Kung Fu en el Altiplano

Con gran pesar me he enterado hoy de que el hasta hace poco ministro de Asuntos Exteriores de Bolivia, Fernando Huanacuni, al que tuve el honor de conocer hace unos meses en una visita que realizó a China, dimitió hace unos días de su cargo.

Huanacuni merece un espacio en este blog sobre la cultura oriental no por esa reciente visita a China que llevó  a cabo, sino por su mucho más profunda y especial relación con este país. En Bolivia ya muchos lo saben, pero seguramente fuera de allí no es tan conocido que Huanacuni, además de político, es uno de los mayores maestros de kung fu del país. Ha dirigido la asociación nacional de este arte marcial, que él mismo ha contribuido mucho a popularizar en el país andino, y no es difícil encontrarle en Google vestido de monje Shaolin (para los que no lo sepan, ése es el nombre del monasterio del centro de China donde nació el kung fu hace 1.500 años).

Pero hay mucho más: Huanacuni no aprendió este método filosófico de lucha en un gimnaso o un polideportivo, sino que lo hizo en el mismísimo Templo de Shaolin. El ahora excanciller vivió como un monje guerrero budista durante tres años, en ese monasterio que hizo famosa la serie del “pequeño saltamontes” David Carradine.

En la breve entrevista que le hice a Huanacuni hace unos meses, cuando aún era jefe de la diplomacia de su país, él no sólo no tuvo problemas para hablar de su estancia en Shaolin, sino que fue el tema del que más entusiásticamente conversó. Según él, la estancia en aquel templo le cambió la vida y el kung fu es una parte tan importante de su persona como las tradiciones de los aymarás, el pueblo indígena al que pertenece (y del que también es miembro el presidente Evo Morales).

Huanacuni suele llevar siempre alrededor de su cuello una “chuspa” o bolsita tejida por su abuela que representa su apego a los ancestros aymarás.

Cuando hablé con Huanacuni me pareció imbuido de una tranquilidad de ánimo semejante precisamente a la que vi en un monje budista del templo Shaolin, cuando hace unos años hice un reportaje de las escuelas de kung fu que han proliferado en torno al milenario monasterio, en las que miles de niños entrenan durante años. Aquel monje me llevó por esas escuelas, me habló de muchas cosas y  me regaló una espada enorme que aún conservo (y que por cierto, estos días viaja junto con todas mis cosas hacia España, pues mi mudanza de China ya ha comenzado).

No sé, de todas formas, si ese talante tranquilo y equilibrado de Huanacuni se debe más a sus años aprendiendo a dar yoyas junto a los monjes o de su cultura aymara (Morales, sin ser budista, también es bastante pausado, excepto cuando se pone a hablar del imperialismo estadounidense, allí se enciende). En todo caso el excanciller me pareció un tipo interesante, y le deseo la mejor de las suertes en la etapa que comienza tras su dimisión, sin importar si va por los derroteros de la política, por los del kung fu, o por un camino intermedio, pues en la política actual saber defenderse a mamporro limpio puede resultar bastante útil.

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