La OMS, atrapada en el pulso China-EEUU

Hoy se cumplen 100 días de Guerra Mundial C, 100 días desde que las autoridades chinas informaran a la Organización Mundial de la Salud sobre la aparición de un nuevo tipo de coronavirus en la ciudad de Wuhan. Ayer, precisamente, esa megaurbe que hace tres meses nos parecía el peor lugar del planeta nos dio envidia al celebrar por todo lo alto el fin de su cuarentena, una cuarentena que en muchos países seguimos teniendo que cumplir y para la que todavía no tenemos una fecha de término.

ESPECTÁCULO DE LUCES EN WUHAN PARA CELEBRAR EL FIN DE LA CUARENTENA

Ahora lo peor de la pandemia está en Italia, en España, o en Estados Unidos, donde el presidente norteamericano, Donald Trump, sigue haciendo lo que mejor sabe hacer: crear polémicas que distraigan a la opinión pública y nos obliguen a todos a discutir sobre ellas, a desmentirlas, a apoyarlas… es el mejor agenda setter del mundo, el muy jodío.

Cansado últimamente de culpar de todo a China -que no es ninguna santa, ojo- para camuflar la tardía respuesta estadounidense contra el coronavirus, ahora Trump la ha tomado con la misma Organización Mundial de la Salud, la OMS, a la que ha acusado de ser «prochina», de no haber avisado sobre la amenaza que representaba el coronavirus, o de haber presionado a EEUU para que no cancelara los enlaces aéreos con territorio chino. Como consecuencia, amenazó con cortar las aportaciones estadounidenses para la organización que según leo en algunos lugares (pero me cuesta creer que sea tanto) representan un 76 por ciento del presupuesto total de la organización con sede en Ginebra.

En Ginebra trabajo yo desde que dejé China en 2018, he seguido ampliamente todo el trabajo de la OMS contra el COVID-19 estos últimos tres meses, y voy a tomarme por ello la molestia de refutar las palabras de Trump, aunque no sé si merece tanta atención porque, como decía antes, sé que su único objetivo es distraernos, y que seguramente ya ni se acuerda de lo que dijo. Hoy ya estará pensando en otro chivo expiatorio al que dirigir sus encendidos tweets para tener entretenida a la opinión pública y los medios.

Para empezar, la OMS fue «prochina» en enero, en el sentido de que centró todos sus esfuerzos en ese país. No podía ser de otra forma, dado que en aquel entonces más del 90 por ciento de los casos de lo que entonces aún llamábamos «coronavirus de Wuhan» se estaban dando allí, y todavía se desconocía el expansivo potencial de la enfermedad. En febrero, la OMS consideró que la experiencia china del confinamiento había sido positiva, y así lo expresó, y prueba de que llevaba razón es que todos los países han ido adoptando esas cuarentenas cuando han comenzado a tener brotes comunitarios, y que tras unas semanas de confinamiento se ha visto que los casos van bajando lentamente.

Por más que Trump lo diga, yo no veo aquí ninguna política. Situaciones similares ha tenido que lidiar la OMS en África con el ébola, prestándole especial atención a ese continente y elogiando los resultados cuando los ha habido, y no por ello vamos a acusarla de proafricana. La OMS no deja de ser una organización que conecta médicos de todo el mundo, muchos de ellos con escaso interés por la política y mucho por la salud y la ciencia, así que me cuesta creer que les importe un comino el aburrido pulso Pekín-Washington.

Sobre lo de que la OMS no avisó de la amenaza que suponía el coronavirus, hay que decirle a Trump que desde enero, cuando él seguramente sólo se preocupaba de seguir los caucus republicanos, la Organización Mundial de la Salud entró en modo crisis, comenzó a consagrarse íntegramente a la lucha contra la prevención de esta nueva enfermedad, y fue progresivamente alertando del peligro que conllevaba. Y con transparencia: desde finales de enero da ruedas de prensa poco menos que diarias sobre el asunto, emitiéndolas en directo para todo el mundo por internet. Cierto, no pidió a la comunidad internacional que cerrara todos los aeropuertos y confinara a toda la población el 15 de enero, pero entendámoslo, para que los gobiernos tomen ese tipo de medidas drásticas, como se ha visto, tienen que tener ya desastres humanitarios en su territorio, o ver que muchos países los están sufriendo.

Un breve repaso a los pasos dados por la OMS en este tiempo, a raíz de que China le comunicara el 31 de diciembre de 2019 la aparición de un nuevo coronavirus:

-14 de enero: la OMS alerta a las redes hospitalarias de todo el mundo para que tomen medidas de prevención ante esta nueva enfermedad, aunque no haya casos confirmados fuera de China aún.

-20 de enero: crea un comité de emergencia para estudiar el avance de enfermedad y considerar si la considera o no una emergencia sanitaria internacional.

