La guerra comercial llega a tus sellos

Ésta es la semana en la que los periodistas de Ginebra nos sentimos más miserables en todo el año, porque para una vez que las Naciones Unidas llegan a las portadas de los periódicos es en la sede de Nueva York (por la presencia de jefes de Estado en la Asamblea General anual), y no en la de aquí. Sin embargo, la ciudad suiza acoge saraos multilaterales todo el año, también los tiene esta semana aunque pasen más desapercibidos, y uno de ellos, aunque no te lo hayan contado, puede tener grandes consecuencias para tu bolsillo: puede provocar que las cartas y paquetes que mandes, estés en España, en Paraguay, o donde sea, cuesten mucho más dentro de pocos años. Y la famosa guerra comercial entre China y Estados Unidos tiene que ver con esto.

El sarao al que me refiero es el Congreso Extraordinario de la Unión Postal Universal (UPU), organización que desde 1874 regula el sistema de correos mundial para que puedas mandar tus cosas a cualquier parte del mundo desde antes que existieran internet, la radio o hasta el teléfono. A sus 145 años, la UPU es una de las organizaciones internacionales más antiguas del mundo (su sede, cómo no, está en Suiza, pero no en Ginebra sino en Berna), y a mí me mola por dos razones: porque de pequeño coleccionaba sellos, y porque me encanta que su vocación, a la vista de su nombre, no sea como en otras organizaciones mundial ni internacional, sino a lo grande, universal: sus fundadores quizá pensaron allá por el siglo XIX que un día podríamos mandar postales desde Andrómeda.

El congreso de la UPU, que se celebró esta semana en el Centro Internacional de Convenciones de Ginebra (un edificio que, como los sellos, huele un poco a antiguo) es el tercero extraordinario que la organización celebra en casi siglo y medio de historia. El primero fue en 1900, para celebrar la entrada de siglo, y el segundo y el tercero han sido en 2018 y en 2019. Que de repente le haya dado a la UPU por reunirse de forma urgente con tanta frecuencia os puede hacer pensar que las cosas no le van bien, y si así pensáis estáis en lo cierto: la veterana organización, de hecho, ha estado a punto de irse al garete. El motivo de ello es que Estados Unidos anunció el pasado año que abandonaría la UPU si no cambiaba la forma en la que en la organización se reparte el dinero que se obtiene por cobrar a los clientes los envíos (en forma de sellos, habitualmente). Estados Unidos maneja un 40 por ciento del correo mundial, por lo que su importancia en la organización es muy grande, y si hubiera salido habría dejado el organismo en grave crisis. Para colmo, algunos países como Canadá y Brasil apoyaban la posición de Estados Unidos, no hasta el punto de amenazar ellos también con irse pero sí exigiendo cambios en las finanzas.

Para entender el problema, hay que conocer un poco los entresijos de cómo se maneja el dinero en la UPU, sobre todo en la cuestión de los envíos internacionales. Cuando una persona manda una carta a otro país sólo paga el sello -esto es, el servicio de transporte de su carta- al país donde está, mientras que el país receptor, sin recibir ningún dinero directamente del cliente, también va a tener que acometer ciertos gastos de transporte por avión, tren, camión, etc. Para compensar esto, los países que reciben mucho correo internacional cobran unas tasas a los que envían mucho correo, unas tasas que se llaman «tarifas de remuneración». Durante décadas esas tasas fueron bastante bajas, porque en la época en que los correos transportaban sobre todo cartas los países enviaban y recibían una cantidad similar de correo y la diferencia ingresos-gastos no era mucho. Dicho de otra forma: la carta que le mandabas a tu tío de Argentina le generaba un gasto de transporte a los correos argentinos que solían compensar con la carta que tu tío de Argentina te mandaba a ti.

Sin embargo, los tiempos han cambiado, y los servicios de correos han experimentado una revolución a la que la UPU no se ha podido adaptar todavía del todo. Cada vez se mandan menos cartas, en la era del email y del Whatsapp, pero al mismo tiempo cada vez se envían más paquetes, porque el comercio electrónico, entre fenómenos como Amazon y Alibaba, está creciendo exponencialmente, pero no en todos los sitios por igual. Países que importan mucho y que a la vez tienen grandes extensiones (por lo tanto gastan más en transporte de correo), como Estados Unidos, Canadá o Brasil, empezaban a tener problemas para financiar sus sistemas postales. Y para colmo llegó la guerra comercial entre Washington y Pekín para liarlo todo aún más.

Estados Unidos acusa a China, sobre todo desde la llegada a la presidencia norteamericana de Donald Trump, de invadir su mercado con productos baratos, y se ha propuesto contraatacar eso con aranceles. Este conflicto que todos conocemos tiene también su ramificación postal: los correos estadounidenses reciben toneladas de paquetes procedentes de vendedores de Alibaba, JD y similares plataformas de comercio electrónico chinas, se quejan del enorme gasto que eso produce, y quieren subir las tarifas de remuneración para compensarlo, mientras Washington busca maneras de que esa llegada de paquetería china se reduzca. Por todo esto comenzaron las exigencias de EEUU a la UPU y sus amenazas de dejar la organización si no le dejaban aumentar sus tasas. No debe extrañarnos: ya sabéis que para Trump negociar y amenazar son sinónimos, y que además las organizaciones multilaterales le dan poco menos que asco, por eso ya se ha ido de lugares como la UNESCO, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU o los Acuerdos de París.

