Kong, James Kong

El otro día os contaba que había empezado a ver las películas de James Bond, y que ya en la primera, Doctor No, había muchos aspectos orientales en la historia, y sobre todo qipaos, muchas bellas mujeres en qipao.

Sigo con mi tarea, y Bond no ha tardado mucho en irse a Asia a vivir más aventuras y encamarse con agentes dobles: en su quinta aparición, Sólo se vive dos veces (por ahora mi peli de Bond favorita, porque es la que más se parece a Austin Powers) el agente pasa gran parte del tiempo en Hong Kong y en Tokio. En la novena, El hombre de la pistola de oro, también bastante loca y divertida, el mejor agente secreto, que ya no es Sean Connery sino Roger Moore, va dando tumbos por Macao, Hong Kong y Tailandia.

Bond, a la izquierda, sacia su habitual ludopatía en un casino de Macao.

Esta película es muy hija de su época y en algunos momentos tiene toques muy de Bruce Lee, que lo estaba pegando muy fuerte en esos años setenteros.

El primer empoderamiento femenino de las películas Bond, que son un poco machistas, tampoco lo vamos a ocultar.

Una de las cosas que más me llamó la atención del film es que durante el viaje marítimo que Bond hace desde Macao a Hong Kong pasa junto a los restos de un gigantesco buque naufragado:

Me quedé de piedra, porque en los muchos viajes que he hecho entre la excolonia portuguesa y la británica jamás vi una cosa tan espectacular, así que decidí investigar un poco para ver si ese naufragio era real o inventado por el cine, y he encontrado que sí, que en efecto ese enorme buque se hundió cerca de Hong Kong en 1972 y sus restos estuvieron allí a la vista tres años, para sorpresa de pescadores, marineros y turistas.

El buque en cuestión, lo explican en la misma película, no era otro que el RMS Queen Elizabeth, un transatlántico que entre los años 30 y los 60 viajaba desde Southampton a Nueva York, cosa que hizo con mejor suerte que su antecesor el Titanic.

En los 70, un millonario naviero hongkonés, padre de Tung Chee-hwa (primer gobernador de Hong Kong tras el retorno de la excolonia a China), lo compró con la intención de construir en él una «universidad flotante», pero ese extraño proyecto se fue al garete en 1972, cuando el barco se incendió misteriosamente cerca de las costas de Hong Kong y se hundió parcialmente.

Tung Chee-hwa, entonces un treintañero, estaba a bordo del barco cuando se produjo el incendio, que tardó casi 24 horas en ser extinguido.

Semihundido estaba cuando se rodó la película de James Bond, estrenada en 1974, así que en ese rodaje lo aprovecharon. De hecho, y cuidado con el espoiler, ese barco seminaufragado acaba siendo muy importante para la trama, porque luego se desvela que en él se encuentra el cuartel general secreto del MI6, la inteligencia británica, en Hong Kong. M, el eterno jefe de Bond, le dice que lo hacen así, entre otras cosas, porque los alquileres en Hong Kong están carísimos: los que hayan vivido en ese lugar, uno de los más costosos del mundo en cuanto a vivienda, se reirán bastante con el chiste.

Curiosamente, el RMS Queen Elizabeth, un barco muy conocido en su época, había sido escenario de las aventuras de Bond ya en las novelas de Ian Fleming, cuando aún navegaba por el Atlántico, concretamente en Diamantes para la eternidad, cuya película no me ha gustado nada, dicho sea de paso.

Los restos oxidados de aquel barco debían afear bastante el paisaje y ponían en peligro la navegación, así que en 1975 se desmontó y retiró la mayor parte del barco y hoy ya no puede verse como lo vio Bond, aunque creo que aún quedan restos en el fondo del mar, e incluso parece ser que ese lugar exacto todavía es señalado como no apto para navegar en las cartas marinas, por si acaso.

Ah, y con parte de la chatarra recuperada se hizo hasta una edición especial de plumas Parker. seguramente vendan alguna a precio de oro en eBay.

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