-23 de enero: tras una primera reunión de dos días, el comité opta por no declarar tal emergencia. Hay dudas de por qué lo hizo, en mi opinión China le convenció para no hacerlo dándole a cambio la declaración de cuarentena en Wuhan, que también se dictó ese día.

-26 de enero: el director general de la OMS, el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus (nunca imaginé que sabría escribir ese nombre de memoria sin consultarlo), viaja a China para analizar la respuesta de ese país a la epidemia, y se reúne con el presidente Xi Jinping.

-30 de enero: en una segunda reunión del comité, se declara la emergencia internacional.

-5 de febrero: la OMS lanza una petición de ayuda internacional de 675 millones de dólares para financiar la investigación y la respuesta al coronavirus.

-11 de febrero: la OMS reúne en Ginebra a cientos de epidemiólogos, virólogos y otros expertos para analizar la enfermedad, sus medios de transmisión y posibles investigaciones de vacunas y tratamientos. Es entonces cuando los expertos bautizan a la enfermedad como COVID-19.

-16 de febrero: una misión de expertos de la OMS, liderada por el epidemiólogo Bruce Aylward (el mismo que un mes más tarde encabezaría un viaje similar a España) se desplaza a China para analizar durante ocho días la respuesta contra la epidemia.

-24 de febrero: con nuevos focos expandiéndose lejos de Asia Oriental, la OMS envía misiones a Italia e Irán, que entonces comenzaban a sufrir un peligroso aumento de los casos.

-28 de febrero: la OMS eleva a «muy alto», el máximo nivel, el riesgo de expansión global del coronavirus.

-11 de marzo: la organización declara que el COVID-19 es una pandemia global.

-13 de marzo: Tedros anuncia que Europa es el nuevo epicentro de la pandemia, un día antes de que se decrete el estado de alarma en España.

En fin, ya sé que desde Ginebra no parten las informaciones más divertidas del globo terráqueo, pero Trump no puede decir que la OMS no avisó. Por cierto, la organización elabora informes diarios de la pandemia y los publica aquí.

Respecto al último argumento de Trump, el de que la OMS desaconsejó a EEUU que cancelara todos los vuelos con China, ahí tiene razón en que seguramente tal cancelación habría frenado la expansión del virus, pero en realidad, a la vista de cómo ha evolucionado el número de casos en Estados Unidos, más bien parece que lo peor de la pandemia ha llegado a tierras estadounidenses desde Europa, donde la pandemia estaba alcanzando su cénit a mediados de marzo, mientras que en EEUU la fase más virulenta ha sido a finales del pasado mes o lo está siendo ahora, a principios de abril.

Seamos justos y digamos que no sólo Trump está criticando a la OMS, también medios de comunicación e incluso expertos médicos se han quejado de la gestión de esta organización. De todos modos, es fácil hacer estas cosas a posteriori: de hecho, estoy convencido de que en mayo sabremos que algunas cosas que estamos haciendo en abril no están bien hechas, pero ¿cómo podemos saberlo ahora?

Esta caricatura del doctor Tedros circula ampliamente por Twitter (yo la he visto especialmente entre ultranacionalistas hongkoneses, siempre tan simpáticos ellos). También circula el bulo de que no es médico (cuando es epidemiólogo y experto en malaria) y en una radio española oí a un famoso locutor el indecente comentario de que cómo podía un etíope liderar la OMS.

No olvidemos, poniéndonos en la piel de la OMS en enero, que esta misma organización arrastraba fama de «alarmista» por su gestión de la anterior pandemia que hubo, la de gripe A en 2009. En aquel entonces, liderada por otra supuesta «prochina» (la hongkonesa Margaret Chan) se acusó a la organización de inventarse la amenaza, de obligar a los gobiernos a comprar millones de vacunas… por cierto, aquella «amenaza inventada», aunque no generó la alarma social que el actual COVID-19, contagió según modelos matemáticos hechos posteriormente a 1.200 millones de personas, la quinta parte de la población mundial, y causó entre 175.000 y 500.000 muertos. Vamos, que con las crisis sanitarias o te pasas o no llegas, la perfección es imposible.

Tampoco voy a decir ahora que la OMS es perfecta. En mi opinión, en la actual crisis sanitaria sigue demasiado centrada en los países en desarrollo, diciendo que hay que preocuparse sobre todo por ellos, cuando da la impresión (igual me equivoco, porque no soy epidemiólogo) de que en esos lugares la pandemia no va a causar tanto daño como en los países desarrollados, porque su pirámide demográfica es más joven, y porque el clima tropical posiblemente ayude a que se expanda más lentamente el coronavirus. Pero una vez más, quizá dentro de poco la realidad me vuelva a mostrar que estoy equivocado… tampoco imaginé hace dos meses que ese coronavirus que estaba poniendo patas arriba a China sembraría aún mayor caos en España, ni siquiera oyendo día tras día los avisos de la OMS.