Y así se llegó al congreso de Ginebra, convocado en el fondo sólo para convencer a Estados Unidos de que no se marchara, en el que yo pasé un día entero de los tres que duró, intentando enterarme del conflicto, de cómo iban las negociaciones, y de las salidas posibles.

Congreso de la UPU en el Centro de Convenciones de Ginebra.

Las negociaciones fueron duras, me consta que el martes muchos delegados se acostaron a las 3 de la mañana mientras se encontraba una salida. Pero finalmente se alcanzó una solución, al parecer ideada por un funcionario español del Ministerio de Fomento que trabaja en estas cosas (me comentó la delegación de España) y que como suele pasar en las negociaciones no hace ganador a nadie pero tampoco perdedor, todos ceden algo y a la vez consiguen algo (aprended un poco, partidos políticos españoles). La solución fue permitir a los países que aumenten las tarifas de remuneración gradualmente (alrededor de un 15 por ciento anual en los próximos cinco años) excepto Estados Unidos, que podrá subir las tasas mucho más que eso a partir de 2020 a cambio de dar 40 millones de dólares a la UPU (dinero que se gastará en sistemas de seguridad postal y en pensiones a trabajadores de correos de todo el mundo). La subida de tarifas podría suponer, calculo a ojo, que los países eminentemente «importadores» de correo doblen las tasas que cobran a los países «exportadores» de correo. Encontrar la solución literalmente salvó a la UPU de poco menos que su desaparición: su director general dijo que ayer era la jornada más importante de la historia de la organización (y no es una historia corta), y la emoción de algunos de los miembros del organismo fue tal que tras la votación en la que se aprobó la subida tarifaria una de las asistentes al congreso se desmayó (también pudo ser por las horas sin dormir entre negociación y negociación) y hubo que parar un rato las conferencias para que fuera atendida.

Ahora queda por saber si las subidas de tarifas van a repercutir en el precio que nosotros los consumidores pagamos por los sellos, por el envío de cartas y paquetes. En el congreso los estadounidenses decían que no (obviamente ellos esperan tener más dinero que antes), pero seguramente países como China, que ahora tendrán más gastos postales, seguramente intentarán compensar la subida cobrando más por el franqueo a los clientes, y ello podría tener un efecto dominó en otros muchos países. Aún es pronto para saberlo, pero casi siempre la salida más fácil del aumento de costes es subir precios al pobrecito consumidor. De todos modos, los correos nacionales tienen otro importante factor a tener en cuenta, y es el potente sector de la mensajería privada, así que tampoco pueden subir a lo loco o los clientes se pasarán de Correos a Seur, de US Postal a FedEx, o de China Post a ZTO.

7 Comentarios

  1. Que dejen de discutir. Una posibilidad es que se pague el coste de la terminación y ya está. Es decir, que se pague el precio de mercado. Al final, no tendría que ser más caro que lo que cobra la logistica privada.
    Otra posibilidad es hacer como se ha hecho en telecominicaciones. El regulador en España fija precios de terminación iguales para todos los operadores. Hubo una asimetria por unos años, pero al final, todos cobran lo mismo, para evitar ineficiencias precisamente.

    • En China recuerdo que hubo un tiempo en que el receptor de las llamadas pagaba parte de éstas, pero que luego se acabó… no sé si los precios de terminación dependían de eso, pero recuerdo aquello como algo muy curioso (y muy incómodo, si no tenías saldo no podías recibir llamadas).

      • Por cierto, no quería sacar temas tangenciales en el post, pero ¿os habéis fijado en el sello estadounidense que abre el artículo? es de antes del régimen comunista y el Tíbet sale como parte de China…

        Golpe filatélico para quienes sostienen que el Tíbet era un territorio independiente hasta que Mao lo invadió en 1950.

  2. Ja, no solo Tibet, sino Mogolia exterior siempre ha aparecido en los mapas de la República de China. Tambien Xinjiang está bien representadita en el mapa ese. Y si nos remontamos unos cuantos años antes, la siberia rusa era China. Ahi habitaba gente como Derzú Uzala y no los rusos blancos actuales, jajaja.

    Volviendo al tema central de tu blog. Efectivamente, hubo una epoca en que en China el usuario pagaba la originación y el que recibia la llamada la terminación. Eso provocaba que mucha gente, antes de coger el telefono, se fijara mucho en quien llamada, porque tenia que pagar por recibir la llamada. Y claro, ante un numero desconocido, muchas veces no lo cogias.

    Hoy en día, diría que en todos los paises se usa el mecanismo CPP (call party pay o la parte llamante paga).

    Otro problema es el derivado de dejar a los operadores fijar el precio de terminación. Si los operadores tienen libertad de fijar precios de terminación, se crean incentivos perversos. Los operadores tienen incentivos a subir muchisimo los precios de terminación en sus redes, lo cual hacia que la gente intentara formar parte de una misma red para llamadas on-net. Eso provocaba que mucha gente tuviera varios telefonos, con una tarjeta SIM para cada red y según a quien llamaras, usabas la tarjeta SIM de la misma empresa para no pagar precios de terminación exhorbitados. Con la regulación en España, pe, ya no hay diferenciacion entre llamadas on-net y off-net.

    • De todos modos con el auge del Whatsapp y demás, la verdad es que a mí me llaman ya poquísimo… y yo igual llamo poco. Pero bueno a mí nunca me gustó el teléfono, tampoco cuando era fijo.

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