Kim pensará que viajar es un asco

Quizá las tres fotos que abren el artículo de hoy te parecen de la misma persona, pero pertenecen a los distintos miembros de la “dinastía comunista” de los norcoreanos Kim: Kim Il-sung (abuelo y fundador de la DPRK), Kim Jong-il (el padre) y Kim Jong-un, el actual máximo líder. Ellos tres y yo compartimos una cosa: preferimos el tren al avión. Las pocas veces que los Kim viajaron al exterior, fundamentalmente para ir a la vecina China o a la vecina Rusia, se montaron en ferrocarriles blindados y cruzaron las fronteras.

Ayer y hoy han circulado múltiples rumores, aún no confirmados, de que Kim Jong-un ha montado en uno de esos trenes blindados, ha estado en Pekín y se ha marchado. Una visita relámpago con la que él seguiría intentando el acercamiento con todo el mundo para dar un respiro a un país ahogado por las sanciones, mientras China buscaría recobrar algo de protagonismo en un proceso de distensión en el que ha quedado algo olvidada mientras Seúl, Pyongyang y Washington se dedicaban buenas palabras. De haberse producido la visita, como ocurría con las que hacía su padre, ésta se anunciará oficialmente cuando el tren, de vuelta hacia Corea del Norte, cruce el puente sobre el río Yalu, cuyas aguas conforman parte de la frontera entre las dos naciones.

Kim Jong-un no salía de su país desde 2010 o 2011, cuando supuestamente estuvo en China junto a su padre en uno de los tres viajes que éste hizo en esos dos años, los últimos de su vida. Kim nieto no es muy de viajar, está claro, y no sé si la experiencia de hoy le habrá hecho cambiar de idea, porque el Pekín que le ha recibido estaba contaminado por el smog y olía a mierda. Sí, a caca, que nadie se sulfure: como el pasado fin de semana llegaron los primeros calores a la ciudad, el departamento de jardinería municipal ha considerado que es el momento de que despierten los árboles y el césped de la ciudad. En consecuencia, le han quitado a los setos las fundas verdes que les ponen en invierno para que no se congelen, y han echado abono a mansalva por todos los parterres, dejando en la capital de la segunda economía mundial un tufo a estiércol que me ha perseguido durante toda la jornada mientras iba en moto.

Kim, no te pienses que siempre olemos así, vente otra vez en mayo y te recibirá el aroma de las flores que con la bosta de hoy van a crecer. Y si vienes, por favor, avisa para que te recibamos de forma mínimamente decente, con unas cervezas y un platillo de cacahuetes. Estas visitas de médico no son de recibo.

3 Comentarios

  1. Aquí, donde estoy, el río huele de vez en cuando a cloaca. Con lo cuál no entiendo muy bien los alhagos constantes de mis compañeros a la Ciudad súper contaminada quizá sea una manera de hacer la pelona en clase a los profesores. Aunque me imagino que es un mal extendido a todas las superciudades del mundo, incluida Madrid. Por eso prefiero las ciudades pequeñas.

  2. actualización, una semana después… los parterres de Pekín siguen oliendo a estiércol. A fiemo, que dirían en mi pueblo.

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