La OMS además ha titubeado en algunos puntos, como la famosa polémica sobre si es malo o no tomar ibuprofeno estando enfermo de COVID-19 (aún no acabo de saber cuál es la posición oficial del organismo) o el tan repetido asunto de las mascarillas, que en Asia se llevan mucho más que en Occidente (ya antes de la pandemia, en el caso chino por la contaminación) y que la organización se resiste a recomendar para uso generalizado. Me parece a mí que lo hace para proteger a médicos y enfermeras, que a fin de cuentas son sus soldados: en el fondo sería bueno que todos lleváramos mascarillas, pero en muchos países que no las producen ello produciría carestía de ellas en los centros médicos (ya la hay, de hecho) y aumentaría los contagios de personal sanitario, por lo que se está haciendo con nosotros una especie de «triaje», es decir, que cuando falta un equipamiento se le da a quien en teoría más lo necesita.

Por último, considero un error la sorprendente declaración que el doctor Tedros hizo ayer, cuando por sorpresa dijo que estaba recibiendo desde hace meses amenazas de muerte y ataques verbales, y que alguno había procedido de Taiwán, con apoyo (o al menos sin condena) del gobierno de esa isla. Incluso si fuera verdad, Tedros no debería meterse en esa camisa de once varas: eso sí puede ser usado por Estados Unidos para acusarle de prochino, dado que China está enfrentada a Taiwán desde hace 70 años.

El mal vino entre la OMS y Taiwán es anterior a la pandemia, y se debe, irónicamente, a que esa organización es la que más se ha acercado a la isla en los últimos años de entre todas las agencias de Naciones Unidas. Con la idea de que no se puede dejar sin coordinación sanitaria a los taiwaneses, la OMS permitió durante años que Taiwán, sin ser miembro del organismo por oposición china a que la isla sea miembro de la ONU, pudiera sin embargo participar en la importante Asamblea General que la OMS celebra cada año. Pese a ello, en los últimos años, y coincidiendo con el empeoramiento de lazos entre Pekín y Taipei (por la llegada a la presidencia taiwanesa de Tsai Ing-wen) la OMS, presionada seguramente por China, ya no ha dejado a Taiwán estar en esa asamblea, lo que seguramente ha sido uno de los detonantes de que muchos en Taiwán estén tan cabreados como para lanzar insultos contra el doctor Tedros.

Protesta reclamando acceso de Taiwán a la OMS.

Tedros, sin embargo, no debería haber entrado al trapo: sí, estará cansado de ataques y amenazas, pero debe saber que ante este maldito coronavirus, todo gestor político de la crisis, también presidentes y primeros ministros, es el blanco de la ira de muchos, buscando responsables aunque sea difícil hallarlos cuando el verdadero asesino es un ser microscópico y casi invisible.

En el fondo todos sabemos que a cualquier ser humano, por listo que sea, responder esta catástrofe le viene muy grande y lo hará con errores, cambios de táctica y temor a equivocarse.

2 Comentarios

  1. Evidentemente, en el mundo existen tantas enfermedades que controlarlas a todas es impensable, pero hoy existen tantos medios de control y de alarma que resulta «cabreante» que se desoigan noticias provenientes de especialistas muy respetados a nivel mundial anunciando catástrofes. La globalización no respeta fronteras y eso hay que grabárnoslo a fuego en nuestras mentes. De la misma forma que si se hacen mal las cosas nos pasarán factura tarde o temprano… Simplificando para que se entienda: construir en lugares en donde antes circulaba un río o deseembocaba el agua de las tormentas provoca que un día haya una desgracia… En el Pirineo aragonés lo sabemos, ¿verdad?. Y sucede hoy lo mismo en cualquier punto de España. Y cuando suceda nos llevaremos las manos a la cabeza…
    Cuando la OMS alerta de algo, por mucho que a veces nos quejemos los mismos médicos de que sean alarmistas, al menos oigámoslos y luego reflexionemos.
    A Trump, hacer caso omiso de estos avisos podría costarle su reelección…

    • Está claro que a todos los gobiernos les va a pasar factura, lo que a mí me parece es que en todos esos países, gobernando la oposición, hubiera pasado seguramente lo mismo.

      Creo que el fallo de todos, yo incluido, fue pensar que esto era un problema asiático, y que no llegaría a Occidente. Que en el siglo XXI no podíamos tener otra pandemia como la de la gripe de 1918. Está claro que nos equivocamos, y que tendremos que aprender de esto para el futuro.

      Eso sí, la tecnología del siglo XXI nos está ayudando a sobrellevar el confinamiento bastante bien.

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