La variante que no es Xi

En los últimos días ha cundido en el mundo la alarma por una nueva variante del coronavirus causante de la COVID-19, detectada primero en Sudáfrica, y que ha sido bautizada por la OMS como variante ómicron. Muchos países han cancelado todos los vuelos con África del Sur, las bolsas han caído en coincidencia con el black friday (que nunca tuvo un nombre más adecuado) y comienzan a gotear los casos de ómicron en distintos países. Parece que es más contagiosa que las variantes anteriores, pero no hay que dejarse llevar por el pánico: muchos de los casos de ómicron detectados parecen ser de gente que desarrolla síntomas moderados o leves. En todo caso, es recomendable seguir tomando precauciones, incluida la de llevar mascarilla y la de no ir mucho a lugares concurridos.

Quiero traer este tema hoy al blog no por contar lo más importante de la semana, sino por hablar de la curiosa decisión que la OMS ha tomado a la hora de bautizar esta variante como ómicron.

Recordemos, para empezar, que el coronavirus causante de la COVID-19 va cambiando su estructura de vez en cuando, al igual que lo hacen otros virus u otros seres vivos: es parte de la evolución. Cuando uno de estos cambios comienza a aparecer en muchos pacientes en un lugar, la OMS clasifica a la variante como «de interés» o «de preocupación» y le asigna una letra griega.

A la primera variante que se detectó desde que comenzara el sistema, en el Reino Unido, se la denominó «alfa». La segunda, en Sudáfrica, fue la «beta» y así sucesivamente. Muchas de estas variantes prácticamente han desaparecido porque se ha impuesto la que al parecer se muestra como más contagiosa de todas, la delta, que se detectó primero en la India hace cosa de un año.

Las banderas muestran dónde se descubrió primero cada una de las variantes por ahora definidas en la OMS como «de interés» o «de preocupación». Falta la última descubierta.

Aunque os he puesto esas banderas, la OMS prefiere que no se usen términos geográficos para referirse a estas variantes. Fue por ello que adoptó a principios de este año este sistema, cuando empezaron a circular en los medios expresiones como «variante británica», «mutación brasileña», etc. También con ese objetivo había bautizado un año antes la enfermedad como COVID-19, para evitar expresiones que habían proliferado hasta entonces tales como «coronavirus chino», «neumonía china», etc.

Como veis en las imágenes, ahora le tocaba a la OMS bautizar una nueva variante como nu, y la siguiente como xi. Sin embargo, la organización se ha saltado esas dos letras en el orden alfabético griego y ha pasado a ómicron. ¿Por qué?

«Ya sé kung-fu».

La misma OMS ha explicado este fin de semana en un comunicado que ha decidido prescindir de «nu» porque en inglés suena como «nuevo» (new) y puede generar confusión. En cuanto a «xi», y aquí es donde nos topamos con China, la OMS ha dicho que no la va a usar porque «es un apellido común» y es mejor no usarlo para evitar ofender a un grupo de personas.

Lo cierto es que Xi es, en efecto, un apellido chino (en realidad varios, con distintos caracteres y tonos). Sin embargo, ya es más discutible que se trate de apellidos comunes. En realidad, hay pocos chinos conocidos apellidados así, aunque uno de ellos, como sabéis, es muy famoso: el mismísimo presidente de China, Xi Jinping.

No es de extrañar por todo ello que algunos medios ya hayan puesto en sus titulares que la OMS se ha saltado la letra griega de marras para «no ofender al presidente chino», aunque la organización nunca lo dirá tan claramente.

En Wikipedia, tan útil ella, leo que el apellido del presidente sólo lo tiene el 0,01 por ciento de la población china, aunque en un país tan populoso eso ya son unas 140.000 personas, que bueno, es la misma cantidad de Ramírez que hay en España.

Aprovecho esta curiosa situación para recordar que los apellidos chinos son relativamente poco variados en relación con los que se usan en otras culturas. Los apellidos más comunes en China son Wang, Li y Zhang: de cada uno de ellos hay unos 90 millones de personas.

2 Comentarios

  1. Pues también, aparte de esta causa, al ver la palabra NEO, se me ha ocurrido que se saltan las dos primeras letras porque Neo recuerda al personaje de la película de «Matrix». Y ya hay gente fan de este concepto que dicen que vivimos en un Matrix, que ahora con lo de la pandemia dicen que es razón de más de que vivimos en ese mundo paralelo.Como hay mucho conspiraónico por ahí, igual no han querido seguir con estas dos letras. !!! Chi lo sa¡¡¡.

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