen (que en el mapa aparece con el nombre cantonés de Shum Chun).

Antes, Tse había hecho una parodia similar con la Universidad de Cantón, algo menos llamativa para los que no conocemos ese campus pero también interesante.

En los comentarios de estos vídeos se debate el interesante asunto de qué reinos representaría cada ciudad de China… Pekín seguramente sería Invernalia, la capital del Norte, mientras que Shanghai, donde está el dinero, sería el feudo de los ricos Lannister en Desembarco del Rey. Comparar Dorne con Cantón me parece algo apresurado, yo la trasladaría más bien al Xinjiang, mientras que Essos podría ser Japón. Ya en los inicios de la serie, lo que hice fue comparar los reinos combatientes de la serie con facciones del Partido Comunista, otro ejercicio harto complicado. Y en todo caso a mí lo que se me da bien es traspasar China a Verano Azul.

Mi personaje favorito de la serie, por atracción física y por su épica maldad que no obstante siempre sufrió duros castigos (pérdida de todos los hijos, humillación pública y finalmente la muerte) fue Cersei Lannister, tan bella que yo también cometería incesto y mataría reyes por ella (o quizá no, vaya usted a saber). Me congratula saber que en mandarín este personaje es llamado Sexi Lannisite, según se explica en el siguiente vídeo.

Sin embargo, creo que los chinos han perdido la oportunidad de rebautizar a Cersei como Cixi Lannisite, también bastante similar fonológicamente y que la habría vinculado a una emperatriz con igual fama de fuerte y malvada, como fue la que rigió China en los peores años del siglo XIX, y que según la leyenda prefirió gastarse las arcas del estado en un nuevo Palacio de Verano antes que en un ejército para combatir a los europeos en las Guerras del Opio. Por cierto, los opiáceos fueron muy populares a lo largo de Juego de Tronos, como alivio de espadazos.

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