La Francia que fascina en Asia

El pasado fin de semana no publiqué nada aquí porque estaba de puente por Alsacia, la región francesa fronteriza con Alemania que tanto enfrentó a galos y germanos en los dos siglos pasados. No es fácil viajar en estos tiempos pandémicos, pero enmascarado, evitando muchedumbres y no yendo muy lejos (en mi caso, si me alejara mucho me tocaría hacer cuarentena al volver a Suiza) aún se puede uno ir de escapada cercana. Es una buena excusa para conocer en los próximos meses o años Francia, país que como oscense siempre he tenido al lado pero al que he condenado un poco al olvido durante décadas, hasta que al final me ha tocado vivir en él.

En Alsacia visité su principal ciudad, Estrasburgo, patrimonio de la humanidad de la UNESCO y sede de instituciones europeas como el Parlamento, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos o el Consejo de Europa. Lo más imponente de la ciudad es su catedral, la más alta de Francia y durante unos años, en la Edad Media, el edificio más alto del mundo. Y eso que no la acabaron (debía tener dos torres pero acabó con sólo una).

Pero también estuve en otra ciudad más pequeña de Alsacia, llamada Colmar, que sin ser tan famosa creo que es aún más bonita. Llena de edificios con entramado de madera en sus fachadas, y pintados de diversos colores, parece salida de un cuento de los Hermanos Grimm.

Para los que como yo sean de Huesca, es como si todas las calles estuvieran llenas de Casitas de Blancanieves, como la que tenemos en nuestro parque Miguel Servet.

Colmar es una ciudad que va a colmar tus expectativas (tenía que hacer el chiste) y aunque en España creo que no es muy conocida, es muy turística. Vi incluso algunos visitantes asiáticos en el lugar, y eso que este año es difícil ver a gente llegada de tan lejos, con la que está cayendo.

No es extraño, si tenemos en cuenta que en Asia la ciudad de Colmar sí ha prendido en algunos lugares, hasta el punto de que la han copiado, y esta vez no son los chinos los que deben ser culpados por ello.

Una réplica de Colmar, con alguna variación, puede encontrarse en un lugar tan inesperado como Malasia, donde existe un resort de montaña llamado «Colmar Tropicale» en el que se reproduce con bastante fidelidad el ambiente de la ciudad alsaciana.

Pero los malasios no son los únicos asiáticos fascinados por Colmar, también debemos mencionar aquí a un genio del cine como es Hayao Miyazaki, que en una de sus películas, «El Castillo Ambulante» (no confundir con «El Castillo en el Cielo») muestra una de las viviendas más famosas de Colmar, la Casa Pfister.

Los asiáticos tienen buen gusto, pues Colmar es un magnífico lugar, ejemplo de una región, Alsacia, que como casi todos los cruces de caminos (en este caso entre Alemania y Francia) es fascinante.

4 Comentarios

  1. Sí, Estrasburgo es preciosa. Yo también la conozco y pasear por ella es como transitar por un oasis de paz. Lo que desconocía era, o no me acuerdo porque ya hace años que visité aquella zona, es la «casita de Blancanieves, similar a la que tenemos en Huesca y por la que todos hemos pasado en alguna ocasión (y que permanece frente a modas y vandalismos invitando a leer a los más pequeños). Qué curioso!.
    Mis mejores deseos para tí y que el bicho no se acerque a tí.

    • Nononono, no hay ninguna casita de Blancanieves en Estrasburgo o en Colmar… lo que decía es que las casas allí se parecen a la casita de Blancanieves de Huesca.

      Y sobre el oasis de paz, estoy casi enteramente de acuerdo, exceptuando el cobrador de tranvía que me quería tangar 80 euros por haber comprado billete pero no haberlo pasado por la máquina magnética. Menuda mala leche tenía el tío, y me arruinó un poco el último día en Estrasburgo. Así no se trata a los turistas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.