La isla arcoíris

Ya que este fin de semana pasado se han conmemorado con un gran desfile en Nueva York –donde empezó todo en 1969– 50 años de lucha por los derechos de gays, lesbianas y demás personas no heteronormativas, creo que merece la pena mencionar en esta web, aunque sea con más de un mes de retraso, que Taiwán se convirtió el pasado 24 de mayo en el primer territorio de Asia en legalizar los matrimonios de personas del mismo sexo. Yo había dicho en esta web en 2015 que estaba a punto de pasar, lo repetí en 2017, pero al final ha costado un poco más, porque algunos colectivos conservadores y cristianos intentaron agotar todas las vías para impedirlo (incluso hicieron lobby para convocar un referéndum para ver si ganaba el «no» el matrimonio gay, cosa que no consiguieron). Sea como sea, al final las primeras bodas se celebraron en mayo con grandes festejos.

Parejas en el registro matrimonial en el primer día de bodas LGTB.

El más histórico activista taiwanés por los derechos de los gays, Chi Chia-wei, posó exultante con algunos de estos recién casados, y no era para menos después de sus décadas de lucha.

Esto convierte a Taiwán en un ejemplo de apertura social por ahora único en la inmensa Asia, pero además como «efecto colateral» le puede generar importantes ingresos turísticos, ya que el colectivo LGTB a veces es muy mirado a la hora de viajar a lugares que no estén acreditados como «gay friendly», por razonable miedo a que les miren mal o hasta les ataquen si se besan a dan la mano en público, como me temo que pasa en lugares como Rusia. La isla ya se está empezando a promocionar como el gran destino gay de Oriente, y curiosamente eso ha afectado, sin que nadie se lo propusiera, a uno de los lugares más pintorescos y a la vez más desconocidos de Taiwán, que es la Villa Arcoíris.

Esta villa (en realidad una barriada de Taichung, una de las principales ciudades de la isla) recibe su nombre por los vivos colores con los que fue pintada por Huang Yung-fu, un soldado retirado que luchó con el Kuomintang en la guerra civil contra los comunistas y al que, tras la derrota, se le otorgó una casa humilde en Taichung que sería décadas después el germen de la Villa Arcoíris.

Huang en su casa (viendo la decoración interior ya os podéis empezar a hacer una idea de cómo tiene el exterior).

Huang, que aún vive y se le ve jovial y lozano a la envidiable edad de 97 años, pasó gran parte de su vida en esa zona de Taichung, que con el tiempo fue volviéndose un área vieja y deprimida de la ciudad. La situación degeneró hasta el punto de que el exsoldado era ya prácticamente el único que seguía viviendo en la zona, solo y aburrido, además de con miedo a que demolieran su casa y los de alrededor. Entonces, con ¡88 años! se puso a pintar su casa y las de los alrededores que estaban abandonadas para intentar salvarlas de la bola demoledora, y parió esta maravilla que a mí me recuerda los tebeos de La Gorda de las Galaxias que leía de niño.

La Villa Arcoíris se ha convertido en un lugar de peregrinaje de instagrameros, y ahora, con la conquista social que el movimiento LGTB ha logrado en la isla, ya está empezando a ser promocionada como un sitio «gay-friendly», aunque sea simplemente porque su nombre y su aspecto multicolor coinciden con el arcoíris de la bandera elegetebera. Si un día vas a parar a Taichung, aunque no sea una ciudad muy famosa, pásate por esas calles y haz unas fotos por mí, que pasé por allí demasiado pronto (era el año 2008 y Huang creo que aún no había empezado a pintar).

4 Comentarios

  1. Asombroso! Aquí en Costa Rica, se legalizó el matrimonio de personas del mismo sexo, pero estará en vigencia el año entrante, los grupos conservadores han hecho lo posible por impedirlo, pero siempre se aprobó, al ver todo eso, sueño con que Costa Rica sea un estado laico, pero los grupos cristianos pentecostales de tendencias fundamentalistas están alcanzando mucho poder en el país, y eso ha complicado el progreso en el país.

    • En Taiwán en realidad se aprobó en 2017 y se dieron dos años para aplicarlo totalmente, por eso las primeras bodas han llegado allí. La religión también es potente en Taiwán, pero parece que no lo suficiente.

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