La venganza es un plato que se sirve chino

Dice la leyenda que cuando Chiang Kai-shek -perdedor en la guerra civil contra Mao Zedong- viajaba en el barco que le llevaba por el Estrecho de Formosa hacia la isla de Taiwán, dijo a sus hombres consciente de que no volvería nunca a China: «No os preocupéis, dentro de seis décadas les ganaremos al baloncesto».

La selección china de baloncesto, único deporte de equipo masculino en el que China puede decir que es la gran dominadora de Asia (ha ganado 15 de los últimos 20 campeonatos disputados) perdió el pasado viernes, por primera vez en su historia (¡primera!), ante Taiwán, algo que podría compararse a que España perdiera con Gibraltar, ahora que el Peñón está de actualidad y ya tiene selección propia de fútbol.

El partido fue además muy dramático, porque en la primera mitad China parecía muy cómoda, llegando a ganar de 17 puntos… Al parecer los locutores de la tele china en esos momentos hasta bromeaban diciendo que el partido era como ver a un hermano mayor jugando con su hermano pequeño. Pues oye, tras el descanso el hermano pequeño se puso las pilas, empezó a remontar e incluso a apabullar a China, y acabó ganando de 18 puntos (96-78). Si España tiene su «angolazo» (el de Barcelona 1992) y su «chinazo» (cuando los chinos ganaron a los españoles en el Mundial de 1994), posiblemente los chinos recordarán este «taiwanazo» durante mucho tiempo.

La derrota dejó a China fuera de las semifinales del torneo (que hoy ganó Irán) y sin plaza de acceso directo al Mundial de España 2014, pues sólo lo conseguían las tres primeras clasificadas (Taiwán tampoco lo ha conseguido, porque al final ha sido cuarta). Queda la opción de que la FIBA invite a los chinos, pues la federación internacional se reserva cuatro plazas para elegir a dedo los que las ocuparán. Aunque no creo que escoja a más de un equipo asiático, y en caso de escoger uno de Asia, igual lo lógico sería invitar a los taiwaneses, que son los que se han quedado a las puertas de plaza directa.

La estrella de Taiwán es este señor, Quincy Davis, nacido en EEUU y ciudadano de la isla desde el mes pasado (una operación Juanito Muhlegg, vamos).

China además estrenaba en el campeonato asiático a un entrenador de relumbrón, el gran ex jugador griego Panagiotis Giannakis, pero da la impresión de que va a acabar siendo una versión baloncestística de Camacho para los chinos.

La victoria ha sido muy celebrada en Taiwán, donde los medios la han calificado de histórica. El baloncesto taiwanés no recordaba momentos tan gloriosos casi desde los años 50, en que llegó a jugar los primeros Mundiales del deporte, quedando quinto en el de 1954 y cuarto en el de 1959. Ese torneo lo debería haber ganado la Unión Soviética, que tuvo más puntos que nadie, pero como se negó a jugar con Taiwán porque apoyaba políticamente a China, quedó descalificada (y a Taiwán también le benefició, quedó en mejores puestos de lo que le correspondía por resultados).

En la isla la victoria del pasado viernes puede ayudar a mejorar el sentimiento de identidad deportiva, ante los temores de que los mejores deportistas taiwaneses emigren en el futuro a China, donde el deporte está más profesionalizado y mejor pagado. Estos temores han surgido especialmente este verano, a raíz de que una tenista china (Peng Shuai) y una taiwanesa (Hsieh Su-wei) hicieran también historia ganando el torneo de dobles de Wimbledon. Poco después de la victoria Hsieh anunciaba que iba a mudarse a China para entrenar allí, y muchos taiwaneses (especialmente los más independentistas) se han mesado los cabellos.

El fin de semana ha tenido en otro deporte también una revancha en la que China ha estado implicada, aunque esta vez para bien de este país: ha sido en bádminton, donde la pareja china que fue descalificada en Londres 2012 por dejarse ganar (Wang Xiaoli y Yu Yang) ha conseguido el oro en el dobles femenino.

Ha sido el triunfo más sentido del Mundial, las dos han llorado de alegría, aunque el torneo en realidad ha sido un poco agridulce para China, que en los dos pasados (y en los JJOO) logró todos los cinco oros en juego, mientras que en esta ocasión, y jugando en casa (en Cantón), se ha tenido que conformar con sólo dos, por culpa de Indonesia y Tailandia.

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