La «Division Azzurra» en China y Siberia

En la ciudad china de Tianjin, que entre finales del siglo XIX y principios del XX tuvo como Shanghái varias concesiones (barrios) administradas por las potencias occidentales de la época, se pueden admirar hoy en día varios edificios construidos entonces al estilo europeo, como éste, que se encuentra en la antigua concesión italiana, hoy en día una de las zonas más visitadas de la ciudad. Lo fotografié en una de mis últimas excursiones por China, en otoño de 2018.

Su aspecto, aunque antiguo y europeo, no os habrá parecido muy elegante, y es que no era precisamente un palacio sino un cuartel para las tropas italianas destinadas a esa zona, entre ellas la famosa Legione Redenta («legión redimida»), que tuvo una historia bastante curiosa, yo diría que comparable a la que tuvo la División Azul española en la Segunda Guerra Mundial, décadas después.

La Legione Redenta nació de la convulsa situación creada en la Primera Guerra Mundial. Se formó principalmente por soldados de lengua italiana que habían nacido en territorios que en esa época aún eran del Imperio Austro-Húngaro: la ciudad de Trieste, por ejemplo, o zonas hoy croatas entonces pobladas por importantes comunidades italianas, como Istria o Dalmacia. Austria-Hungría los reclutó para luchar contra los rusos en la Gran Guerra, muchos de ellos cayeron prisioneros en los primeros años de contienda, y malvivían en prisiones rusas, a veces sufriendo temperaturas de hasta 40 grados bajo cero, o conviviendo con el cólera y las ratas.

Algunos de ellos, que no tenían demasiado apego hacia el Imperio Austro-Húngaro, pidieron ayuda a Italia para que les rescatara de esas prisiones, alegando que formaban parte de lo que los nacionalistas transalpinos llamaban la «Italia irredenta», aquellos territorios fuera de Italia donde se hablaba italiano y que los más patrioteros ansiaban anexionarse algún día. Italia era enemiga de Austria-Hungría y aliada de Rusia en la guerra, así que sonaba factible repatriarlos.

Italia aceptó la operación de rescate y se la encargó a un oficial curtido en muchas lides, el coronel Marco Cosma Manera, que años antes había sobrevivido a una condena a muerte cuando estaba destacado en el Imperio Otomano gracias a que quien le condenó descubrió que compartían el mismo nombre de Cosma. Sólo por eso le perdonó la vida, y Manera, tras ello, abandonó el nombre de pila de Marco y se quedó sólo con el de Cosma.

Manera es el de la izquierda. Me gusta imaginar que tanto él como su friolero compañero en esta foto son bizcos.

Este coronel llegó en 1916 a San Petersburgo (entonces rebautizada como Petrogrado, para que sonara menos alemana) con la misión de rescatar a cientos de italianos irredentos repartidos en decenas de prisiones de toda Rusia, una compleja misión que se complicó aún más con el estallido al año siguiente de la Revolución de Octubre. La guerra civil entre zaristas y bolcheviques sumió todo en la anarquía, Rusia ya no era oficialmente enemiga de Austria-Hungría… un lío pardo, vamos.

Pese a ello, Cosma Manera había conseguido recuperar ya a unos 900 prisioneros de guerra filoitalianos, aunque lo difícil ahora era llevarlos por mar a Italia, pues los puertos estaban ya controlados por los bolcheviques. Sin embargo, el Transiberiano estaba aún en poder de los rusos blancos, las fuerzas zaristas enemigas de la Rusia revolucionaria y aún amistosas con Italia, así que Cosma tuvo la alocada idea de montar a todos los irredentos en ese tren para llevarlos a Extremo Oriente, recordando que Italia tenía una concesión en Tianjin, a la que no sería difícil llegar desde Vladivostok, la última estación de la ruta transiberiana.

A Tianjin llegarían en 1918, donde Cosma Manera fundaría oficialmente, en aquel verano, una legión con los prisioneros rescatados, a los que bautizó como Legione Redenta por aquello de que ya no eran irredentos, con una mezcla de sorna y poesía. Se les unieron italianos de regiones alpinas, hasta formar un destacamento de unos 2.400 soldados.

Si el nacimiento de la Legione Redenta fue ya de por sí peregrino, no lo fue menos su breve labor en el Lejano Oriente, porque en medio de la guerra civil en Rusia, entre bolcheviques y rusos blancos, las potencias europeas, así como Japón, se aliaron con estos últimos, por temor a que el comunismo se extendiera por sus territorios. Italia colaboró modestamente con esta alianza antiblochevique llevando a la Legión Redenta a las frías tierras manchúes y siberianas, donde los pobres italianos venidos de la antigua Austria-Hungría seguramente se preguntaron más de una vez cómo demonios habían llegado a parar allí.

Miembros de la legión y niños chinos de la época en una foto de estudio, de ésas con flash de magnesio y fotógrafo tapado con manta.

La legión luchó junto a japoneses y checoslovacos en las inmediaciones de ciudades como Harbin (hoy parte de China), Vladivostok e Irkutsk, y se les encargó por ejemplo proteger las vías y trenes del Transiberiano, esencial para transportar soldados y abastecerlos de víveres y armas. Su duro trabajo en aún más duras condiciones no sirvió de mucho, pues los rusos blancos perdieron el apoyo internacional en parte debido a sus divisiones internas, hacia 1920 tanto los italianos como el resto de fuerzas aliadas se habían retirado de Rusia, y la Legion Redenta pudo regresar a Italia, donde estos antiguos prisioneros de guerra fueron recibidos como héroes. El camino había sido largo, pero los redimidos llegaban a su cara Italia.

5 Comentarios

  1. gracias… yo descubrí esta historia de casualidad, cuando fui a Tianjin y me enteré de que había un «cuartel italiano». Tirando del hilo acabé enterándome de estos pobres.

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